Si yo me vacuno, no solo me estoy protegiendo a mí, estoy cuidando a todos —Romina Libster
La tosferina probablemente sea una de las enfermedades transmisibles mejor documentadas a lo largo de la historia de la humanidad. En textos antiguos se le nombraba como la “tos de los cien días”.
En París, en 1578, Guillaume de Baillou, considerado el padre de la epidemiología, relata un brote de esta enfermedad, da sus características clínicas y debido a que los paroxismos de tos se presentaban más o menos cada 5 horas les dio el calificativo de “quintas”.
La característica principal de los violentos accesos de tos hizo que se le conociera en la literatura médica hispana como: tosferina, “tos de las fieras”, no confundir con la coloquial “tos de perro”, propia del crup o laringitis estridulosa.
Los anglosajones adoptaron el término de pertussis, del latín per (intensa) y tussis (tos). Los francófonos la conocen como “coqueluche”, posiblemente por el ruido semejante al canto del gallo (coq) con el cual concluye el acceso de tos.
La enfermedad se transmite de una persona a otra al toser, estornudar o respirar muy cerca de alguien mediante las gotitas de flügge, estas pequeñas “microgotas” de saliva y moco donde viajan bacterias y virus.
La característica principal es la tos más violenta registrada en la Medicina, con espasmos y accesos que terminan con una especie de estridor. Cursa con dificultad respiratoria. Los accesos tusígenos son tan fuertes que pueden producir petequias (puntitos rojos) y hasta hemorragias en cerebro, los ojos, la piel y las mucosas. Puede complicarse, sobre todo en lactantes con neumonía y hasta causar la muerte.
Durante muchos años la enfermedad fue atribuida a ambientes húmedos, incluso se pensaba que era producida por hongos. Fue hasta finales del siglo XIX, en pleno auge de los hallazgos en microbiología que, Carl Burger detectara bacterias en una muestra de esputo de un paciente con el cuadro clínico característico.
Años después, junto a Jules Bordet, visualizó pequeños bacilos en el esputo obtenido del hijo de 5 meses de éste último, pero no pudo cultivarlos hasta que, seis años después la enfermedad le dio a otros de sus hijos y con la ayuda de Octave Gengou lograron exitosamente aislar al agente causal y bautizarlo como Bordetella.
En 1912 estos investigadores belgas desarrollaron la primera vacuna. Siendo en aquellos años la tosferina la principal causa de muerte infantil, el biológico tuvo un impacto enorme para revertir la mortalidad, lo cual les valió el premio Nobel.
En 1948 se aprobó una vacuna que combinaba toxoide diftérico, tetánico y la derivada de célula entera de pertussis, conocida como DTP. El impacto a escala mundial representó uno de los grandes triunfos en la historia de la Medicina. Actualmente se maneja la hexavalente.
El surgimiento de antibióticos, sobre todo macrólidos como la azitromicina, selló el tratamiento. Antes de esto, el arsenal para el combate de la tosferina iba desde recursos tradicionales hasta medidas disparatadas: Un emplaste en el pecho con romero, alquitrán y grasa de foca se empleaba en los países nórdicos hasta el siglo XVIII. Tambien se reportó la aplicación de ventosas y soluciones para provocar vómitos.
En fases posteriores se utilizaron infusiones de muérdago, tónicos de corteza de roble y antiespasmódicos. Todavía en la época en que se perseguía a la Bordetella se comercializó un jarabe de heroína (Bayer), que en la etiqueta rezaba: “Efectivo para el alivio de la tos y como tranquilizante para niños revoltosos”.
Empezando el siglo XX se utilizó el cloroformo, la ozonoterapia y hasta dolorosísimas inyecciones intramusculares de éter. Como consecuencia de que el organismo responsable se desarrollaba mejor en medios anaerobios (sin oxígeno de por medio), se aplicaron maniobras de “aireación rápida” que iban: desde baños de aire comprimido, hasta subir a los niños en el asiento delantero de un automóvil con la ventanilla abierta, para alcanzar velocidades hasta de 145 kph, e incluso, por increíble que pareciera, se hizo lo mismo en avionetas, se alcanzaban grandes alturas hasta tres mil metros, se mantenía este nivel por períodos de 15 minutos para después utilizar descensos bruscos de hasta 500 metros. Para el anecdotario de lo absurdo.
En México en1954 se inició la aplicación de la vacuna DPT, la cual se realizó de forma masiva hasta 1973. En 1999 se introdujo la vacuna pentavalente de células completas y desde 2007 se sustituyó por la vacuna pentavalente acelular.
Desde 1991, la cobertura nacional con dichos inmunógenos se mantuvo cerca del 90%. Con el advenimiento del nuevo siglo hubo un relajamiento de las campañas de vacunación. El fenómeno no es exclusivo de México. Además, en Estados Unidos surgieron más frecuentemente grupos antivacunas.
En general, se bajó la guardia durante la pandemia de Covid, pero hay que ser claros que el desastre del desabasto de medicamentos e insumos en la 4T alcanzó también a las vacunas. Hasta el momento de escribir estas líneas, en el país, hay registrados más de 749 casos de tosferina, así como 45 defunciones, lamentablemente todas de menores de un año; triste decirlo, las autoridades reportan que ninguno de estos niños estaba vacunado.
Ya se emitió una alerta nacional. Impensable que estemos ante enfermedades que ya remitían al estudiante de Medicina a los textos, por lo poco frecuente de éstas. Hay focos rojos encendidos, el sarampión, patología por mucho más contagiosa y letal, está tomando fuerza, comienzan a reportarse casos de polio en Estados Unidos e Inglaterra; hay una preocupante resistencia del bacilo de la tuberculosis al manejo tradicional y hasta el presidente Petro en Colombia acaba de declarar emergencia sanitaria por la fiebre amarilla, enfermedad ya erradicada en México; a esta alerta sanitaria se acaba de agregar Nicaragua.
La Historia nos ha dado muchas lecciones y las enfermedades no son la excepción. Por esto hay que aprovechar la venidera semana de vacunación, una bocanada de oxígeno puro a nuestro sistema de salud. Justo reconocer este afortunado golpe de timón.— Mérida, Yucatán.
Correo: arredondo61@prodigy.net.mx
*Médico y escritor
