Lo que viene en la política meridana es previsible. La narrativa Andrés-Morena-cuatroT encarna en la personalidad del nuevo gobernador, Joaquín Diaz Mena, quien seguramente será un reflejo de este mundo exitoso a escala nacional, aunque con evidentes oscuridades locales, ya que el acompañamiento de numerosos priistas en su gobierno resta, más que suma.
No hay que olvidar que el antagonismo PAN-PRI duró décadas y que el rechazo que tuvo encarnado no solo en los colores del partido, sino también en los actores políticos que se han reciclado con otros membretes y repitiendo la misa nacional en boga y el sambenito logrado en el terreno local.
La alianza PRIMOR es tan apabullante que no se disimula como en el caso del triunfo electoral de Mauricio Vila, cuyas alianzas tricolores no fueron de esta dimensión. Esta debilidad se notará especialmente en Mérida, donde Morena avanzó pero no de manera sustancial, ya que sigue siendo una fuerza opositora, sin la credibilidad suficiente de otras partes del país o Yucatán.
La narrativa opositora no está clara, pero comienza a dibujarse. Del proyecto político anterior que tuvo su asentamiento en el voto duro que aún queda del PAN, quedan resabios. Está la narrativa del exgobernador Mauricio Vila basada en una convivencia pragmática con la fuerza nacional de la cuatro T; la narrativa de Renán Barrera Concha, quien se enfrentó ideológicamente a la misma fuerza con pocos matices que eran necesarios, sobre todo en el interior del estado, donde cientos de votantes le decían que votarían por él pero también por Claudia Sheibaum y la naciente narrativade Cecilia Patrón Laviada.
El tipo de oposición que pueda hacer el grupo parlamentario del PAN en el Congreso aún no está claro, aunque supongo que dirán que será “responsable y de resultados para el estado”.
Entre los líderes panistas capaces de desarrollar una narrativa alterna está, desde luego, la más importante, la alcaldesa de Mérida. Algunas de sus características personales son alentadoras, es cercana, trabajadora, solidaria y muy querida entre los panistas y seguramente querible también entre los que no lo son. Su discurso subraya el valor de los servicios públicos —que es un regreso, digámoslo así, al ayuntamiento mínimo, conforme sus obligaciones constitucionales— el trabajo concreto en barrios y colonias populares y la vuelta a los ojos a esa Mérida que no se desarrolló igual que otra.
Esta es la primera vez que un gobernante panista reconoce expresamente el rezago y promete trabajar especialmente en los espacios populares.
El mundo posible político, según la teoría, deriva de un cuadro de valores, un estilo y un lenguaje; de un liderazgo que hace creíble y deseable ese catálogo de ideas y sobre todo que lo aplica en políticas públicas concretas que le dan sentido y verosimilitud.
Todavía falta para el diseño contundente de esta narrativa, pero observo que tiene toda la potencia para desarrollarse con éxito. Faltan otros actores más, el partido y sus comités, su discurso que también debería ser nuevo y acorde a los otros que ocurran en el Ayuntamiento y en el Congreso.
Es momento de desarrollar una narrativa novedosa que construya una oposición que dé esperanza y se deslinde de otros mundos políticos de corte autoritario y controlador de todo.
Ojalá haya ideólogos más que pragmáticos. Mérida, Yucatán y México no merecen un gobierno controlador de todos los poderes, sobrerrepresentado, absoluto, por más dinerito que reparta.— Mérida, Yucatán.
*Antropólogo con maestría en industrias audiovisuales y doctorado en comunicación política
