Como cronista de Espita siempre tuve la oportunidad de registrar muchas anécdotas, incluso algunas ya publicadas. Ésta la escuché de los propios protagonistas allá en el café de la desaparecida Posada Familiar, aunque su bello edificio milagrosamente aún subsiste al inclemente transcurrir del tiempo.
Los pisos de aquel lugar de reunión siguen siendo grandes baldosas de cantera regional que continúan a un enorme portón de pesada madera y luego hay una arcada alta en su parte posterior donde estaban las habitaciones.
En aquel escenario se reunían los grupos de cafeteros espiteños, uno de ellos con el horario peculiar que regía el paso del ferrocarril, entre 9:30 procedente de Mérida y 13:20 de Tizimín. Era agradable la plática de los concurrentes a los que en ocasiones hice compañía durante los sábados. Entre los asistentes se encontraban el ya anciano y muy querido Profr. Don Frank Peniche Peniche, siempre de buen humor, ingenioso, ocurrente, muy bromista y Don Marcelino Canul Euán, un próspero empresario ganadero, camionero y comerciante.
Alguien preguntó —ya no recuerdo quién— a Don Marcelino si no sentía algún rencor hacia el maestro Frank, porque éste lo había expulsado de la escuela primaria cuando cursaba el sexto grado, debido a una fuerte travesura y, cuando le aplicarían un castigo físico el entonces alumno huyó, no sin antes proferir palabras obscenas contra su mentor.
Aquel exalumno contestó que no, lo que sentía era agradecimiento a su ahora gran amigo. —Si no me hubiese expulsado, ahora sería profesor jubilado como él.
Ambos se carcajearon.
Lo recordé al leer en Plaza Grande del Diario, en donde dice que el gobernador Cervera Pacheco cerró a Joaquín Díaz Mena, las puertas a la presidencia municipal de San Felipe, quien al igual que Don Marcelino podría contestar.
A veces hay situaciones fortuitas que al combinarse con acciones enjundiosas para lograr los objetivos, permiten que las derrotas se conviertan en triunfos, aunque también los éxitos que embriagan con el poder y tanta lisonja de los “cultivadores” profesionales, llevan a la derrota definitiva a los protagonistas. Podemos citar para la segunda posibilidad, los casos de gobernadores como Marentes Miranda, Alpuche Pinzón o Manzanilla Schaffer. En juiciosas expresiones populares existe la forma coloquial que se prorrumpe como gana-pierde por dilapidar los triunfos.
Es normal que los gobernantes quieran trascender en forma positiva con el quehacer de sus ideales convertidos en proyectos, sin embargo, se toparán con la lucha de los adversarios, ya sea por cuestiones ideológicas, por envidias, porque no se cumplieron las expectativas a un cargo público o por lesionar intereses. Entonces tratarán a toda costa de ponerle trabas a las acciones que se emprendan y estarán a la caza de traspiés o los propiciarán. Aquello, a veces, puede impedir el gana-gana esperado en los planes de gobierno, sobre todo, cuando falta astucia, creatividad y arrojo a los titulares del poder.
Joaquín Diaz Mena, el ya muy curtido gobernador electo, recurrió a los empresarios de la industria turística para trabajar juntos en el crecimiento de esa actividad que genera divisas para el desarrollo. Solicitó propuestas de nombres para designar a quien sería el titular de esa Secretaría, pero resulta que los críticos empresarios no se ponen de acuerdo en cuanto a quién nombrar, porque al parecer a todos llama la atención el boato, y quizá algo más, para estar en la titularidad.
No sucede así con el área de la salud donde por un vínculo de subordinación de los estados con la federación, no ha de estar muy larga la lista de aspirantes, debido a que a los funcionarios locales se les excluirá en la toma de decisiones fundamentales, aun conociendo mejor y estar más familiarizados con las condiciones locales que los funcionarios federales.
Aspirantes a dirigir la educación en el Estado deben ser muchos, que van desde los que se sienten imprescindibles y han tenido oportunidades, hasta los que reclaman pagos por servicios prestados durante la campaña política. Muchos cuando tan solo llevan en sus alforjas haber ejercido la docencia circunstancial o por su desempeño temporal en un azaroso cargo directivo.
El pueblo maya exige la reivindicación pacífica que tantas veces se le prometió. Seguro que existe entre ellos gente muy preparada y con gran experiencia, valiente para la toma de decisiones y que aportó buenos resultados en el trayecto recorrido, aunque sin tanto cartel publicitario; personas limpias y honestas que no ven en la función pública un botín para enriquecerse y aumentar su poder.
Tanta lucha desafiando al destino puede perderse por la mala selección de los oficiales que acompañarán la operación en el proyecto de gobierno, entonces el triunfo abrumador puede convertirse gana-pierde, contrario al resiliente proceder del líder hasta ahora demostrado.— Espita, Yucatán.
Maestro de Políticas Educativas y Cronista de Espita
