Se acabó la impostura. En un principio fue una incógnita su trayectoria académica, su vida personal y sus realizaciones profesionales, pero a partir del momento en que salió a escena política Andy ha exhibido precariedad cultural e intelectual, personalidad opaca, apetito por los negocios, aspiracionismo y manera ostentosa de vivir.

Primero fue el autodestape: sin más méritos que el de ser hijo de su papá, Andy insinúa que va por la jefatura de gobierno de Ciudad de México; ha pedido que no le llamen Andy porque así se oculta el capital que porta por el hecho de llamarse “igual que el más grande presidente que ha tenido México” (cuando desaparezcan las pensiones y con ellas el espejismo que producen, se verá un depredador).

Se va de vacaciones a Tokio, según explica, porque es su manera de aliviar las extenuantes jornadas de trabajo. Para quien no tiene la mala costumbre de trabajar, las tareas del secretario de organización del mayor partido político de México deben ser agotadoras.

Dice que en el Hotel Okura pagó 7,500 pesos por noche, pero la noche cuesta 20,500 pesos, una mentada de madre para la gente común.

José Ramón, el hermano mayor, se da la gran vida; el menor, Jesús Ernesto, ya vive con su mamá en España donde acudirá a la Universidad Complutense de Madrid. La manera de vivir de Andy y sus hermanos muestra el desprecio por la austeridad republicana y por las instituciones que creó su padre. Pero, más allá de la grosera exhibición de riqueza, lo que importa es el origen de esos recursos. ¿De dónde sacan los López Beltrán para vivir como viven? No les falta razón a sus críticos cuando alteran una de las frases más conocidas del Señor de Palenque: “Por el bien de todos, primero los López”.

La presidenta Sheinbaum denuncia que la campaña para desprestigiar a Morena está diseñada y operada desde la oposición; no es así: es la propia clase gobernante la que se ha encargado de mostrarse en cueros. Los transportes en helicóptero, el turismo parlamentario en business class, sus camionetas de lujo, sus relojes de alta gama, sus paseos a destinos exclusivos… Hoy la nata del obradorato podría inscribirse en un compendio de la impudicia: Fernández Noroña, Pedro Haces, Ricardo Monreal, Rubén Rocha, Félix Salgado Macedonio, Sergio Gutiérrez Luna, Diana Karina Barreras…

En los días del presidente Fox, un periodista entrevistó a Manuel Bribiesca sobre el enriquecimiento de sus hijos. Su respuesta fue un monumento al cinismo: “si mis hijos no aprovecharan la posición de su madre (Marta Sahagún) sería pen…”. Hoy el pueblo “bueno y sabio” todo les dispensa a los obradoristas por una gran razón: roban, pero salpican.

Transcurridos siete años de la “austeridad republicana”, la nueva clase gobernante se quita la máscara y se muestra tal cual es: una camarilla de arribistas disfrazados de pueblo. Pero Andy no tiene de qué preocuparse, solo le abollaron la corona, una ciudadanía aletargada les perdona todo, al menos mientras sigan recibiendo sus pensiones.

Licenciado en Derecho

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán