Noche de bodas. El galán realizó cumplidamente el acto del amor. Orgulloso le preguntó a su novia: “¿Quieres otro?”. “Me gustaría mucho —respondió ella—, pero no está aquí”.
El jet acababa de despegar. El piloto estaba haciendo un anuncio de rutina a los pasajeros cuando de pronto exclamó: “¡Cuidado!”, y el avión dio un súbito viraje que asustó a todos. En seguida la nave se estabilizó, y el piloto se dirigió de nuevo a los pasajeros. “Discúlpenme por favor —dijo—. La señorita azafata me trajo un café, y se le resbaló la taza. Deberían ustedes ver cómo quedó la parte delantera de mi pantalón”. “Eso no es nada —masculló con enojo un pasajero—. El cabrón debería ver cómo quedó la parte trasera del mío”.
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