Fernando Ojeda Llanes (*)
La semana pasada fui al aeropuerto de Mérida a buscar a un amigo que llegó de Ciudad de México. Vuelo muy puntual, salió de la capital a las 10 a.m. y aterrizó a las 11:30 a.m., tiempo de vuelo: una hora 30 minutos.
Como siempre soy muy prudente, salí de la casa hacia al aeropuerto en mi automóvil una hora antes de la llegada del avión, o sea a las 10:30 para estar en la terminal a las 11 a.m. Ya no digo “increíble” sino ¡qué barbaridad!: llegué al aeropuerto a las 12:15 p.m., una hora con cuarenta y cinco minutos, me ganó el avión que viajó 900 km y yo apenas 20.
Me he enterado que, así como recibes a tus amigos tarde, otras personas han perdido sus vuelos. ¿Qué sucede? Pues nada menos que un revoltijo del tránsito en toda la a ciudad, pero tomar la avenida Aviación o Itzaes es un calvario para todo automovilista, y todo tiene que ver con los famosos Ie-Tram y Va y Ven, que ocupan más espacio de las calles y avenidas que los coches. Así es, se ven dos o tres Ie-Tram, pero cientos de automóviles.
Conduces por una fila interminable de topes amarillos. De repente: un cuello de botella o embudo —como le quieran llamar—, porque de tener dos carriles para transitar, de pronto, sin ningún aviso —letrero— llegas a un enorme tramo de un solo carril y es el más transitado para llegar al aeropuerto.
Ni qué decir de los semáforos, —muchísimos— hasta duplicados y totalmente desincronizados: verde y te sigue un rojo. Digo “waw”, es un desastre nuestra antes tranquila ciudad de Mérida.
No tengo la estadística de cuántos vehículos hay en la ciudad, pero mi percepción me dice que la cantidad se ha duplicado en los últimos años. Todos siguen comprándolos, nuevos o usados, y hay familias que tienen uno por persona, crece la cantidad y nuestras calles con menos espacios, complicando la circulación.
Que por favor alguien me explique el famoso Ie-Tram y el Va y Ven, porque casi ni los veo, pero como monumentos de honor les han concedido la mitad de nuestras calles. ¿Saben ustedes cuántos son y qué cantidad de gente transportan? Lo único que sé es que nos arruinaron la circulación en la ciudad.
No he tocado el punto de los accidentes de tránsito de vehículos a los que se les ponchan las llantas en las famosas boyas y son alcanzados por el que viene por detrás, paralizan el tránsito mientras llega el ajustador del seguro y más vale que, sin serlo, te declares culpable, porque además el que te choca se dice inocente y, como no hay arreglo, al bote los dos ante peritos, policías y jueces.
Conozco personas que han pasado una noche completa encerrados por un insignificante golpecito en la defensa.
Hablaré ahora de los automovilistas presurosos —por no decir groseros—, cuando de inmediato haciendo tu alto, en el semáforo aparece el verde, el que te sigue te pone el claxon hasta inclusive cuando ya te mueves. La prudencia dice que en un verde inmediato, debes ver del lado a quién le toca rojo, porque los desesperados cruzan el amarillo que casi es simultáneo con tu verde y ¡pum! viene el choque —parece de película—.
Pobre de mi ciudad, ya no tienes hora segura de llegada a tu destino. Y qué de los motociclistas, hay de montones, zigzaguean en todas las calles, de repente están delante de ti, te rebasan por la izquierda y por la derecha, los vehículos de última generaciones que tienen sensores y cámaras les faltó algo importante: un letrero rojo en el parabrisas que diga: motociclista a la vista.
Según datos de amigos médicos, los hospitales reciben cantidad de personas con lesiones en la cara que son motociclistas; una cosa muy sorprendente en los accidentes de motociclistas, sobre todo abundan los de servicio a domicilio. He visto muchos de estos accidentados, tirados en el suelo con su vehículo arrasado, pero la comida que llevan intacta.
¿Es un misterio? Digo estas expresiones como si fueran películas de “rápidos y furiosos”, pero desafortunadamente nuestra Mérida en sistema de tránsito se lleva el Oscar, aun sin su nominación estelar, pero ayudemos a que siempre la nominen, por lo pronto un servidor enviará una copia de este escrito a la famosa Academia de Hollywood.
Los paraderos de los Va y Ven, su nombre nos da la ubicación precisamente van y van a diferentes posiciones con cambios continuos, la gente que los utiliza en el centro no sabe a quién preguntar dónde está el paradero del que va a Chuburná, pues antes salía de aquí y lleva horas y no llega y así todos andan hechos bola de los diferentes lugares de salida.
Todo me hace recordar la tranquilidad de antaño, las calles bien señaladas, los automovilistas corteses, sin topes, los pocos semáforos sincronizados, los camiones de pasajes de la Unión y de la Alianza de Camioneros en sus paraderos establecidos, calles de un solo sentido y de doble bien señalados.
Las calles no eran estacionamientos, los peatones no requerían semáforos especiales que ahora confunden su color verde a los automovilistas, parece sueño, pero fue realidad. ¿Y el Paseo Montejo? Es otro boleto por comentar.
¿Habrá solución para toda este problema? No lo sé, tampoco conozco quién es para las calles autoridad de todo esto: el gobierno del estado o el ayuntamiento de Mérida, pero si sé que en cambio de ayuntamiento o de gobierno estatal, cada quien hace lo que se les ocurre, sin un plan de ingeniería científicamente estudiado.— Mérida, Yucatán.
ferojeda@prodigy.net.mx
Doctor en investigación científica, consultor de empresas.
