HECHOS
En este artículo me referiré a hechos, a movimientos sociales que aparecen en la historia y que son evidentemente percibidos, aunque no tan fácilmente relacionados de manera congruente por algunos y otros no quieren admitir esa relación de manera intencionada.
LA NO-REELECCIÓN
El principio fundamental de la revolución social que inició Francisco I. Madero en 1910 fue el de la no-reelección y que constituye un hecho toral en nuestra historia.
La Constitución de 1917 formalizó jurídica y políticamente este principio, a efecto de que ningún presidente pudiera reelegirse y para que no se volviera a dar la continuidad de una persona en el cargo presidencial. No más reelecciones como las de Santa Anna, Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz.
En el período revolucionario sólo se dio la reelección de Álvaro Obregón mediante una reforma constitucional efectuada en el gobierno de Plutarco Elías Calles, pero que terminó con el asesinato de Obregón, antes de haber asumido la presidencia.
Menciono también la continuidad del poder, no de derecho sino de hecho, con el llamado Maximato, en el que gobernaba era el jefe Máximo de la Revolución, el Gral. Calles, a través de los presidentes Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez. Intentó después Calles continuar en el poder con el presidente Lázaro Cárdenas, pero éste, con hábiles movimientos políticos, fue mermando la influencia callista hasta que, finalmente, logró expulsarlo del país.
En adelante ya no hubo más reelecciones personales, aunque sí se dio la continuidad del partido oficial (PRI), hasta que, comenzando el nuevo siglo, se inició la alternancia en el poder y con ello nuestro país pareció avanzar en su desarrollo democrático y en una mayor participación de la ciudadanía en los asuntos políticos de la República. Todo esto constituye otro hecho histórico.
ACEPTACIÓN DE LA NO-REELECCIÓN
Actualmente a nadie se le ocurriría sensatamente cambiar la Constitución, como se hizo en otros tiempos para permitir la reelección presidencial, porque se considera como una regresión política, como un giro a la historia para volver al siglo XIX.
Asimismo, consideramos conveniente para la democracia el hecho de la alternancia, esto es, la rotación que permite el acceso de distintos partidos al poder.
La historia, que debe ser la maestra de la vida, enseña que no es sano para la vida democrática ni la reelección abierta ni la reelección disfrazada como la de Calles, ni el sistema de partido único ni de partido hegemónico que se perpetúe en el poder. No-reelección y alternancia son los principios que fortalecen y consolidan a una verdadera democracia.
LAS DICTADURAS
La historia reciente muestra que, en algunas lamentables ocasiones, un gobernante que llega al poder democráticamente con el voto popular, comienza a debilitar y desmantelar las instituciones democráticas, a hostigar y reprimir a la oposición, a fomentar el populismo, a repetir los actos de autoritarismo en contra del estado de derecho y a hacer cambios constitucionales para abrir camino a la reelección y se empeña en seguir el proceso para la instauración de la dictadura. Y el que detenta el poder llegó para quedarse.
Y se queda porque se considera indispensable, es el salvador del pueblo, el que lo interpreta y lo sirve, es un iluminado, y los que no están de acuerdo con su pensamiento y su forma de hacer política, o son unos necios o son enemigos del pueblo.
La dictadura no es exclusiva de una sola ideología. En verdad, no importa qué ideología se profese; lo que importa es quedarse en el poder y concentrar más poder.
Dictaduras como la del Führer nazi, la del Duce Mussolini, la del caudillo español, la de Stalin, la de Pinochet, la de Videla y la Junta Militar Argentina, la de Castro, la de Nicaragua, la de Venezuela, etc. Distintas ideologías, pero una misma base común: la continuidad en el poder y el autoritarismo. ¿Cuántos años han durado los dictadores en el poder? Muchos años, hasta que terminan violentamente o hasta su muerte.
CONTRADICCIÓN
Por último, puntualizo el hecho de la contradicción. Si los mexicanos celebramos festivamente cada año el aniversario de nuestra Revolución (20 de noviembre) y la consideramos un hecho tan importante que de ella parte nuestra vida moderna como nación y la apertura a un esfuerzo constante de más justicia, igualdad y democracia, y si todo el sistema político implica la vigencia del principio de no-reelección como su misma razón de ser, entonces resulta una contradicción que algunos mexicanos se conviertan en apologistas de dictaduras como las que existen en algunos países hispanoamericanos, las celebren, las admiren y en el colmo de la osadía se atrevan a ponerlas como ejemplos.
A eso aludo cuando me refiero a lo de la contradicción.— Mérida, Yucatán.
Consejero del Organismo Promotor de Instituciones para la Democracia, A.C. (PRODEM). Presidente de Laicos Unidos para el Bien Común (LUBIC)
