Cuando desde el oficialismo nos dicen que “vamos bien” y miramos todo lo que está ocurriendo en nuestro México querido, cabe preguntar ¿de verdad? ¿a qué país se refieren? Porque al menos en el nuestro hemos ido retrocediendo peligrosamente.

Y no porque lo diga yo, sino porque es la realidad que no se puede ocultar por más que quieran disfrazarla de bienestar.

¿Dónde quedaron los valores con los que fuimos educados? ¿Dónde quedó el valor para enfrentar situaciones y dar soluciones? ¿Dónde quedó el amor a nuestro México, a nuestras instituciones que nos enseñaron en la escuela? ¿Cuándo empezamos a perder el rumbo? Quizás cuando fuimos relegando los valores que aprendimos en nuestra niñez.

La formación se recibía en los hogares donde aprendimos realmente a comportarnos practicando las enseñanzas de nuestros padres. El respeto, la obediencia, la solidaridad fueron esenciales en el comportamiento.

Ningún padre tenía un manual en casa, que le permitiera enseñar a sus hijos. En los centros escolares aprendimos a convivir con nuestros compañeros, en la instrucción que se nos daba a través de una extraordinaria materia llamada Civismo, que inexplicablemente se retiró del plan de estudios.

El hogar ha sido siempre el lugar donde se coloca la primera piedra para construir una sociedad; ha sido en el núcleo familiar donde se conocen, practican y fortalecen las relaciones. Más bien que mal infinidad de familias, sin importar condición social o económica, formaron excelentes personas.

Para los padres, lo importante era darles a los hijos una buena educación; enviarlos a la escuela y continuar sus estudios hasta lograr recibir un título universitario. Muchísimos lo lograron; quizás otros —por diversas causas— no ingresaron a una universidad, pero sí se prepararon para el trabajo mediante un oficio o una “carrera corta” y así empezaron a trabajar.

Un buen padre siempre tiene la ilusión de ver a sus hijos realizados; está consciente que la preparación es importante ya que es la llave que abre las puertas hacia el éxito. Para alcanzarlo se requiere de esfuerzo, de constancia, de sacrificios al principio.

El estudio fue en un tiempo considerado como “la mejor herencia” que los padres podían dejarles a sus hijos. Gran verdad. Una educación con valores es un gran tesoro que nadie nos puede arrebatar. Quien recibió esa formación —no importa el tiempo que transcurra— no olvidará lo aprendido.

Sin embargo, hay que reconocer que la convivencia se ha tornado cada vez más difícil. “Ya no hay valores” expresan algunas personas. Por supuesto que hay valores, pero se han modificado a conveniencia de quien los pone en práctica.

El respeto, valor fundamental en las relaciones humanas, ha dejado de practicarse para imponer criterios a modo. No se respeta ya al maestro, al policía, al militar, tampoco a los padres. Nuestra sociedad ha cambiado porque desde el hogar y los centros escolares se dejó de hacer la tarea con los niños.

Por ejemplo, ver a grupos de maestros ofrecer un mal ejemplo a los niños, al promover marchas que desquician las ciudades y plantones por largo tiempo sin que les importe dejar a los alumnos sin clase. Tiempo perdido, calidad en la enseñanza disminuida. Falta de respeto a padres de familia y la niñez por parte de quienes se supone son educadores y se les paga para impartir enseñanza.

No solo el grupo de maestros disidentes pone el mal ejemplo, sino también el gobierno que tolera tal situación, y muestra su falta de respeto a los ciudadanos.

Como falta de respeto ha sido pretender callar a periodistas, porque a unos políticos mediocres no les gustó lo que escribieron. Abuso de poder, no solo de ellos, sino de quienes —con sus decisiones— resolvieron de manera unilateral en contra de profesionales en medios y de ciudadanos.

La libertad de expresión ha sido atropellada al pretender silenciar voces, escritos, opiniones que no favorecen a quienes por tener un cargo se consideran dueños de instituciones. Practican la soberbia y manejan situaciones a su conveniencia.

Pretenden ignorar que un día podrán estar en una posición adversa y reciban multiplicado lo que hoy han hecho. “No hagas a otro lo que no quieras para ti”, para más claridad: “con la vara que mides serás medido”. Lo que para unos es karma, para otros, justicia de Dios. Y llegará.

Están equivocados aquellos que se consideran dueños del país. Ningún partido político había abusado tanto del poder como ahora lo estamos viendo. Así como ningún gobernante se atrevió a destruir nuestras instituciones. No merece gobernar quien traiciona a su patria.

Se podrán comprar conciencias y cambiarse de grupo político, pero su nombre quedará manchado por su posible relación con grupos criminales que han cubierto de sangre inocente, el suelo mexicano.

No dejemos que nuestro México se nos escape de las manos. Ni permitamos que nos gobierne la ignorancia, la maldad y la traición.

Periodista

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