Uno de los desafíos económicos de Mérida es lograr que los visitantes puedan quedarse una noche más, usando los servicios hoteleros, gastronómicos, comerciales y de entretenimiento que ofrece nuestra comunidad.
El éxito de La Noche Blanca ha sugerido que, si creciera a los lados, es decir, viernes y domingo, entonces podría promoverse nacionalmente como un imán que atrajera una mayor cantidad de visitantes en estas fechas. En ese sentido, es necesario consolidar la víspera, La Noche Blanca y, si se puede, el after.
La víspera es el antes y su concepción es diferente. Es un día para promover nuevas movilidades (bicis, caminatas), conocer la ciudad a través de sus leyendas, callejuelas y parques donde nos esperan entrevistas, escritores, conferencistas y las galerías siempre abiertas del Centro Histórico. Hay algunos espectáculos pero no de estilo masivo sino más íntimos y personales. Es un calentamiento, digamos.
El after, como dicen los jóvenes es el después, el que siga la fiesta. Y esto puede ocurrir un domingo sacando a relucir una de las costumbres meridanas de antología: visitar los mercados por un caliente chocolomo, un vuelve a la vida del mondongo a la andaluza y la clásica torta de cochinita. Con base en esta tradición, el after sería más yucateco que nada. Puede dinamizar los siguientes agentes económicos:
a) los mercados tradicionales de la ciudad, b) los tríos, conjuntos, bandas jaraneras y artistas populares del teatro regional, c) loncherías, cocinas populares invitadas de las comisarías.
d) Productores artesanales y de productos orgánicos de campesinos municipales, e) floristas, viveros, hmenes, y médicos tradicionales de la herbolaria, f) hablantes y artistas de la lengua maya y g) jóvenes arquitectos y diseñadores que puedan desarrollar escenografías efímeras que den imagen novedosa a los mercados.
Es fácil hacer el after. Imagínese el mercado de Santiago lleno de flores y plantas, de herbolaria y médicos tradicionales, a decenas de pendones de los gremios y de la banda de colitos, tríos y teatreros locales amenizando las cocinas tradicionales propias del mercado y algunas otras cocinas populares, todos vestidos de blanco y de hipil; imagínese una instalación efímera de gran formato que movilice la creatividad de jovenes diseñadores y arquitectos, una revitalización de los colores de las fondas y un concurso de creatividad culinaria.
La ciudad pide a gritos el after y los visitantes encontrarán una razón mas para quedarse a visitar nuestra ciudad.— Mérida, Yucatán.
iberlin@prodigy.net.mx
Antropólogo con maestría en industrias audiovisuales y doctorado en comunicación política
