Una de las famosas frases de este sexenio ha sido “el pueblo sabio y bueno decidirá pues siempre tiene la razón”, lo cual nos hace reflexionar que lo anterior sería magnífico, pero ¿es verdad?
Empecemos por comentar quiénes fueron los que hicieron las leyes. La Constitución Política en nuestro país es una maravilla, pues fue diseñada por gente muy preparada en el tema, pero dirigida a la gente culta o estudiada.
La misma ley dice que la ignorancia no te exime de su cumplimiento.
El país es heterogéneo en etnias, razas, dialectos, usos y costumbres, etc. El porcentaje de gente del ámbito rural o que vive en lugares inhóspitos con falta de comunicación es mucho.
Entonces resulta que cultos hacen leyes para cultos e incultos (que son muchos) y el producto obtenido podría ser que si la mayoría está formada por neófitos o ignorantes de la ley estarían, sin saberlo o tener premeditación alguna, en peligro de ser condenados a la sentencia o pena impuesta por un juez o autoridad alguna o, lo que es peor, a la fría cárcel por cometer una falta o un crimen que ni idea tenían de que era ilegal.
Según el Inegi, durante los últimos 50 años el porcentaje de personas analfabetas de 15 y más años ha decrecido de 25.8% en 1970 a 4.7% en 2020, lo que equivale a 4.456,431 personas que no saben leer ni escribir.
En un país de poco más de 125 millones de habitantes un porcentaje de ese tamaño de analfabetas que podrían infringir la ley y ser hasta encarcelados por total desconocimiento o ignorancia solo nos dice una cosa: no son unos cuantos, pues son millones.
Existen muchas zonas donde el salvajismo, la ley del más fuerte, o los usos y costumbres predominan. Entonces, ¿el pueblo es sabio?
México en 2022 ocupaba el lugar número 13 por el volumen de su PIB, pero no el que sabrosamente se elabora en Yucatán en época de difuntos sino el Producto Interno Bruto, pero es alarmante de que existan noticias de que los habitantes de algún poblado o comunidad linchen por error a personas, inclusive a policías o agentes de la ley, o a reporteros, pues los confunden por tomar fotografías con secuestradores de niños o coloquialmente llamados “roba chicos”.
Por otro lado, individuos de poca o escasa preparación como “El Mochaorejas” y mucha gente de un estrato social y educativo bajo, como “El Pozolero”, que cocinan o desmembran a alguien, por una módica suma de algún malhechor o malandrín, como si fueran pollos debidamente desarticulados y cortados como los expertos de un rastro TIF.
En Mérida la marcha feminista acaba en actos vandálicos, incendios y pintas inclusive profanas para algunos edificios de culto religioso como la iglesia Catedral. Y ningún detenido.
¿Entonces el pueblo es bueno?
Actualmente muchos de los habitantes del país (no la mayoría) día a día hablamos de política (qué bueno pues años antes para nada) sin saber ni jota de “la jugada”. ¿Sabes quién es tu diputado estatal? ¿Y el federal? ¿Sabes cuál es la función de un regidor? ¿De un diputado estatal? ¿De un diputado federal? ¿Cuántos senadores y diputados federales hay en el estado? Y ¿Cuántos hay en sus respectivas cámaras? ¿Sabes si hay diferencia entre un referéndum o un plebiscito o en una consulta popular?
¿Y los plurinominales legislativos que tanto queremos exterminar sabemos para qué se inventaron? Si no sabemos la mitad de lo anteriormente mencionado, no sabemos nada de política y lo que creeemos saber es más cercano a tener el efecto de moda denominado efecto Dunning Kruger.
Lo que “creemos” saber son solo chismes y pláticas con otros pares igualmente impreparados o bien una información considerada tan válida y tan fidedigna como la que nos proporciona el vecino o “el chinero del Estadio” (con todo respeto a tan sabroso oficio), lo cual equivale a una deducción tomando como base una premisa falsa o bien, para aclarar, una mala información de base, la cual puede ser producida por un ente que probablemente tiene un fin específico al darte noticias falsas, tendenciosas o erróneas que nos hacen llegar a conclusiones totalmente equivocadas, buscando manipular nuestro pensamiento con algún interés o por lo general manipulador o malevolo.
Y nos convencen tanto que creemos tener la razón al estar convencidos.
Y muchos de los que están en este segmento de desconocimiento de lo anteriormente mencionado o como coloquialmente se dice, “a los que les viene el saco”, son profesionistas, o individuos de aceptable preparación educativa o académica. ¿Y el grueso ignorante de la población?
Si el pueblo no es sabio, ni es bueno ni sabe de política: ¿Qué futuro nos espera con ordenamientos generales diseñados para gente preparada?
El camino para avanzar hacia un país desarrollado y se pueda decir que el pueblo es bueno y sabio podría ser realizar una reforma educativa en la que no se enseñe a leer y memorizar como loros si no que se enseñe a valorar la información y obtener más que dirija a pensar y reflexionar a jóvenes y adultos. Al día de hoy no se ha logrado.
El pueblo no puede decidir solo, requiere de apoyo para hacerlo.
P. D. Esto tiene un nombre y se llama México y la ignorancia. Al tiempo.— Chicxulub, Yucatán.
condeval1@hotmail.com
Ingeniero, valuador, Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas.
