Cinco minutos de ocio fueron suficientes para convertir un día tranquilo en todo un maremoto.
El pasado 7 de enero, durante el breve lapso que dediqué a revisar la prensa y dar mi paseo matutino por las redes sociales, hallé una noticia, replicada por varios portales, acerca de la exsecretaria de Turismo del gobierno de Yucatán Michelle Fridman Hirsh: un nuevo comentario suyo había levantado polémica entre las y los yucatecos.
En una entrevista publicada en la revista “Expansión”, Fridman Hirsch, actual integrante del gabinete del gobernador Pablo Lemus Navarro, en Jalisco, comparó la experiencia de trabajar para el sector turístico en Yucatán, y ahora hacerlo en tierras tapatías, del siguiente modo: “Pasé de un Minicooper a una Suburban blindada”.
En cuestión de segundos, tras conocerse las declaraciones, se encendió la mecha y el ciberespacio comenzó a arder.
En algún comentario de Facebook, defendí su malogrado ejemplo: a mi entender, Fridman Hirsch se refería a las diferencias demográficas, geográficas, económicas y sociales que hay entre los dos estados. No comparó la Suburban con una carcacha destartalada, sino dos vehículos de lujo que proveen diferentes experiencias de manejo.
A pesar de que sostengo lo anterior, he de reconocer que la declaración es, desde el punto de vista de la Comunicación, desafortunada, pues una vez más nuestra ciudadanía la percibe como desprecio, como ninguneo. Aunque no necesariamente haya sido su intención, debemos volver a la vieja premisa que asegura: percepción es realidad.
Hay que decir que no es la primera vez que la funcionaria se mete en problemas por motivo de sus declaraciones. En una ocasión, aseveró que Progreso no tenía remedio y que, para arreglarlo, tenía que ser destruído por un meteorito y ser reconstruido desde cero.
Esto no sería tan problemático si ella no fuera de piel tan delgada en lo relativo a las críticas. Sus enfrentamientos en redes sociales con quienes han señalado sus desaciertos laborales son frecuentes. Siempre a la defensiva, está atenta a responder cualquier mención. De esto hay sobrados ejemplos citados en una nota publicada en el sitio web del Diario el mismo 7 de enero.
Ese día, de una forma poco seria, publiqué la siguiente línea en mi perfil de X (antes Twitter): “Las analogías de Michelle Fridman, siempre tan desafortunadas”. Como se puede leer, no se trató de un ataque a su persona, no comenté sobre su trabajo actual o pasado; si acaso, mi opinión llevaba implícito un lamento hacia su forma de comunicar. Sin embargo, su respuesta fue personal.
Como tu gestión al frente de Sedeculta 😅
— Michelle Fridman (@Mich_fridman) January 7, 2025
Durante el tiempo que trabajamos juntas en la administración estatal 2018-2024, fue difícil entendernos, pues nunca me trató como su par; no obstante, haberla conocido originalmente en 2015 como asesora de Relaciones Públicas y Comunicación del entonces alcalde Mauricio Vila, me causaba una disonancia muy grande cuando me enteraba de sus declaraciones fallidas y sus constantes enfrentamientos públicos con algún detractor.
Alguien “experta” en comunicación lo debe saber muy bien, como principio básico de media training: los funcionarios nunca deben olvidar que —aunque amigo— un periodista siempre es un periodista, que se debe evitar “regalar” titulares polémicos y, por encima de todo, enfrascarse en dimes y diretes en público.
A pesar de que Michelle Fridman Hirsch parece ignorar todas las premisas anteriores, sus torpezas nunca tuvieron consecuencias: su poder e influencia sobre Mauricio Vila fueron cada vez más apabullantes.
A raíz del incidente que ella y yo protagonizamos el martes pasado, hubo quien me escribió para aconsejarme que era mejor no contestar, que no debía enfrascarme en una discusión. Yo discrepo. La funcionaria ostenta un cargo público de confianza y, durante seis años, las y los yucatecos pagamos su salario y resistimos sus desplantes y decisiones unilaterales; por tanto, a lo mejor es innecesario pero siempre resulta muy válido hacer observaciones sobre cómo se conducen los servidores públicos.
La actual secretaria de Turismo de Jalisco debería saber que tiene derecho de réplica, siempre y cuando sus explicaciones sean relativas a los señalamientos. Su forma de responderme fue personal, agresiva y exenta de objetividad.
Por último y sobre todo, me gustaría reflexionar sobre la volatilidad de las redes sociales y acerca de cómo privilegiamos los conflictos y disensos por sobre contenidos constructivos y edificantes. Se respira avidez de pleito, sed de pugna.
Es común compartir pensamientos e ideas y recibir, si bien nos va, el favor de un puñado de lecturas; sin embargo, una discusión jugosa logrará la atención que quizás estemos buscando. Ahí estamos todos: los mirones, los que azuzan, quienes amarran navajas y quienes “aportan” echándole leña al fuego, dispuestos a ver el mundo (virtual y presencial) arder.
En este caso, el problema no es una comparación que quizá muy pocos terminaron de entender. El asunto es que la comunicación pública requiere compostura, respeto y el arte de pausar para pensar antes de escribir, hablar o actuar. De esas virtudes, buenas para apaciguar incendios, todas y todos seguimos aprendiendo.— Mérida, Yucatán.
erica.millet@gmail.com
Licenciada en periodismo y maestra en relaciones públicas; exfuncionaria del Ayuntamiento de Mérida y del gobierno del estado
