Se celebraba en el hipódromo la carrera más importante del año. El dueño del caballo llamado “Flamazo” quería ganarla a toda costa, de modo que consiguió que en un laboratorio le sintetizaran una potente dosis de esteroides en unos cubitos que parecían de azúcar.
Momentos antes de la carrera se los empezó a administrar al animal. Sucedió que un inspector vio aquello, y se acercó rápidamente. “¿Qué le está dando al caballo?” —le preguntó con severidad al hombre. “Azúcar —respondió éste. Le encanta el azúcar”.
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