Edgar Jesús Conde Valdez (*)

“Sólo sé que no sé nada” — Sócrates

Estaba en mi oficina un día y quise pedir apoyo a un subalterno para hacer un trabajo simple, el cual yo conocía perfectamente y manejaba con destreza. Al enseñarle varias veces al compañero lo que tenía que hacer con la tarea y asegurarme él que lo haría correctamente, me retiré ese día de mis labores.

Al día siguiente cuál fue mi sorpresa al ver que el que había dicho que entendió claramente lo que le expliqué detenidamente varias veces, había hecho un trabajo totalmente deficiente demostrando que no entendió lo que le solicité hacer. Volví a explicarlo y me volvió a decir convencido de que ahora lo haría bien. Y volvió a fallar.

Este es un ejemplo claro del moderno efecto cognitivo denominado Dunning Kruger que consiste básicamente en que una persona incompetente no reconoce su incompetencia y sobreestima sus virtudes y capacidades, evidentemente más de lo debido, es decir cree saber más de lo que sabe.

Y por otro lado una persona competente subestima sus virtudes pensando que todos las poseen.

Esto ocurre todos los días y en muchos lugares, desde escuelas y universidades hasta en centros laborales, pues fue precisamente en la Cornell University donde este efecto fue descubierto por los profesores David Dunning y Justin Kruger en 1999.

Un motivo muy importante para conocer algo de este efecto cognitivo es que no es producido por una falta de información sino por un exceso de desinformación donde hoy por hoy juegan un papel importante las redes sociales pues la información que antes se obtenía fluía de manera lenta pero quizá más veraz y se conseguía en bibliotecas, periódicos, noticieros y otros medios confiables y tradicionales cuando ahora podemos acceder inmediatamente al vasto océano de las redes sociales y leer y creer lo que queramos, así como también opinar hasta de temas que no conocemos y creemos conocer. Y no faltará que a través de dichos medios algunos nos den la razón cuando quizás estemos totalmente equivocados, generando es esta forma una “cámara de eco”, en la que las personas solo aceptan comentarios que les gusta o positivos en vez de la verdad de la información precisa más cercana con la realidad.

Muchos individuos para documentarse leen algo en internet de un tema y, al creer que ya lo saben todo, salen corriendo a comentarlo demostrando muchas veces su sed de reconocimiento cuando, en realidad, lo único que demuestra es que “el que poco sabe rápido lo desembucha”, como dicen por ahí, generando de esta forma el tránsito diario de pseudo-sabios que pregonan sus “grandes conocimientos” a diestra y siniestra contaminando el ambiente de la realidad verdadera.

Este efecto en comento existe desde antes de la invención de las redes sociales pues los expertos afirman que el mismo gran filósofo y sabio Sócrates probablemente fue víctima del mismo pues, a pesar de ser más sabio e inteligente que muchos, a él se le atribuye la frase “solo sé que no sé nada”, subestimando él mismo de esta forma su sabiduría y virtudes.

Desviando un poco el tema nos detenemos al comentario de que no existe algún escrito de Sócrates donde diga lo anterior pues todo esto se sabe por sus discípulos o contemporáneos, principalmente Platón, lo que nos pone a pensar sobre la realidad o no de todo lo que leemos o la calidad y la veracidad de la fuente de donde nos informamos lo que magnifica más la potencialidad que las redes sociales tienen ya sea para informar o para desinformar.

Regresando al efecto Dunning Kruger, las redes sociales pueden producir situaciones tales como ocurre en el juego de mesa denominado “Maratón”, donde en ocasiones triunfa la ignorancia, pues en una plática puede triunfar por mayoría la gente desinformada o mal informada por internet que una minoría integrada por verdaderos conocedores.

En muchas discusiones de sobremesa salen a relucir grandes sabios y expertos de temas tan diversos y amplios como la biomasa marina, el cambio climático, el fútbol o la geopolítica sin ser biólogos, ambientalistas, deportistas o investigadores de cuestiones políticas respectivamente. Vivimos en un mundo lleno de paradojas donde resulta que el que realmente sabe, duda y se cuestiona, y el ignorante que no sabe, está convencido de que sabe.

Suena como un galimatías, pero es muy sencillo y ocurre, aunque debemos sentarnos y razonar muy bien sobre esta situación pues mucho individuo incompetente no reconoce su incompetencia ni ante avisos o señales como burlas, risas, explicaciones cansadas pero precisas de su error, etc., y con todo y esto, el incompetente no se da cuenta de que lo es.

Un lugar donde es frecuente este efecto cognitivo es en los bares donde algunos de los parroquianos son reconocidos “todólogos” a los que bien les viene la frase de que “todo lo saben y si no lo inventan”, aunque realmente solo pretenden o creen saber muchas cosas más de las que conocen.

Esto a veces ocasiona discusiones estériles y hasta surge la mofa que puede provocar que se llegue hasta a la agresión como una pauta de reacción a la frustración o bien, conseguir merecidamente el desprestigio social.

Es importante estar pendiente de este efecto pues cayendo en él lo primero que alguien diría es “ese efecto no me viene pues en verdad sé las cosas”.

Pues entonces y siendo así que se cuiden los demás, pero de alguien así.

Bueno, a menos de que se trate de uno mismo. —Mérida Yucatán

condeval1@hotmail.com

Ingeniero, valuador, Maestro en Dirección de Gobierno y Políticas Públicas

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