México no pudo tener un cierre soñado en la Copa del Mundo de Tiro con Arco, realizada en Puebla.

Matías Grande, el último arquero en competir y luchar por una presea, cayó en el duelo por la medalla de bronce ante el turco Mate Gazoz, campeón olímpico y uno de los rivales más temidos del circuito (7-3).

Al pie de la majestuosa Catedral, Grande demostró que su tercera posición en el ranking mundial de arco recurvo no era fruto de la casualidad, sino de años de disciplina y constancia. Frente a Gazoz, el mexicano peleó con determinación y dejó en claro que su nivel lo coloca dentro de la élite.

Su camino fue exigente desde la semifinal, en la que enfrentó al estadounidense Brady Ellison, número dos del mundo, quien finalmente se quedó con el oro.

Con la ilusión intacta, el arquero mexicano regresó al campo para disputar el bronce, pero se topó con una actuación soberbia del turco, quien tras perder el primer set encontró la precisión necesaria para tomar ventaja y mantenerla hasta el final.

Ni la presión ni el aliento del público local lograron revertir el destino. La última flecha de Grande quedó corta para alcanzar al rival, sellando así la derrota. Sin embargo, lejos de rendirse, el arquero agradeció el respaldo de la afición.

“Llegué preparado, la verdad sí quería llevarme el oro, me enfrenté a lo mejor de lo mejor y eso fue clave. Aún queda tiempo para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, y estoy seguro de que tendré revancha. Quiero agradecer el apoyo de la gente, me ayudó mucho”, dijo.

Con esas tres preseas de bronce, México reafirmó su lugar entre las potencias del tiro con arco mundial.

Los equipos de compuesto mostraron solidez y trabajo colectivo, mientras que el conjunto femenil de recurvo dejó claro que la renovación generacional trae buenos resultados.— EL UNIVERSAL

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