A diferencia del pasado reciente, digamos de fines del siglo XX y principios del XXI, en la actualidad son pocos los discursos de candidatos que se recuerdan por haber definido su campaña o dado un giro al sonsonete sempiterno en que se han convertido.
Como piezas de museo quedan discursos como aquel del 6 de marzo de 1994 de quien a la postre fue el malogrado Luis Donaldo Colosio. O el de Luis Echeverría al deslindarse desvergonzadamente de la masacre del 68, gesto que acentuó al guardar un minuto de silencio en la Universidad de Morelia. Ambos hechos fueron considerados por Díaz Ordaz como traición. Tan fuerte fue la cólera del poblano, que poco faltó para cambiar de candidato en favor de Emilio Martínez Manatou.
Difícil es ahora quitar la paja a los discursos de candidatos con intención de encontrar solidez. Por lo general no la hay. Hallar uno que marque un punto ya no de inflexión, sino de interés, es encontrar la aguja en el pajar. De esto no se salvan los candidatos de ningún partido.
Puestos en esa labor de rastreo, recordamos el discurso del viernes 12 de abril de 2024 del candidato a la gubernatura Joaquín Díaz Mena, cuando, en el hotel Holiday Inn, hizo una promesa contundente: “Yucatán es, ha sido y seguirá siendo seguro; ese es mi compromiso”.
Lo dijo al presentar su plan de acciones de gobierno en materia de seguridad y justicia social, que, expuso, “se sustenta en instituciones de seguridad pública sólidas, órganos de justicia más asertivos y cercanos a la sociedad y el ataque frontal a los agentes que detonan la violencia y la inseguridad”.
Dos días después, en gira por la costa, indicó que “con el gobierno de la cuarta transformación, la tranquilidad del estado y el bienestar para todos son prioridad”. En aquel recorrido se comprometió a que “con el respaldo de Claudia Sheinbaum se invertirá de manera constante en las corporaciones policíacas y los sistemas de seguridad para que estén a la vanguardia en los avances en tecnología y sistemas digitales, dotando a los elementos con las herramientas debidas para la labor de vigilancia y prevención del delito”.
En efecto, en la pasada campaña electoral a la gubernatura el gran tema fue la seguridad. Mientras un bando aseguraba que se perdería en caso de llegar los otros, éstos garantizaban que “Yucatán es, ha sido y seguirá siendo seguro”.
Lo que se está haciendo, sin embargo, parece no impactar en el ánimo de la ciudadanía. Ni Mérida ni ninguna ciudad de Yucatán figuran entre aquellas donde los habitantes registran los niveles más bajos de percepción de inseguridad, según el más reciente estudio del Inegi.
El levantamiento de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana es trimestral. Al cierre de marzo pasado, Mérida figuraba en el lugar 80 de 91 ciudades encuestadas en percepción de inseguridad. El 39.2% de los meridanos consideró insegura su ciudad. La urbe donde los ciudadanos se consideraron más inseguros fue Villahermosa, Tabasco, con el 90.6%. Vista así, Mérida no estaba tan mal.
Pero sí lo estaba si se considera que ya ni siquiera aparecía entre las diez ciudades donde la percepción de inseguridad era menor.
Y la situación es peor al leer el reporte del segundo trimestre, que se publicó anteayer y del que dio cuenta el Diario en su edición de ayer. La ciudad más insegura ya no es Villahermosa, es Culiacán, con 90.8%.
Mérida aparece en la medición de junio con un porcentaje de 41.9% de percepción de inseguridad. Delante de la Ciudad Blanca hay 14 con menor porcentaje. En marzo eran 11 ciudades con mejor calificación.
Esta encuesta no revela si la delincuencia, la inseguridad pues, es mayor o menor. Lo que revela es la percepción que los habitantes de cada ciudad tienen. A qué se debe: pueden ser numerosos factores, pero todos tienen que ver con el hecho de que están viendo, leyendo y oyendo algo que afecta para bien o para mal esa percepción.
Finalmente, el dato demoledor: al cierre de 2024, la percepción de inseguridad en Mérida era de 31.5%. Es decir, en seis meses brincó 10.4 puntos porcentuales, o sea un incremento de 33% en la percepción de inseguridad de los meridanos.
Y la cifra se vuelve más alarmante si se le compara con septiembre del año pasado, cierre del tercer trimestre: 24.6%, un alza de 17.3 puntos porcentuales que equivalen a un incremento del 70% en la percepción de inseguridad de los meridanos desde que comenzó el gobierno estatal actual hasta junio.
¿Funcionan o no las acciones que se han tomado? Eso no lo arroja esta encuesta. Solo habla de percepción, la cual es muy probable que se alimente de los robos a casa habitación, de automóviles, asaltos, muertes como las de jóvenes en Dzununcán o Tekit, este último, aunque fuera de Mérida, parece influir en el ánimo ciudadano.
Desde aquí hacemos un par de votos. El primero porque se cumpla la sentencia de que “Yucatán es, ha sido y seguirá siendo seguro”, que a juzgar por los reportes del Inegi parece debilitarse.
El segundo voto es por el instituto. Estos reportes de percepción de inseguridad no dejan bien paradas a las estrategias de seguridad federal y estatales. Nuestro voto es para que el Inegi no sufra la misma suerte del Inai y otros órganos que arrojan datos incómodos a la 4T.— Mérida, Yucatán
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@olegariomoguel
Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia
