El recién casado despertó por la mañana después de la noche de bodas, y se alarmó al ver que su flamante mujercita estaba llorando congojosamente al pie del lecho. Le preguntó en tono lleno de ternura: “¿Por qué lloras, amor?”. Señaló ella la entrepierna en reposo del muchacho y contestó entre sus lágrimas: “¡Mira! ¡Ya no quedó nada para otras noches!”.
Post nubila Phoebus, decían los latinos. Pasadas las nubes aparece el sol. Equivale a la expresión de uso frecuente según la cual después de la tempestad viene la calma.
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