A la memoria de Coqui, gran amiga de Lízbeth mi esposa desde su infancia en Tizimín, quien no despertó el 10 de marzo. Persona con quien las diferencias ideológicas no opacaron nunca la amistad

Nada resulta fácil en el trayecto de nuestras vidas, si queremos avanzar hacia situaciones mejores a las que el destino depara. Hay que luchar y esa lucha empieza en nuestro interior al definir el ideal que pretendemos alcanzar.

Las utopías pueden tener dos caminos: el primero es decir que aquello es inalcanzable y hace caer en la pasividad, y el otro enfoque es que, a pesar de lo difícil y casi imposible, se ha de afrontar con arrojo para alcanzarlo. Cuánta gente de nuestro alrededor hemos visto triunfar al dejar el círculo de la pobreza en que estaban inmersos. Seguro que solo del cielo no les cayó, tuvieron que hacer esfuerzos adicionales para llegar y durante ese trayecto aprendieron que no hay reto imposible de alcanzar si se afronta con denuedo en el diario quehacer.

La vida es de retos tras retos, y cuando se evaden, empezamos a morir para quedar como zombis. Caso contrario es el que la historia nacional oficial nos ha enseñado acerca de Benito Juárez, un niño zapoteco huérfano que decide abandonar su aldea y trasladarse a la ciudad de Oaxaca, donde su hermana trabajaba como empleada doméstica.

Sin hablar el castellano y vistiendo humile ropa llegó al muy distinto ambiente citadino en un país que nació lleno de discriminación como herencia colonial. Aquello lo fortaleció para todo lo que vendría después. Obtuvo el título de abogado cuando el camino religioso era más fácil; participó de las actividades políticas, fue gobernador de su estado y presidente de México. Le gustó el poder. Nunca se amilanó ante Francia y un príncipe extranjero que llegó a gobernar México.

Luchó con pasión patriótica, transformó México con las ideas liberales que son la base para el desarrollo del capitalismo, como una de las etapas de la evolución social, según Carlos Marx. No es de película, es un personaje de carne y hueso, alejado en el tiempo y el espacio y mitificado por la Historia de Bronce, pero ejemplo al fin.

Es marzo, mes del natalicio de Juárez y el inicio de la primavera —la renovación de la vida— como nos enseñaron en la escuela pública, allá en mi pueblo con lecciones que parecían el Catecismo, cánticos y poemas de adoctrinamiento.

Escribir este artículo me permite recordar lo que de ejemplo pueda tomarse para los gobiernos actuales que tienen que luchar contra las condiciones adversas que la vida les impone. Nunca hay tiempos fáciles en el trayecto de la vida, menos para los que deciden el camino de la política, de no ser que los domine el cinismo, al no tener vergüenza, al no apreciarse ellos mismos por el lugar que ocuparán en la historia ante sus comunidades y, sobre todo, delante sus familiares.

En la infancia y adolescencia pasaba yo largas temporadas en San Felipe y conocí a la familia de Huacho, personas trabajadoras, con la cultura del esfuerzo para el bienestar de sus hijos, al dotarlos de buena educación, y lo lograron. No hay razón para traicionar ese respeto que creció cuando el hoy gobernador afrontó con pundonor y valientes acciones el paso del huracán “Isidoro” que destruyó el puerto que gobernaba como alcalde. Ejemplo nacional cuando el presidente Fox visitó aquel lugar. Aquello fue su plataforma para una carrera en la política, ganó el distrito local, entonces bastión del PRI, con cabecera en Tizimín y luego el federal, más complejo aún, con cabecera en Valladolid. Así fue diputado.

Era un gran prospecto para el PAN, pero éste nunca terminó de aceptarlo. Novato aún lo lanzaron a competir por la gubernatura, y su partido lo abandonó. Luego intentó en el siguiente sexenio, pero el binomio Paz-Vila lo bloqueaba por todas partes, y solo le ofrecieron una diputación local por la vía plurinominal para acabarlo. Obviamente no aceptó y las circunstancias lo hicieron competir como abanderado de Morena al gobierno del estado. Aquello se veía una causa perdida, pero realizaba importante encomienda para hacer crecer al partido oficial dada la popularidad de Huacho en el interior del Estado, y lo logró. En su tercer intento se convirtió en gobernador, pero al parecer con demasiados compromisos que no le permiten ejercer a plenitud su gobierno, incluso con lo curtido que ya debe estar.

Se han desbordado las redes sociales, inducidas o espontáneas en su contra; hay burlas a su persona e investidura. Necesita hacerse del poder pleno con algo así como en la novela El Padrino hiciera Michael Corleone a la falta de su padre, para imponer respeto como el nuevo capo.

Los enemigos que quieren defenestrarlo están más cerca de lo que imagina y los del hablar zalamero le impiden percibirlo.— Mérida, Yucatán.

Escritor

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