Fernando Ojeda Llanes (*)
Mis recuerdos de años me hacen ver a la Mérida anterior, cuando desde el aire, mirando por la ventanilla del avión, se veía la ciudad con los techos de las casas blancos y el verdor de los árboles que a cada una de éstas las rodeaban.
En aquellas épocas, los techos de las casas estaban limpios y listos para recibir el agua de las lluvias que se almacenaban en los llamados aljibes —hoy cisternas— y que nos servía para beber; incluso en los pueblos se usaba el agua de pozo extraída con aquellas hermosas veletas que eran impulsadas por el viento, tenían sus propias aletas para dirigir la corriente del aire hacia sus aspas, hasta de niños teníamos como travesura subir a ella en su escalera formada por pequeñas barras de metal.
Llegó a nuestra ciudad el agua potable, pero seguro saben que muchos años antes fue el bello pueblo de Teabo el que tuvo el primer sistema de agua potable; para mi es un orgullo personal porque un tío, hermano de mi madre: Elmer Llanes Marín, fue quien tuvo la iniciativa y consiguió el financiamiento para tan loable obra.
Como por añadidura a lo de Teabo, el agua potable se inicia en Mérida en el año 1961/1963 construido por un extraordinario consorcio de ingenieros yucatecos que constituyeron la empresa con razón social Asociación de Contratistas de Yucatán, S.A de C.V, cuyo presidente fue el Ing. Ulises González Torre y en donde tuve el gusto de ser el contador general. Esta compañía se dedicó a construir la línea de conducción y los pozos respectivos. En aquella época el agua estaba tan purificada que se bebía y sustituyó al agua de lluvia.
Vuelvo a las arboledas; las casas tenían patios traseros y cada una tenía cuando menos dos o tres árboles que se regaban y cuidaban, las avenidas y los parques tenían muchos árboles y toda la ciudad rodeada de verde vegetación y esto antes de construir el Anillo Periférico, en el mes de mayo en las avenidas florecían los árboles y los flamboyanes cobraban mayor belleza. No se borran de mi mente los ricos aguacates de un enorme árbol que en su patio tenía una cuñada mía.
Extraigo de mi mente lo anterior porque en esta época los árboles que enverdecían la ciudad y sus alrededores han desaparecido; a cambio hay puro concreto y pavimentos, las casas actuales debido a que se construyen en pequeños terrenos no tienen patios para sembrar árboles. Si tuviste suerte de obtener una nueva casa con espacio para hacer un jardín, quizá te alcance el dinero y sembrar césped para tener algo verde, haciendo honor a nuestra naturaleza.
El agua de los pozos está contaminada, debido a que no tenemos sistema de drenaje y abundan los sumideros que en su mayoría ni cumplen con las especificaciones reglamentarias.
Esto me trae otro recuerdo, cuando también hace años se intentó construir el sistema de drenaje de la ciudad; se inició cavando zanjas en muchas áreas y colocando enormes tubos de conducción, pero la obra quizá por motivos económicos u otros se suspendió en su totalidad; el resultado es que debajo del suelo de varios tramos de la ciudad tenemos enormes tubos enterrados con quién sabe que cantidad de animales muertos y basura contaminante.
Ahora que tenemos sistema de agua potable en la ciudad, no la bebemos y compramos cada semana cantidad de botellones con agua purificada. Hay casas con alberca que las llenan comprando pipas de agua o utilizando pozos profundos; de cualquier forma, está contaminada.
Lo anterior nos lleva a que cada uno de nosotros debemos contribuir al cuidado de la naturaleza y del medio ambiente, no permitir cortar los árboles, que la basura se controle y un boleto muy especial: no contaminar con nuestros vehículos, si no son eléctricos, darles mantenimiento continuo.
Qué tristeza hoy si te subes a un avión y miras la ciudad desde la ventanilla, no verás lo blanco de los techos y el verdor de los árboles, yo aún no puedo distinguir qué color es el que miro, quizás amarillo y ya con smog, pobre de mi querida ciudad de Mérida, ha crecido en forma inmensurable, ahora me pierdo en las calles de los nuevos y enormes fraccionamientos, el tráfico, ni qué decir, antes identificábamos las llamadas horas pico, pero ahora son todo el día.
Cuidemos nuestra ciudad, nuestros antepasados nos legaron una Mérida llena de vegetación y limpieza.— Mérida, Yucatán.
ferojeda@prodigy.net.mx
Doctor en investigación científica. Consultor de empresas.
