El diácono Omar Buenfil Guillermo bendice imágenes y el agua que llevaron los asistentes a la misa, ayer, en la parroquia de la Divina Misericordia
El diácono Omar Buenfil Guillermo bendice imágenes y el agua que llevaron los asistentes a la misa, ayer, en la parroquia de la Divina Misericordia

En un ambiente de solemnidad, la parroquia de la Divina Misericordia vivió su misa patronal en el marco de la Octava de Pascua, celebración que reunió a una multitud de fieles tanto en el interior del templo como en sus alrededores, donde fue necesario habilitar sillas y bocinas para permitir a todos participar de la Eucaristía de ayer.

La celebración fue presidida por el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, una liturgia enmarcada por la devoción. Desde el inicio, el canto de entrada envolvió el recinto en un mismo clamor: “¡Jesús, en ti confío, Divina Misericordia, en ti confío!”, resonando en voces de fe en la casa de Dios.

Como parte de los ritos iniciales, se llevó al cabo la bendición del agua, la cual fue posteriormente asperjada sobre los presentes, evocando el bautismo y la renovación espiritual. En sus palabras de bienvenida, el prelado recordó que, por la resurrección de Cristo, los fieles han sido llamados a una vida nueva, invitándolos a renovar la gracia recibida en el bautismo mediante este signo sacramental.

El Evangelio fue proclamado por el diácono Omar Buenfil Guillermo, quien dio voz al pasaje en el que Jesús resucitado se aparece a sus discípulos y ofrece la paz, destacando el momento en que Tomás reconoce a Cristo con la expresión “Señor mío y Dios mío”, subrayando la bienaventuranza de quienes creen sin haber visto.

Durante la homilía, monseñor Rodríguez Vega centró su mensaje en el significado de la Pascua y la Divina Misericordia, subrayando que la resurrección no sólo es motivo de gozo, sino también un llamado a vivir la fe a través del perdón y la construcción de la paz. Recordó que Cristo no recriminó a sus discípulos su abandono, sino que les ofreció la paz, gesto que definió como esencia del mensaje cristiano.

El Arzobispo hizo un llamado a extender esta paz más allá del entorno inmediato, invitando a orar no sólo por México o Yucatán, sino por los pueblos que enfrentan conflictos, especialmente en Medio Oriente. Retomando el mensaje del Papa, señaló que la guerra nace de la soberbia y el egoísmo, y exhortó a los fieles a ser constructores de misericordia, condición indispensable para alcanzar la paz.

La celebración continuó en un clima respetuoso y se tornó en visible alegría durante el rito de la paz, cuando los fieles, así como los celebrantes, intercambiaron saludos con entusiasmo fraterno. Más adelante, durante la comunión, largas filas se formaron como ríos silenciosos que avanzaban hacia el altar para recibir el Cuerpo de Cristo hecho pan, en uno de los momentos más significativos de la liturgia.

El párroco Federico Noh Euán oró por la unidad de la Iglesia, la paz en el mundo, así como por necesidades particulares, acciones de gracias, aniversarios y la memoria de los fieles difuntos.

Asimismo, se destacó la presencia de la imagen de la Divina Misericordia, que acompañó la celebración como signo visible de la devoción que da identidad a esta comunidad parroquial.

Al concluir la Eucaristía, la comunidad continuó conviviendo en el exterior del templo donde había una kermés.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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