Entiendo que por corrección política no puede usarse ya la palabra “loco”. Decir “orate” está igualmente prohibido, lo mismo que hablar de “enfermo mental”. Hasta donde sé, aún es permitido emplear el término “alienado”, pero no estoy seguro.
Pues el vesánico alienado Trump no descansa ni siquiera los domingos en su tarea de jodernos, y de paso joder igualmente a sus conciudadanos. Su declaración en el sentido de que no quiere en Estados Unidos vehículos fabricados en México nos pone a los coahuilenses en un difícil trance, pues tanto en Saltillo como en Ramos Arizpe funcionan desde hace muchos años plantas armadoras de las principales marcas norteamericanas, que emplean a decenas de miles de trabajadores.
Una embestida de Trump contra ellas nos pondría en apuros graves, y al mismo tiempo aumentaría el precio de esos vehículos en el país del norte, por la abismal diferencia que existe entre los salarios que allá se pagan y los que perciben localmente los obreros.
No puede nuestro gobierno frenar los arrebatos del amarilloso orate, pero ojalá sus conciudadanos lo hagan entrar en razón, pues el daño que Trump haga a Canadá y a México redundará en perjuicio de su propio país. Pensando en el TLCAN también a ese loco habrá que preguntarle: “¿Y nuestro trato?”..
Todo eso no quita, sin embargo, que Corito también estuviera loco. Su locura era bastante loca: consistía en salir en cueros a la calle sin más cobertura que la de una sombrilla que llevaba, decía él, “pa’ taparme el sol”. Así, en pelota, se paseaba por el pequeño pueblo mostrando sus colguijes, hasta que el gendarme municipal corría a cubrirle las pudendas partes con su chaquetín antes de llevarlo a su casa y entregarlo a su atribulada madre, quien declaraba entre lágrimas que ya no sabía qué hacer con él.
Al alcalde del lugar se le ocurrió una brillante idea para acabar con el problema. Hizo llevar a Corito a su oficina, vestido, eso sí, pues en la pared había una estampa de don Benito Juárez y era necesario mostrar respeto al Benemérito.
Le dijo el edil al desnudista: “Corito: tengo una buena chamba para ti. Saldrás a la calle vestido de charro, a fin de promover el turismo. No tendrás que hacer más que pasearte por el pueblo luciendo el traje nacional, que nosotros mismos te proporcionaremos, con inclusión de sombrero jarano, cinturón piteado con hebilla de plata en forma de herradura y espuelas de Amozoc. Te pagaré 5 pesos diarios por ese trabajo, más las prestaciones de ley”.
Corito aceptó el trato, y a partir del siguiente día lo cumplió: ya no salió a la calle en traje de Adán, sino de charro.
“Hasta a Jorge Negrete se parece m’hijo” —decía feliz y orgullosa su mamá.
Aconteció algo, por desgracia, que a duras penas puedo relatar. Llegó el domingo, y al salir la gente de la misa de 11 he aquí que Corito andaba otra vez en cueros, mostrando sus vergüenzas en vez de vestir el gallardo atuendo del charro mexicano. Se apresuró el alcalde a ir hacia él, y tapándole con su sombrero lo destapado le preguntó, severo: “Corito: ¿y nuestro trato?” Respondió el loco: “Los domingos no se trabaja”.— Saltillo, Coahuila.
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