Guillermo Fournier Ramos

La vocación del catolicismo ha sido universal desde sus orígenes, en busca de llevar la fe y los principios de la religión alrededor del mundo. A la fecha, el número de personas que profesan este credo es cercano a los 1,400 millones, distribuidos entre los cinco continentes.

En los últimos años, la labor del papa Francisco ha consistido en renovar la Iglesia con el fin de responder a los amplios desafíos del siglo XXI, sin alejarse de su esencia espiritual.

El trabajo pastoral es crucial en este cometido, que implica acercarse a las mujeres y hombres con el propósito de invitarles de manera orgánica a vivir conforme a las enseñanzas de valores como la generosidad, la empatía y la bondad.

Dicha tarea exige congruencia y el papa Francisco ha logrado convencer a propios y extraños, a través de palabras y acciones, de que su visión consiste en unir voluntades de creyentes y no creyentes de buena fe, en el objetivo compartido de construir una sociedad mejor.

Al poco tiempo de asumir el pontificado, Francisco publicó la encíclica Lumen Fidei, en la cual habla sobre el poder de la fe como motor para enriquecer las relaciones humanas y la convivencia colectiva.

El texto fue elaborado en gran medida por el papa Benedicto XVI antes de volverse pontífice emérito para cederle su lugar a Francisco, y tiene muestras de las luces de Ratzinger respecto de cuestiones teológicas.

Por tanto, es en las siguientes encíclicas de Francisco donde podemos apreciar el sello de su carisma, en que la bondad y la humildad desempeñan papeles importantes, siendo la dimensión humana el aspecto que destaca permanentemente más allá de los temas abordados.

Laudatio Si’ es una obra literaria en que el Líder Católico escribe sobre el cuidado de la casa común, en referencia al llamado urgente a ponerle un freno a la devastación ambiental, con el apoyo de estrategias concertadas y un cambio profundo en el comportamiento de las sociedades.

En esta encíclica Francisco critica la cultura del descarte, en la que todo es visto como algo desechable, extendiendo así hábitos consumistas insostenibles tanto en el plano ecológico como en el aspecto social.

En otras palabras, el Papa señala que el egoísmo y la soberbia son las principales responsables de la crisis que pone en predicamento la viabilidad de la existencia humana en el planeta, como resultado del calentamiento global, el agotamiento de recursos no renovables y la contaminación del ambiente.

Así, Laudatio Si’ invita a todos los individuos de buena voluntad, independientemente de sus creencias religiosas, a asumir y comprender la interconexión entre humanos y la necesidad de cuidar el mundo en que vivimos.

El texto ha sido citado por gobernantes, organizaciones, activistas y académicos. Ello nos habla de su trascendencia, a pesar de los cuestionamientos tempranos que recibió, por ser el Papa católico quien abordara un tema aparentemente técnico y científico —la encíclica ha probado su rigor y respaldo argumentativo—.

Fratelli Tutti es una publicación que versa sobre la hermandad universal, apelando a los valores fundamentales que debemos cultivar, si es que aspiramos a superar los grandes retos de la era contemporánea.

En esta encíclica, Francisco acusa la preocupante decadencia de la civilización ocasionada por el abandono de virtudes como la caridad y la solidaridad. El Sumo Pontífice incluso alerta sobre lo que llama la globalización del egoísmo.

Según su perspectiva, el ritmo acelerado de la época actual, con su tecnología y plataformas digitales, permite poco espacio para pensar en el otro y buscar ayudar a los demás. En este orden de ideas, los mayores males del presente serían la indiferencia y la apatía.

Entonces, en Fratelli Tutti se nos plantea la posibilidad de crear una cultura del encuentro, en que reconozcamos al prójimo como una persona con los mismos derechos y dignidad que nosotros. A partir de esta premisa, expone el Papa, podremos convivir con armonía y paz.

La encíclica es un recordatorio de que la única forma de progresar como humanidad es hallando aquello que nos une, y haciendo un esfuerzo por mirar más allá de las eventuales diferencias que no son —no deben ser— motivo de confrontación entre personas ni sociedades.

Laudatio Si’ y Fratelli Tutti son textos muy valiosos que suelen mover a los lectores a la reflexión y ojalá a la acción. En estas encíclicas vemos a un papa Francisco que vuelve una y otra vez a los valores, pero sobre todo, al humanismo universal.

Sin duda, la aplicación de estas propuestas en ámbitos como la política, la economía, la convivencia social y la educación traerían enormes beneficios para todos.

Estoy convencido de que la clave está en comenzar desde la familia y la educación. El futuro no es lo que va pasar, sino lo que vamos a hacer y la ventana de oportunidad es ahora.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

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