Jesús Retana Vivanco publicidad Retana
Jesús Retana Vivanco, autor de 'El estanque de los cocodrilos'

¿Cuándo viene el técnico? Con la idea firme de escribir algo sobre las Olimpiadas, me enfrento a una cuestión doméstica que comienza con una promesa que dice: “Sin falta, mañana voy para revisar su lavadora”, pero pueden pasar varios o muchos días y ese mañana no llega.

La vida está llena de simplicidades y de falsas promesas como la de este técnico que sin  mediar nada se toma una semana para pasar a ver qué le duele a la lavadora, hasta que finalmente aparece el sábado con la novedad de que hay que hacerle el cambio de una tarjeta electrónica que cuesta siete mil pesos.

Estoy cansado, agobiado que sucedan estas cosas tan absurdas pero reales y cotidianas. Ahora, ¿de qué escribo?… sobre las Olimpiadas o mi desventura con la lavadora; bueno, mejor termino este tema y sigo.

Parte de mi vida

Conviene mejor comprar rápido la lavadora, dice mi esposa, ahora que la tienda que es parte de mi vida está de ofertas. Pues ahí vamos a la Isla para darle gusto al plástico y pagar a 9 meses sin intereses. El vendedor me mira asombrado, ya que sin escudriñar marcas le digo: “Deme ésta que es de la misma marca de la que me duró 10 años y de paso también la secadora, porque el óxido se deja ver como un cáncer y pronto dejará de funcionar”.

Termina el papeleo y nuevamente escucho la cantaleta de la espera: “La entrega está programada para dentro de diez días”, dicho como un ritual por parte de quien nos atiende.

Sigue la suma de los días sin ropa lavada.

Finalmente llega el feliz día de tener en casa la lavadora y la secadora, ¡aaah! pero el técnico que detectó la falla me recuerda que hay que cambiarle la espréa de gas a la secadora porque vienen para gas natural y no para gas LP. Acto seguido hablo a los que ya son parte de mi vida, aunque un poco decepcionado y les pregunto para cuándo.

–Le van a mandar un mensaje a su teléfono para avisarle cuándo le cambian la esprea –dice el hombre de la tienda.

–¿Cuántos días más, dígame? 

–Tres a cuatro días.

Al teclear este editorial, llevo 19 días desde que se descompuso la máquina que lava y aún no está instalada.

Llega la flama olímpica

Cambiemos el tema.

Me llegaron unos videos del arribo de la flama olímpica a París donde se celebrarán las próximas Olimpiadas y la verdad no entendí de qué se trataba. Un desfile de 9 caballos donde unos los iban montando y otros no; en la parte de atrás un soldado, o algo parecido, llevaba la antorcha, los caballos seguían haciendo toda clase de suertes hasta descubrir los 5 aros olímpicos en un piso lleno de su propio excremento.

La presencia del presidente de Francia, Emmanuel Macron, enmarcó esta descolorida ceremonia donde el caballo fue protagónico con el jinete de la antorcha. Ya para el final aparecieron cinco filas de hombres vestidos de los colores olímpicos colocándose en los aros señalados en el piso. Apareció –yo creo– una atleta con otra antorcha similar a la que le pasan la flama; se escuchan algunos aplausos en un día nublado.

La antorcha es llevada caminando por esta atleta acompañada de otras vestidas de blanco. Cierran con unas largas telas con los colores de la bandera de Francia y un escudo muy raro estampado en una lona.

Si bien Francia celebraba el 14 de julio la Toma de la Bastilla, se juntó con la flama y como decía la abuela, se armó un arroz con mango que al menos yo, no entendí.

Flama triste

He visto por lo menos unos 5 arribos de la flama olímpica pero nada tan triste y fuera de tono en una justa olímpica como ésta de los franceses, donde lo mejor fue la orquesta y los coros. En fin, creo que quisieron ahorrar o definitivamente faltó mucha creatividad en algo que millones de televidentes estaban atentos, la llegada del fuego que dará inicio a la justa deportiva.

Por lo pronto yo sigo esperando la llegada, pero del técnico de la lavadora.— Mérida, Yucatán, 22 de julio de 2024

X (antes Twitter): @ydesdelabarrera

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