Hoy en día es cada vez más común ver en las noticias reportes sobre inundaciones, sequías, huracanes, tifones y otros eventos climáticos. Se percibe que estos eventos están relacionados con el calentamiento global y el ciudadano promedio no sabe cómo reaccionar o qué pensar al respecto.

Ese desconcierto y a veces alarma nos impide reflexionar sobre los motivos que contribuyen a la aceleración de esos fenómenos.

Aunque el cambio climático es un fenómeno multifactorial, es cada vez más claro que uno de esos factores es el crecimiento e impactos de las actividades humanas sobre el ambiente.

Para que nuestras sociedades modernas puedan existir, es necesario generar electricidad, producir alimentos y fabricar toda suerte de artículos para ser usados en nuestra vida cotidiana. Todas estas actividades generan gases de efecto invernadero, principalmente bióxido de carbono, y estos gases se acumulan en la atmósfera.

Ante esto un par de preguntas interesantes son: ¿Qué papel juega un ciudadano promedio? ¿Cómo puede este ciudadano promedio contribuir a una emisión más desacelerada de estos gases?

Las respuestas parecen converger en una misma idea: El consumo responsable.

Si el ciudadano promedio se diera cuenta de que hay formas más responsables de consumir y que al mismo tiempo pudieran incluso mejorar nuestra forma de vida, probablemente se viera inspirado a hacer cambios en las decisiones de compra.

La pregunta clave es: ¿Cómo hacer para que el ciudadano promedio se dé cuenta de esta necesidad y de que al mismo tiempo no suena alarmista?

La contribución de esta columna a esos interrogantes es: la cultura, y en nuestro caso, la cultura tradicional de Yucatán.

¿Por qué?

Por cultura tradicional de Yucatán quisiera proponer los usos y saberes de las áreas rurales de Yucatán, la cultura gastronómica de las personas de origen maya y los conocimientos acumulados en el manejo de la milpa.

Estos saberes están todos relacionados con los ciclos estacionales y con un nexo respetuoso y consciente con el territorio.

Cuando nos acercamos a las áreas rurales y aprendemos los ritmos y alimentos de la milpa, sabemos que los frutos que rinden tienen una estacionalidad precisa.

Aprendemos que consumir alimentos de temporada es una manera de no demandarle a la tierra más de lo que cíclicamente es capaz de producir. Cuando estamos acostumbrados a acudir a un supermercado a comprar cualquier producto aunque esté fuera de estación, implica un enorme consumo energético en su producción intensiva, traslado y conservación. Todo esto implica crecientes emisiones de gases de invernadero.

Cuando participamos en los municipios de las comidas tradicionales con los productos de estación o cuando presenciamos la pesca tradicional, sabemos qué tipo de productos ofrece nuestra tierra y cuándo es mejor consumirlos.

Cada platillo de la costa o del campo ha llegado hasta nosotros a través de procesos de adaptación, todos ellos nutren y alimentan.

Además, si fuéramos capaces de presenciar el proceso en el que las mujeres del campo desgranan las mazorcas de maíz, ofrecen plegarias por esos frutos, acuden al molino para obtener la omnipresente masa y cuando ponen a calentar el nixtamal, tendríamos más admiración por los alimentos que han sustentado nuestra cultura durante siglos.

Ser conscientes de estos ritmos y procesos nos vuelve consumidores más conscientes y menos pasivos, nos ligan al territorio, reducen la huella ambiental y reducen el desperdicio.

Un famoso chef local nos contó que una vez en su renombrado restaurante se dio cuenta del desperdicio de tortillas entre sus cocineros y se le ocurrió la idea de llevarlos a pasar un fin de semana para ser testigos de los trabajos que conlleva preparar las tortillas hechas a mano.

Sin hacer discursos o regaños, los cocineros redujeron el desperdicio al mínimo.

La idea principal entonces es ¿no sería una buena idea acercarnos a nuestros municipios, ser testigos de sus ritmos y procesos y convertirnos de esa manera en consumidores más responsables?

Yo creo que sí.— Mérida, Yucatán

Profesor universitario de las Licenciaturas en Turismo Internacional y Gastronomía. Facultad de Economía y Negocios, Universidad Anáhuac Mayab

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán