Eduardo Huchim Omnia
Eduardo R. Huchim, periodista.

Sin mengua de la importancia de los compromisos adoptados el domingo 4 de mayo de 2025 por Morena, a propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, el principal contenido de la carta presidencial enviada a la dirigencia y la militancia de Morena está al final de la misiva: “No nos confiemos. Es mucho lo que está en juego, el presente y el futuro de nuestra nación”.

Morena es un fenómeno político sin precedente en México, por su meteórico ascenso al poder, de la mano de su fundador, Andrés Manuel López Obrador, el carismático líder que conquistó la Presidencia de la República en su tercer intento. El rápido crecimiento de Morena, sin embargo, produjo el olvido o desplazamiento pragmático de principios éticos e ideológicos a los que dio sustancia AMLO a lo largo de su sexenio, con su divisa principal de “por el bien de todos, primero los pobres”, si bien muchos de “los todos” no entendieran que ello implicaba la pérdida de privilegios y el apretamiento de cinturones.

Hoy Morena tiene, además de la Presidencia que retuvo en 2024, mayoría en todo: en la Cámara de Diputados, en la de Senadores, en los congresos estatales, en las gubernaturas de los estados y la Ciudad de México y en cientos de municipios.

En el vértigo que acompaña a tal empoderamiento, es fácil dar cabida a la prepotencia, a la imposición, al dispendio de recursos públicos y, por supuesto, a la corrupción que, si bien el discurso oficial la niega y presume su erradicación, lo cierto es que no solo vive y colea sino se pasea rampante en muchas oficinas públicas. Ciertamente, desde 2018 la corrupción fue expulsada de la Jefatura del Estado, mediante la honestidad y austeridad de AMLO y su sucesora, y este no es un dato menor, sobre todo después de un sexenio como el de Peña Nieto, campeón de corruptelas.

No obstante, en muchas de las oficinas públicas restantes —hay excepciones como Gobernación, SRE, Salud y algunas otras— sería difícil tener certeza de honorabilidad total en las altas esferas, pues no hay transparencia suficiente y sí resistencias a la rendición de cuentas.

En esas circunstancias, si Morena no exige a sus servidores públicos y dirigentes el cumplimiento tanto en materia de transparencia, austeridad y vinculación con los intereses de los pobres, su aceptación y popularidad irán erosionándose hasta que la votación se desertifique. De ahí la advertencia presidencial de no confiarse porque una tendencia frecuente de quienes están en el poder es olvidar sus orígenes y compromisos, dedicarse a disfrutar las mieles de la colmena, olvidando a quienes las producen y comportándose como si tuvieran escriturado el poder para siempre.

Tiene razón la Presidenta cuando advierte: “No podemos olvidar de dónde venimos, de lo contrario olvidaremos a dónde vamos”. Y en este caso, el origen y destino es semejante: el pueblo, pero entendido no como mención retórica, sino como sustancia de un movimiento político.

Los destinatarios. Claudia Sheinbaum cuidó de no personalizar su mensaje dirigido a dirigentes y militantes morenistas, pero los destinatarios fueron rápidamente ubicados, mayoritariamente, en el Congreso de la Unión.

Saltaron, por asociación con la crítica presidencial, los nombres de Ricardo Monreal (helicóptero), Adán Augusto López (avión oficial para una legisladora), Pedro Haces (helicópteros y viajes al extranjero), Gerardo Fernández Noroña (vuelo en primera clase a Europa negado y luego aceptado), Andrea Chávez (precampaña adelantada en busca de la candidatura gubernamental en Chihuahua).

No fueron los únicos destinatarios, pero sí los más notables, si bien ello no debe anular méritos como el institucional desempeño de Fernández Noroña en la presidencia del Senado, cuando lo esperado era una cadena de exabruptos, ni la combatividad inteligente de Andrea en la tribuna de su Cámara, quien —al margen de su anticipación reprobable— merece solidaridad por la despiadada e insultante campaña negra en su contra, en redes sociales.

Importa tener presente la necesidad de transparencia en el Congreso de la Unión y de moderación en prebendas, bonos, boletos de avión y otros gastos dispendiosos que, en conjunto, consumen multimillonarias cantidades de un presupuesto federal que contiene destinos mejores que los privilegios legislativos. Racionalizar el gasto de las dos Cámaras es asignatura pendiente, así como la exigencia de rendición de cuentas.

En este rubro, por cierto, ha quedado en el olvido la denuncia de Adán Augusto sobre desviaciones de dinero atribuido a Ricardo Monreal cuando fue líder senatorial. La bronca fue resuelta y los involucrados hicieron las paces, pero en el éter quedó la pregunta: ¿y los dineros presuntamente desviados? Una democracia genuina e integral demanda que casos como el señalado tenga consecuencias para el acusado, si se probara la acusación, o para el acusador, si se acreditara su falsedad.— Ciudad de México.

@EduardoRHuchim

Periodista

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