Extracto de la intervención del autor en el acto conmemorativo del Día del Trabajo, celebrado por la Sección 57 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación el pasado primero de mayo:

Hoy es un imperativo ético hablar de los movimientos y gestas que dieron origen a la celebración Día Internacional del Trabajo.

Es obligatorio recordar a los Mártires de Chicago, condenados a la horca por encabezar una huelga que pugnaba por el establecimiento de la jornada de 8 horas: Adolf Fisher, periodista alemán de 30 años; Albert Parsons, estadounidense de 39 años, también periodista, de quien se probó que no estuvo en el lugar y aunque no fue tomado preso se entregó a la policía para estar con sus compañeros; Georg Engel, tipógrafo alemán de 50 años; Hessois Auguste Spies, periodista alemán de 51 años; Louis Linng, carpintero alemán de 22 años, quien para no ser ejecutado en la horca se suicidó en su celda.

También cabe recordar al zapatero Bartolomeo Vanzetti y al vendedor de pescado Nicola Sacco, inmigrantes italianos anarquistas injustamente ejecutados tras un juicio amañado el 23 de agosto de 1927 en Massachusetts, solo por participar en las luchas de los trabajadores.

En México, la huelga de los mineros de Cananea, Sonora —quienes demandaban jornada de 8 horas y un salario mínimo decoroso—, fue sangrientamente reprimida por Porfirio Díaz en junio de 1906. El saldo fue de muchos muertos, detenidos y confinados en la cárcel de San Juan de Ulúa.

Asimismo, cabe rememorar el sanguinario aplastamiento de la huelga de los textileros de Río Blanco, Veracruz, en enero de 1907, a manos de la dictadura porfirista, con un saldo de varios muertos entre obreros y sus familias.

También debemos mencionar la huelga magisterial de 1956-1958, encabezada por el Movimiento Revolucionario del Magisterio, a cuya cabeza estaban varios dirigentes democráticos como Othón Salazar Ramírez, movimiento que fue reprimido por el gobierno con saldo de heridos y presos políticos.

A lo anterior cabe sumar el movimiento ferrocarrilero de 1958-1959 encabezado por Demetrio Vallejo y Valentín Campa, que pugnaba por mejores salarios y por la democracia sindical, con saldo de muertos y presos políticos, así como el movimiento de los médicos residentes en 1965, con la participación de un destacado yucateco: el Dr. Gilberto Balam Pereira, preso político de Lecumberri.

Creo también que ya es tiempo de que se revalore el papel histórico que ha jugado el SNTE en la lucha por la reivindicación de los derechos del gremio magisterial en los 81 años de su existencia.

Como en todos los procesos, la historia del SNTE y su papel en la configuración del sistema político mexicano tiene sus claroscuros, y en esta revisión histórica del sindicato más grande del mundo habrá que ser críticos pero justos, es decir, sin menoscabar las grandes aportaciones que esta poderosa organización ha hecho tanto en la defensa de los derechos del magisterio nacional como en su inquebrantable defensa de la educación pública, laica, gratuita y democrática amparada por nuestra Carta Magna.

¿Pero finalmente para qué sirve este breve repaso histórico? ¿Qué significado debemos darle hoy al primero de mayo? ¿Es que acaso no ha habido cambios favorables para el conjunto de los trabajadores y trabajadoras en México y en Yucatán?

Sin duda se han producido cambios y avances que han favorecido a los trabajadores en general, especialmente a los más vulnerables.

Se incrementó el salario mínimo como no sucedía en décadas, pues pasó de $ 88 diarios en 2018 ($ 2,640 mensuales) a $ 279 diarios en 2025 ($ 8,364 mensuales), un aumento nominal del 200 por ciento.

La creación del Fondo de Pensiones para el Bienestar permitirá al sector laboral más vulnerable, tanto del IMSS como del Issste, obtener una pensión mínima decorosa de $ 16,777 mensuales, lo que ha sido sin duda un acto de justicia por parte del gobierno de la Cuarta Transformación.

Los programas sociales son un esfuerzo ingente que ha propiciado una mejor distribución del ingreso nacional, tan concentrado en unas cuantas manos durante el negro periodo neoliberal.

No obstante lo anterior, la celebración del primero de mayo mantiene su vigencia por varias razones. Primero, porque sirve para reconocer el costo que ha tenido que sufrir y pagar el sector laboral en su ardua lucha por sus derechos y reivindicaciones.

Segundo, porque es ocasión para reflexionar críticamente sobre el cuadro que vive el mundo actual y los trabajadores mexicanos en particular.

Tercero, sirve para asumir conscientemente el rol que debemos jugar cada uno de nosotros para contribuir a cambiar el estado de cosas que afecta adversamente a millones de personas en México y en el mundo.

Cuarto, porque en México y en Yucatán persisten la desigualdad extrema y la concentración del ingreso y la riqueza social.

Quinto, porque importantes núcleos de trabajadores y trabajadoras sufren la violación continua de sus derechos: bajos salarios, despidos injustificados, falta de justicia laboral, negación del derecho a la sindicalización.

Sería prolijo seguir enlistando el cúmulo de calamidades de distinto tipo que aún experimentan millones de personas en el mundo: hambre, desnutrición, falta de servicios sanitarios, desempleo, subempleo, precarización del trabajo especializado o calificado (especialmente entre los jóvenes), falta de vivienda, guerras irracionales, emigración, genocidio en Gaza, pensiones insuficientes, salarios de hambre, carencia de prestaciones de Ley, incierto futuro para las y los jóvenes, etc.

La persistencia de estos graves males —que son producto del egoísmo, la ambición insaciable y la maldad humana propios del sistema capitalista—, son razones más que suficientes para considerar que se mantiene vigente el significado económico y político de la celebración del primero de mayo como un día de lucha social en todo el mundo.— Mérida, Yucatán.

canek_1999@yahoo.com.mx

Doctor en Educación. Exdirector de la UPN en el Estado; director de la Escuela Normal Superior de Yucatán.

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