Edgardo Arredondo Gómez (*)
Una cosa era cometer un error, otra cosa era seguir cometiéndolo —Jodi Picoult
En una de las recientes conferencias, ahora conocidas como “las mañaneras del pueblo”, la Secretaría de Salud informó sobre el resultado exitoso de la primera compra consolidada de medicamentos del actual gobierno.
Se logró la adquisición del 73.2% de las 4 mil 982 millones de piezas que se requieren para este año y el venidero; entiéndase por piezas cada cajita, frasco o recipiente que contenga medicamentos e insumos (jeringas, gasas, materiales de curación, reactivos, etc.), cada una de las cuales son denominadas “claves” y, si bien quedaron pendientes alrededor de un 24.4%, entre ellos de los más costosos, ya se ha recibido casi el cien por ciento de ofertas y, es casi seguro que en una segunda vuelta se resolverá.
De inmediato los comentarios no se hicieron esperar, en cuanto a que, el gobierno se “quedó corto” o, se les cuestionó la meta de tener los primeros resultados en dos meses.
Difiero, las noticias son buenas. Este esquema está contemplado en el decálogo “República Sana”. Eduardo Clark García, subsecretario de integración y desarrollo del Sector Salud, ha sido preciso al exponer los detalles de esta gran compra consolidada; aunque el modelo es bastante parecido al que funcionaba antes de 2018, hay cambios que por mucho lo hacen más eficiente. De inicio se le solicitó a 26 instituciones, entre ellas el IMSS, Issste, IMSS Bienestar, los más importantes Institutos Nacionales de Salud, sus requerimientos en medicamentos e insumos, lo que en conjunto arrojó la comentada cifra de 4 mil 982 millones de piezas. Este número representa lo que se requiere para un funcionamiento óptimo durante 2025 y 2026.
El contrato se hizo por dos años, pero con el esquema de “contratos abiertos”, lo cual significa que la demanda y el abasto será mejor controlado y de esta manera, en caso de ser necesario se pueda adquirir más; en pocas palabras: una fuente de suministro abierto. Esto tiene que incidir favorablemente. Me consta como ex trabajador del IMSS que, el último trimestre del año era siempre el más sufrido. Aunque pueda verse con una óptica centralista, si es bien aplicado: debe funcionar. Es una sola instancia la que va a comprar y medir realmente las necesidades con demandas y sus variables por los estados, dado por la obviedad de las diferencias en la morbilidad de las enfermedades. Mide, evalúa, compra y distribuye; pero, además, con un margen de utilidad, porque siempre es mejor adquirir grandes volúmenes.
Estamos ante una compra consolidada que deja atrás una serie de errores y lamentables omisiones del gobierno anterior. En su afán por acabar con los intermediarios que en su óptica encarecían los medicamentos y propiciaban prácticas corruptas, la 4 T decidió hacer directamente la compra: fracasó con la Secretaría de Hacienda; se hizo un convenio con la UNOPS de la ONU que no dio buen resultado cuando López Obrador condicionó no comprarle a laboratorios mexicanos, y que después de un golpe de timón al permitirlo, este organismo cumplió con el abasto completo en 2022, después de lo cual el gobierno finiquitó el convenio dejando al Insabi como encargado con el mismo modelo.
Disparate
Pero el desabasto continuó por un tema toral: la falta de distribución, que además culminó con el disparate de la mega farmacia. En pocas palabras, se regresó al esquema anterior, pero diríamos: remasterizado, aplicando la tecnología, sobre todo en lo que concierne a los archivos manejados digitalmente, incluyendo la recepción de recetas.
A la crítica del por qué en marzo se verían los primeros resultados, la respuesta es congruente: muchos de los ahora proveedores tendrán que fabricar las piezas solicitadas por su cuenta e importar la materia prima para elaborarlos; de aquí que se justifique la reciente compra de emergencia hecha el mes pasado.
Distribución
Pero hay además algo fundamental en el tema de la repartición: entre los requisitos que la Secretaría de Salud estableció es que, en la compra de los medicamentos se incluyera también la distribución, es decir, que las farmacéuticas se encarguen del transporte del producto directamente a los hospitales y a los almacenes estatales. Lo anterior hizo que algunas empresas hayan ganado buen porcentaje de la adjudicación, por tener su propio sistema de almacenamiento y entrega, como, por ejemplo: laboratorios Pisa, que por cierto el gobierno obradorista lo tachó de monopólico, se les fue con todo, incluso cerrándole dos plantas.
Así que de nueva cuenta se recupera la entrega directa a los grandes hospitales y los depósitos estatales, por ejemplo, en la delegación Gustavo A. Madero en la CDMX y ahora en Huehuetoca donde la Mega Farmacia, de tan alto costo, quedaría como lo que era antes: una enorme bodega.
Lo más importante
Pero quedaba pendiente el factor más importante en la distribución, la llamada “última milla” y da la casualidad de que al menos con relación al Sector Salud ya existía desde los años setenta: la propia distribución por las jurisdicciones sanitarias de cada estado. Es una pena que nadie le hubiera dicho a López Obrador que las medicinas no son refrescos y papitas y, que la logística es totalmente distinta, por el simple hecho de que la cadena de custodia es por mucho más delicada.
En concreto, se está retomando algo que existía y se anuncia que lo faltante, por supuesto, de ser necesario en caso de que las empresas farmacéuticas no lo absorban, se subrogará o se planteará a futuro una flotilla del propio gobierno.
Hay transacciones pendientes, por ejemplo, el de algunos medicamentos para padecimientos oncológicos. Sin embargo, en este nuevo sistema, el abasto estará asegurado, no solo en cantidad, sino tambien en esquemas inamovibles que en quimioterapia es algo crítico.
Pero lo más importante, y es gratificante, algo que de lo que careció el gobierno anterior: ¡empatía!, que va desde el anuncio mesurado y conciliador de la presidenta de resolver este delicado tema, muy lejos de la cantaleta de promesas y mentiras del obradorato, hasta la actuación de Eduardo Clark, que se perfila como el portavoz de la Secretaría de Salud, un funcionario sensato y probo, muy lejos del nefasto Hugo López Gatell.
La estrategia de seguridad del actual gobierno, aunque les disguste a muchos, se parece más al esquema calderonista, la antípoda del “abrazos, no balazos”. La nueva compra consolidada de medicamentos tiene más de peñanietismo que el desastre heredado.
El país no debe estarse inventando cada seis años, mucho menos destrozarlo para reconstruirlo. Se debe conservar lo bueno, acabar con lo malo y de ahí mejorar por el bien de todos. Estamos sin lugar a duda ante una muy buena noticia. Cambiar es de sabios.— Mérida, Yucatán.
arredondo61@prodigy.net.mx
Médico y escritor
