Rodrigo Llanes Salazar (*)

En este período vacacional, hago una pausa de los escritos sobre política para recomendar una de las mejores películas que he visto en los últimos meses. Se trata de “Días perfectos”, una peculiar producción japonesa dirigida por el cineasta alemán Wim Wenders, estrenada el año pasado.

La trama de la película es aparentemente muy simple. Sigue la rutina de Hirayama, un señor que se dedica a la limpieza de los tecnológicamente innovadores baños públicos de la empresa Tokyo Toilet en el lujoso barrio de Shibuya.

Wenders es un maestro en filmar viajes. Recuérdense su “trilogía de la carretera”, “Paris, Texas” o los recorridos urbanos que hacen los ángeles en su magistral película “El cielo sobre Berlín”.

Si en “El cielo sobre Berlín” los ángeles se maravillan por los aspectos más ordinarios de la vida cotidiana de Berlín en la década de los ochenta, en “Días perfectos” recorremos distintas partes de Tokio a partir de la encantadora mirada de Hirayama.

Tanto cuando trabaja limpiando los baños públicos, labor que hace con una apasionada dedicación, como cuando descansa y toma fotografías de los árboles de un parque. Particularmente fotografías de komorebi, palabra japonesa que se refiere a la composición entre luz del sol y hojas de los árboles, la cual siempre es única.

Como fotógrafo de komorebi, Hirayama también captura el encanto de muchos otros instantes, desde levantarse y tomar un café de máquina hasta seleccionar el casete que escuchará en sus trayectos laborales.

Que Hirayama escuche música en casetes es un elemento importante en la película. Los comentarios y críticas de la película han enfatizado que Hirayama es un adulto que vive solo, en un mundo prácticamente analógico. Casi nunca lo vemos con su teléfono móvil. Más bien, lo apreciamos en su hogar leyendo libros impresos —entre ellos de Faulkner—, tomando fotografías analógicas y escuchando música en cintas.

Entre los pocos diálogos de la película, encontramos uno entre Hirayama y su joven compañero de trabajo, quien le informa que “lo analógico está de vuelta” y que el valor de los casetes está subiendo (la conversación tiene lugar porque el joven colega está buscando dinero para una cita con su novia y anima a su colega mayor a vender sus cintas).

En otro diálogo, Hirayama, su compañero y su novia se trasladan en la camioneta de Hirayama, escuchando una cinta de Patti Smith, cuando la novia pregunta si la música está en Spotify, a lo que Hirayama pregunta dónde está esa tienda.

Como en otras películas de Wenders, la música juega un papel importante, y en los casetes de Hirayama escuchamos principalmente rock en inglés de los sesenta y los setenta: The Animals, The Velvet Underground y Lou Reed (el título de la película alude precisamente a una de las canciones más famosas de Reed, “Perfect Day”), Patti Smith, The Rolling Stones, The Kinks, Van Morrison, Nina Simone.

Sobre la música que escucha Hirayama, Wenders ha declarado que el protagonista “tal vez se está aferrando al pasado. Pero también se aferra un poco a su juventud y le encanta esa música. Elige en las mañanas exactamente lo que va a escuchar ese día y no es al azar”.

Pero es importante advertir que Hirayama no es un viejo cascarrabias atrapado en el pasado, sino que, como expresa en uno de sus pocos diálogos, está dedicado al presente, abierto a las juventudes, como la de su colega y la de su joven sobrina, Niko, quien lo visita tras escaparse de su casa.

De hecho, es gracias a la visita de Niko que tenemos un atisbo del pasado de Hirayama. Cuando la hermana de Hirayama va a buscar a Niko, la vemos bajar de un auto lujoso y hablar sobre su padre enfermo. También le pregunta a su hermano, “¿en serio te dedicas a limpiar baños?” Es prácticamente todo lo que tenemos sobre la historia de Hirayama, pero podemos hacernos una idea.

Resulta interesante que “Días perfectos” haya nacido de una invitación que hizo la compañía de baños Tokio Toilet para que Wenders hiciera algún cortometraje sobre estos novedosos baños, que se diseñaron y produjeron para las Olimpiadas de Tokyo, las cuales tuvieron que reprogramarse debido a la pandemia de Covid 19. Los juegos olímpicos japoneses se celebraron de manera inédita prácticamente sin público, una de las tantas situaciones extraordinarias que vivimos como humanidad durante la pandemia.

Wenders filmó “Días perfectos” en la pospandemia, en 17 días a finales de 2022. Después de meses —años, para algunas personas— de confinamiento y “distancia social”, de “sanitización” constante, de inmersión en las pantallas digitales, Wenders nos ofrece una película sobre un adulto solitario que limpia, con una dedicación atenta a los detalles, baños públicos pensados para un evento global trastocado por la pandemia, y que, lejos de las pantallas y las redes, se entrega al presente y a los medios analógicos.

La actuación de Koji Yakusho como Hirayama es extraordinaria: casi sin hablar logra transmitir muchísimo y por su actuación ya ha recibido diversos premios a mejor actor, incluyendo el de Cannes.

Sin embargo, pienso que Wenders tampoco idealiza ingenuamente la rutina solitaria y analógica de Hirayama. Recordemos que frecuentemente se habla de “Kodokushi”, la “muerte solitaria” en Japón, y que este país ya tiene un “ministro de la soledad”. Precisamente, la escena final, con la potente canción “Feeling good” interpretada por Nina Simone como banda sonora, aborda esa tensión entre la felicidad plena de poder vivir y abrazar el presente, y la desgarradora soledad.

Posdata. Otras dos recomendaciones: “Anatomía de un instante”, de Justine Triet, uno de los mejores dramas judiciales recientes y que también hace una brillante autopsia de una relación de pareja, y “Monster”, de Hirokazu Kore’eda, que no es una película de terror, sino una interesante reconstrucción de una estremecedora relación entre dos niños.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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