Antes de iniciar, mi colaboración semanal, deseo enviar mi felicitación a Periódico Zócalo al cumplir 60 años de haberse fundado. Mi reconocimiento a mi querido amigo Don Francisco Juaristi Septién por su visión y labor periodística. Felicitaciones a su esposa e hijos por el esfuerzo y dedicación para continuar un proyecto con éxito. Por supuesto, a todo el personal que labora en Grupo Zócalo, como parte importante de esta gran familia. Dios los bendiga.
No acabo de entender lo que está sucediendo en el mundo. Si la vida nos ha sido prestada por un tiempo determinado, ¿por qué no vivirla como Dios lo desea, siendo Él dueño absoluto de todo?
Contrario a lo que debería ser, los grandes liderazgos se empeñan en destruir lo que fue creado con inmenso amor, y lo están haciendo con demasiada violencia.
No se entiende tanta animadversión entre personas que se empeñan en promover pleitos por diversos motivos. ¿Qué está sucediendo en el mundo? Ya no son solo las guerras entre naciones provocadas por conflictos entre grupos que no logran ponerse de acuerdo en una situación existente, sino que el problema se extiende al involucrar a otras partes.
Los involucrados siempre creen tener la razón y no ceden ante nadie. ¿Cuántas veces los líderes mundiales han acudido a las llamadas “Cumbres” para exponer los problemas de sus países?
Exponen, dialogan y ¿qué resuelven? Poco o quizás nada. El conflicto sigue existiendo y se agrava porque nadie cede en sus pretensiones. No se tiene la voluntad ni la intención de que realmente se ponga fin a un problema que afecta por igual a las partes involucradas.
¿Quién gana? ¿Quién pierde? En realidad, todos perdemos de alguna manera.
Porque ante un conflicto donde es utilizado el armamento que cada nación posee, la humanidad está en verdadero riesgo.
Sí, la humanidad, porque el peligro existe por las alianzas que se realizan a favor de las partes en conflicto. El riesgo se extiende por el incremento de armas cada vez más sofisticadas y peligrosas.
¿Quiénes pagan los horrores de una guerra? Los niños ¡por supuesto! ¿Quién piensa en ellos?
Nos hemos preguntado ¿cuántos huérfanos hay debido a la guerra de Ucrania-Rusia? ¿Dónde están? Las guerras, lo sabemos, separan familias ya sea temporal o de manera definitiva. Y no es justo para nadie.
Las escenas que vimos cuando se inició el conflicto entre las dos naciones, eran verdaderamente dramáticas. Los hombres, despidiéndose de su familia porque el deber los llamaba. Había que ir a defender a su patria. Abrazos, besos, caricias al ser amado al que quizás no volverían a ver de nuevo.
Momentos verdaderamente emotivos en una realidad que se presentaba y que no se deseaba. Niños, llevando consigo un muñeco de peluche que vendría a ser su único compañero de juegos por un tiempo indefinido.
La guerra sigue y las pérdidas humanas, también.
Por su parte, recientemente, Israel lanzó un “ataque preventivo” a Irán y justifica sus acciones porque “hoy Irán está más cerca que nunca de obtener un arma nuclear”; “lo que representa una amenaza existencial para Israel y el mundo en general”.
Por supuesto que la humanidad está en riesgo, pero es y seguirá siendo una preocupación constante para todos, mientras los grandes liderazgos se mantengan empeñados en tener lo más sofisticado en armamento.
Todos, de alguna manera vivimos una situación de riesgo ante las amenazas frecuentes que hoy se presentan. No se requiere ir o estar cerca de las zonas en conflicto para recibir de alguna manera los efectos de las agresiones.
México, por ejemplo, está viviendo uno de los peores momentos en su historia. La ambición por el poder de malos gobernantes nos ha puesto en riesgo a todos.
Esa ambición los ha llevado a ceder parte de nuestro territorio al grado que gobiernan delincuentes en lugar de políticos con proyectos que beneficien a la población. Mexicanos han muerto defendiendo su patrimonio; otros han dejado su tierra para ir en busca de mejores oportunidades.
¿Por qué un mexicano honrado y trabajador se aleja de su tierra? Por una razón; para buscar mejores oportunidades. No se puede ni se debe etiquetar a todos por igual. La gente buena y honesta —nuestra gente— lucha por salir adelante y lo logra porque pone su esfuerzo en lo que hace.
El miedo los acompaña, lo intuimos, porque al no tener sus documentos en regla, sabe que en cualquier momento puede ser deportado. Aunque hay que decirlo, no todos se fueron sin permisos. Hubo un tiempo en que se contrataba personal para determinada actividad y se hacía desde la frontera. Había orden y se llevaba un control.
Muchos paisanos, por su desempeño en lo que hacían y su buen comportamiento, lograron regularizar su estatus migratorio.
Todos nos necesitamos y los gobernantes lo saben. Si hay voluntad, se toman buenas decisiones. No hay necesidad de emplear tanta fuerza ni ofender a quienes, por necesidad, se alejan de su tierra. Estados Unidos y México siempre han mantenido buenas relaciones, no es correcto provocar ni iniciar conflictos.
Son tiempos difíciles para todos, hagamos un esfuerzo por vivir en paz hasta donde sea posible.— Piedras Negras, Coahuila.
cholyngarza@yahoo.com
Periodista
