El paciente era maduro caballero. Le dijo al médico: “Después del primero quedo algo cansado. El segundo me cuesta más trabajo. Y en el tercero siento que voy a fenecer víctima de un síncope cardíaco o un insulto cerebral”. Le sugirió el facultativo, impresionado: “Pues después del primero ya no le siga”. Replicó el provecto visitante: “Imposible, doctor. Vivo en el cuarto piso”.
Es muy grande mi afecto por Linares, bello lugar de Nuevo León. Linarenses fueron tres amigos míos, entrañables: Manir González Martos, Rolando Guzmán y Jesús Arias.
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