Se puede mentir a pocos mucho tiempo, se puede mentir a muchos poco tiempo, pero no se puede mentir a todos todo el tiempo ¡no! Ou, ou —Letra de Sin mercy, canción de Canserbero

Con la inminente aprobación de la reforma del poder judicial, el gobierno de Morena y sus aliados han tomado un férreo control del país, dicho de manera coloquial: tienen ya el sartén por el mango.

Con los poderes ejecutivo, legislativo y judicial bajo su mando, se inicia en México un régimen unipartidista con tintes dictatoriales y autoritarios que se ha evidenciado en las últimas semanas.

Estamos regresando no a los tiempos del PRI de los 80 y 90, sino al partido único de los años 60 y 70, cuando la oposición prácticamente no existía y si salía a flote, la aplastaban sin misericordia.

Así vivió México durante muchas décadas y gracias a que la ciudadanía y los sectores productivos hicieron su parte salió adelante en medio de grandes dificultades para finalmente llegar a los tiempos de la democracia, la libertad y hasta cierto punto la independencia.

Es cierto, al país le ha faltado la ansiada justicia social que ni el PRI ni el PAN supieron desarrollar y que hoy día Morena ha promovido para allegarse de votos y convertirse en una aplanadora electoral en muy pocos años.

Es sin duda un fenómeno social y político que habrá que estudiar a fondo para conocer los pormenores de su innegable éxito como movimiento y partido.

En nuestra modesta opinión, una gran parte del avance de Morena y su líder indiscutible Andrés Manuel López Obrador se debe a una doble estrategia que desarrolló desde años atrás: la primera fue infundir esperanzas para un cambio en México a través de mentiras y medias verdades que se repiten sin césar para convencer a buena parte del pueblo mexicano.

La proclamación de que el sistema de salud es mejor que el de Dinamarca es una gran mentira que muchos creen o que simplemente no cuestionan porque la dijo el fundador de Morena.

La segunda son los apoyos económicos del gobierno que han beneficiado a más de 30 millones de familias y que jamás se habían otorgado de manera tan masiva. El PRI y el PAN repartían puestos, subsidios, créditos y despensas, pero no apoyos monetarios sustanciales de manera permanente.

Incluso los gobiernos del pasado se equivocaron en mantener un salario mínimo deplorable que provocó durante años gran pobreza e impidió además que creciera el circulante para beneficio de la economía.

No obstante lo anterior, es indudable que el éxito político y electoral de Morena y aliados están fincados en bases débiles, por no decir que en arenas movedizas.

En los últimos seis años el crecimiento económico de México ha sido raquítico y los niveles de pobreza no han alcanzado reducciones significativas. Para colmo, los índices de violencia siguen sin contenerse como tampoco se han controlado los flujos de migrantes tanto mexicanos como de los países latinoamericanos.

Ante este panorama, preocupa que los sectores que critican y se oponen al régimen adopten las mismas estrategias que han fracasado estrepitosamente. Nos referimos al ataque sistemático y en ocasiones visceral contra las acciones disparatadas del régimen, como la reforma al poder judicial.

Ya no podemos detener estos cambios, a querer o no ellos tomaron el control casi total del país y al menos en el corto plazo no habrá forma de pararlos.

Lo conducente es adelantarse a las reformas y desde ahora escoger y preparar a quienes buscarán los cargos de jueces, magistrados y ministros. En otras palabras, no permitir que el partido dominante se salga con la suya e imponga a quienes les venga en gana, como seguramente lo intentarán.

Al mismo tiempo vigilar exhaustivamente a los funcionarios públicos, gobernadores y legisladores que están iniciando labores, desde luego comenzando con la futura presidenta Claudia Sheinbaum.

Si nos quedamos en la crítica de mesa y escritorio y no intervenimos más de cerca, el régimen tiránico se consolidará al paso del tiempo, bien dicen que veneno que no mata fortalece.

Y esperar a que el gobierno en turno caiga por su propio peso, Morena no será eterno, como tampoco lo fueron el PRI ni el PAN.

Noticia final…

Los vaivenes del peso mexicano muestran ya signos de preocupación, aunque en las altas esferas políticas se han minimizado. A menos de un mes del cambio de poderes las autoridades financieras están obligadas a tomar medidas pertinentes para proteger a nuestra moneda de una devaluación brusca.— Hermosillo, Sonora.

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Periodista

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