—Parece que se ralentizó el retroceso en materia de representación ciudadana en nuestro Estado —aseveró don Polo Ricalde y Tejero con tono magisterial—. La votación que tuvo ocasión el miércoles pasado en el Congreso del Estado así lo hace parecer.
En los ojos del caballero asomaba un brillo tenue que a su amigo le pareció una luz de esperanza en los representantes populares. Don Polo le aclaró que se debía a que bebió muy deprisa el expreso cortado.
—Ahora sí me dejó en babia, don Polo —Ángel Trinidad daba cuenta de una concha a la que hacía chuc en su café—. ¿Lo dice por la reforma constitucional no verificada o por la modificación al código penal sí ejecutada?
Con la maestría que da la experiencia, don Polo cerró y dobló en forma cuidadosa el Diario del jueves antes de responder con solidez.
—Ni por una ni por la otra —sonrió—. No sé qué tiene abril que es el mes favorito de poetas y diletantes, y el que a muchos artistas les gusta para dar el último suspiro. Ahí tienes a Pedro Infante, la Félix, Dolores del Río, Cantinflas, Javier Solís… ¿Sigo?
—Párele, don Polo. Va a recitar todo el elenco del cine mexicano.
—Pues bien, abril tiene lo suyo. También en cuestiones políticas locales. Quizá por ser un mes cercano a elecciones, cuando las hay, y los legisladores intentan exhibir a los de enfrente, en abril suelen llevarse a votación temas candentes para la sociedad, esos que motivan a la gente a manifestarse en el Congreso por uno y otro bando, a favor y en contra de una causa. Es decir, en Yucatán “los idus de marzo” son en abril.
—El miércoles hubo bandos a favor y en contra de la despenalización del aborto —aseveró Ángel Trinidad—. Yo estuve ahí.
Don Polo entornó los ojos con sorpresa.
—¿En qué bando?
—En ninguno. Estuve de huelemoles. Averiguando. Usted me ha dicho que debo involucrarme en los temas importantes para la ciudadanía. Por eso fui. Aunque en este caso no solo se me hace relevante el tema, sino también la manifestación y confrontación de ideas. No cualquier tema despierta la participación ciudadana como el de este miércoles. Aunque algunos de los presentes…
Ahora estaba más sorprendido, don Polo.
—Me sorprendes positivamente. Me da gusto que te preocupes y caigas en cuenta que, sea cual sea el tema, lo más importante es la participación ciudadana. Aunque algunos de los presentes… Sin embargo, hay otro elemento. Me refiero al compromiso de los legisladores, ya no digamos con sus votantes, eso sería pedir peras al olmo, sino con una causa, por polémica que sea.
—¿De qué habla, don Polo? —a estas alturas la concha era historia.
—Volvemos al tema de abril. La votación de esta semana fue el miércoles 9 de abril. Pues bien, hace seis años, el miércoles 10 de abril se realizó otra votación por demás polémica, de esas que abarrotan las tribunas del Congreso. Me refiero a la de los matrimonios igualitarios. Era la LXII legislatura.
—¡Cómo no! Recuerdo esa ocasión. Fue vergonzosa.
—En efecto. Ese día la legislatura pasó al terreno de la ignominia. Y no por el tema, ni por el resultado de la votación. Lo lamentable fue el procedimiento.
—Votaron en secreto, don Polo. ¡Qué desvergonzados!
—En mi pueblo se les llama cobardes. Y, además, absolutamente alejados de los ciudadanos que dijeron representar. El entonces presidente del Congreso, un priista que defendía los tres colores con la misma fiereza que ahora lo hace por el guinda, dijo que la votación sería secreta, “por seguridad y para evitar presiones a los diputados”.
—Pobrecitos. Que yo sepa, nadie los obligó a buscar esos cargos —expuso Ángel Trinidad.
—En efecto. Aquella vez solo dos diputadas que subieron a tribuna exhibieron su opinión, y una que hizo una reclamación contra el voto secreto, llamado pomposamente voto “por cédula”. Es decir, los legisladores votaron en una cédula que depositaron en una urna y luego se contaron los votos… Ahora que recuerdo, una diputada olímpicamente decidió no presentarse a la sesión.
—¿Cuál fue el resultado?
—Eso carece de importancia. El punto es que en materia de representación ciudadana esta vez, al margen de simpatías y antipatías, pros y contras, los legisladores dieron a conocer el sentido de su voto.
—Bueno, mucho avance que digamos, tampoco, don Polo. El parlamento ciudadano del viernes 4 fue a puerta cerrada y solo se permitió a cuatro expositores por bando.
—Tienes razón, pero, insisto, a diferencia de aquel ignominoso 2019, no se refugiaron en el peregrino argumento de proteger a los legisladores, y supimos cómo sufragaron.
—Dicen que algunos votaron de una forma, pero su convicción jalaba en sentido contrario.
—Donde hay línea, no hay ideología ni representación ciudadana que valga, amigo mío. Así se infiere al ver que votaron en bloques partidistas. El Diario —posó su mano en la edición del jueves— dio a conocer el sentido del voto de cada uno de los treinta y cinco. Esta vez no hubo ausencias.
—Que la historia y el pueblo se los demanden.
—Así sea.— Mérida, Yucatán.
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
