Edgardo Arredondo Gómez (*)

¿Qué es el humanismo? Nada más que el amor a los hombres, solo eso —Thomas Mann

Amalia llegó, como todos los días, a ocupar su sitio en la ventanilla de la farmacia del Hospital Regional donde trabaja, ahora bajo la tutela del IMSS-Bienestar.

Como los últimos días de los últimos meses, comenzaba otra jornada de intenso desasosiego. Antes de llegar a su puesto recorrió el pasillo con los anaqueles semivacíos; algunas cajas con medicamentos y, un buen tanto, separados por estar caducados al momento de ser entregados.

A media mañana no resistió más, a las cotidianas reclamaciones de los pacientes, las agresiones verbales con las consabidas mentadas de madre, se sumó la furia de un sujeto que le dio un puñetazo a una mampara. Cerró de inmediato el acceso y se retiró a llorar de rabia y frustración.

No lejos de ahí, en el tercer piso, Rosaura, enfermera pediátrica, agita el frasco con la mezcla de drogas para tratar una leucemia linfocítica del pequeño Juan, con dos meses de la interrupción en su tratamiento; con mirada escéptica, observa el paso de los medicamentos, a sabiendas que era la tercera vez que le cambiaban el esquema de la quimioterapia.

Mientras cuida el único equipo de venoclisis disponible, no puede más que sentir que el corazón se le estruja al ver una tenue sonrisa en ese rostro de ojos hundidos del pequeño, mientras juega con un carrito de plástico y su amorosa madre le acaricia la cabecita alopécica.

Yesos malos

En un Hospital de Especialidades del IMSS, varios pacientes regresaron al servicio de Urgencias de Ortopedia. La queja: los yesos colocados para inmovilizar las fracturas nunca fraguaron; el dolor, más que evidente.

El problema era que las escayolas colocadas pertenecían a un lote con más de un año de caducidad. Ante las quejas reiteradas, los médicos acudieron con el subdirector en turno que los recibió con un: “los expertos en la construcción se quejan, ni parecen albañiles”, pésimo chascarrillo, al cual siguió “pues no hay más, o los usan o los usan”.

Los colegas cerraron filas y comenzaron a inmovilizar las fracturas con férulas hechas con tiras de cartón cortadas de las cajas de sueros y vendas. Bastó solo tres pacientes, para que el familiar de uno de ellos amagara con llevar a una televisora para cubrir la queja. Esa misma tarde llegó un lote de yesos nuevos.

En un otro Hospital de Alta Especialidad, el cirujano lanzaba maldiciones mientras con sus auxiliares lavaba en forma exhaustiva una prótesis de rodilla recién colocada, en donde varias gotas de sudor habían caído en pleno campo quirúrgico. Dos años sin contar con aire acondicionado en la sala, negándose a diferir los casos hasta que pasó lo que iba a pasar, la contaminación con su propio sudor en la herida del paciente.

Esa misma semana otro colega terminó de atender un parto con las luces de los teléfonos celulares del personal, por un apagón y la falla de la planta de luz; mientras a esa misma hora dos camilleros pasaban apuros para bajar a un paciente en silla de ruedas por las escaleras, debido a que los elevadores estaban descompuestos desde dos meses atrás.

En otro Centro Hospitalario, éste de la SSA, en el atestado servicio de Urgencias, el intensivista se abre paso en un mar de camillas dispersas en pasillos, pacientes sentados en sillas de plástico; a su lado un anestesiólogo corre con laringoscopio en mano. Un paciente en paro. No había carro rojo, el único fue subido a piso para una emergencia. Apenas a tiempo para entubar a un recién infartado; sin ventilador a mano, un médico interno estará las siguientes tres horas insuflando el ambú hasta poder reubicar al paciente.

Podríamos seguir enumerando muchas historias más, historias del día a día en nuestro deteriorado servicio de salud en México. Insumos insuficientes en servicios atiborrados de hospitales abandonados.

No inédito

Por esto, en forma lastimosa, estamos observando algo que ya se está volviendo no inédito, todo lo contrario. De nuevo huelgas y, en el caso de los hospitales, suspensión de labores. La lista ha ido en crecimiento: Hospital de Alta Especialidad de Ixtapaluca, el Hospital de la Niñez Oaxaqueña, “Doctor Guillermo Zárate Mijangos”, hospitales del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM) y, para no alejarnos, los trabajadores del Hospital Regional de Alta Especialidad (HRAE) de la Península de Yucatán, de la Sección Sindical 100, se unieron a una protesta nacional para exigir que se resuelva en primer lugar la falta de medicamentos e insumos y, ya de paso, saldar deudas.

El recorte al presupuesto en materia de salud para este 2025 y la opacidad en el manejo de los rubros deja más que nunca vulnerable al sistema de salud.

Mientras al IMSS-Bienestar supuestamente le asignaron 31 mil 207 millones de pesos adicionales, a la Secretaría de Salud le quitaron 34 mil 421 millones de pesos.

Por si fuera poco, la “nueva política” no permite cuotas de familiares de pacientes hospitalizados, ni que compren medicamentos o dispositivos, pero además está prohibido obtener ingresos mediante donativos de fundaciones, proyectos de investigación o servicios a terceros.

Y así, en este escenario de frustración, el personal de la salud está ya cansado, agotado, exhausto de recibir el embate de las quejas de los derechohabientes, están hartos porque también lo sufren en carne propia, porque ellos, como sus familiares, también se enferman.

Y he aquí que, en este paro, huelga o llámese como quiera, tienen aún la nobleza de exigir como prioritario tener con qué trabajar. A usanza de lo dicho por Ruy Pérez Tamayo hace más de treinta años: en México el personal sanitario no es el que se está deshumanizando, lo deshumanizado es el Sistema de Salud.

El actual gobierno recibió como “herencia maldita” un sistema de salud devastado por la 4-T, lidereada por aquel que decía que “amor con amor se paga”, y que a su vez recortó el presupuesto, aunque prometiendo que en unas semanas más se resolvería el problema del desabasto; ese mismo que no tiene empacho en tirar a la basura 7 mil millones de pesos en la farsa electoral del Poder Judicial.

Así la Medicina en el marco de este llamado “Humanismo Mexicano”, término que sigo sin entender, aunque me queda claro, muy, pero muy lejano del humanitarismo que se requiere para la atención de la salud pública.— Mérida, Yucatán.

arredondo61@prodigy.net.mx

Médico y escritor

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