A Krystel Martín Durán. Por su postura congruente en la defensa de los derechos y la dignidad de las mujeres

En la historia de la humanidad de los últimos 100 años, la vida de los pueblos del mundo entero ha sufrido cambios transcendentes en la economía, la política y en lo social. En las comunidades rurales e indígenas de Yucatán, se ha observado en los últimos 75 años cambios relevantes en el comportamiento de las familias.

En los pueblos donde la pobreza extrema es generalizada, la mentalidad de la mujeres era de subordinación hacia los hombres; su compromiso voluntario e involuntario era matrimoniarse a temprana edad, tener el número de hijos que Dios les mande, y dedicarse a los quehaceres del hogar. Una mujer de mi pueblo natal Yokdzonot, presumía de haber tenido 23 hijos. En esos años el pilar de la economía de la familia era el hombre, proveía todo lo necesario para el funcionamiento de la casa. Las mujeres conscientes del esfuerzo de sus maridos ayudaban con extraer agua de los cenotes o pozos, sembraban árboles frutales, verduras y criaban gallinas, pavos y cerdos.

En una familia con más de 5 hijos el trabajo de la mujer era extenuante, tenía que preparar los alimentos, lavar la ropa y atender a sus hijos. En esos años el trabajo del hombre y la mujer estaban bien definidos; en la mayoría de las familias el hombre era incapaz de hacer los trabajos “correspondientes” a la mujer, como ayudar a lavar la ropa y llevar el nixtamal al molino; los hombres no atendían en público y pocas veces en la casa a los hijos pequeños, pretextaban que esos menesteres eran funciones de la mujer.

En los últimos años la vorágine del modernismo llegó e impactó a todos los pueblos del mundo, gracias a los medios electrónicos de comunicación, la globalización y la educación.

Con los avances vertiginosos de las ciencias y las tecnologías, aunado a la movilidad social, la vida en las comunidades rurales e indígenas de nuestra entidad ha sufrido cambios sorprendentes.

En la mayoría de las poblaciones de nuestra entidad, la desigualdad, el machismo, la represión y el maltrato, continúan campeando en muchos hogares.

En algunas familias con fuertes compromisos con las religiones, mantienen el rechazo del divorcio de sus hijas y les recuerdan que, si el marido es un machista, desobligado de sus deberes y violento, lo tienen que soportar, porque es “su cruz” y solo la muerte la podrá separar de su conyugue, aunque le dé una vida de maltratos físicos y mentales.

En referencia al Día Internacional de la Mujer, que fue decretado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1975, las políticas sociales del gobierno del “Renacimiento Maya” que preside el Mtro. Joaquín Díaz Mena, “Huacho”, tiene que poner en marcha programas económicos, educativos, culturales y sociales, para brindar una vida más digna a las mujeres de las comunidades rurales e indígenas de nuestro Estado.

Que las autoridades de los tres niveles de gobierno no solo se acuerden de los derechos de las mujeres el 8 de marzo de cada año.

Es menester que el gobierno estatal ponga en marcha programas tendientes a fortalecer la justicia social en las comunidades pobres de Yucatán.

En los centros urbanos, y más en la capital del Estado, existen instituciones que atienden las demandas y los derechos de las mujeres. Empero, hay deudas pendientes que no se han saldado, como el maltrato intrafamiliar, un mal que afecta a las mujeres de todos los sectores sociales, así como la violencia y los feminicidios.

El Día Internacional de la Mujer se estableció no para realizar festivales rimbombantes y discursos políticos que no resuelven los graves problemas que viven hoy muchas mujeres de México y de nuestra entidad; y qué decir de las mujeres que luchan a diario para llevar el pan a sus hijos, las que recogen latas, cartón y botellas en las calles, las sexoservidoras, así como las féminas que sobreviven de la caridad pública.

El Día Internacional de la Mujer se estableció para que las mujeres fortalezcan su conciencia social, amplíen sus derechos, logren su desarrollo íntegro como personas y alcancen su igualdad de oportunidades con los hombres.

El 8 de marzo es una fecha emblemática en la vida de todas las mujeres del mundo, y para conmemorar la lucha de las mujeres rusas y estadounidenses que murieron por defender sus derechos laborales.

Ese día no es para realizar actos de barbarie y vandalismo, la manifestación pública es un derecho inalienable, pero las tropelías en todas sus formas no crea conciencia de lucha, causan molestias e indignación. El 8 de marzo, debe ser para una lucha solidaria por el fortalecimiento de los derechos democráticos de las mujeres yucatecas.— Mérida, Yucatán.

chilambalam945@hotmail .com

Maestro de la Universidad Pedagógica de Mérida

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