El Diario de Yucatán informó en su edición del lunes 8 que Rommel Pacheco y Lylo Fa bautizaron a su hijo Rommel Alberto el domingo anterior en la Ermita de Santa Isabel, al sur del Centro Histórico de Mérida. Según se dijo: “desde hace un par de días, el titular de la Conade y la creadora de contenido difundieron la invitación en redes sociales y anunciaron que la misa sería abierta a todo público para quienes desearon acompañarlos con oraciones y buenos deseos en este momento tan especial para ellos y su familia”.
Actualmente, con la irrupción de las redes sociales en todos los estratos de la sociedad, lo privado ha pasado ser público.
Es decir, muchos ciudadanos suben en sus cuentas de Facebook, X (antes Twitter), Instagram y Tiktok, el día a día de su acontecer cotidiano; desde fotografías de sus comidas, de sus reuniones sociales, de sus estados de ánimo, de sus logros, incluso, de la intimidad del hogar y, sin menor recato, imágenes con sus hijos, padres, abuelos y, en general, dejando constancia absolutamente de todo.
Muchos lo hacen para dejar recuerdos de su vida y para que, las mismas redes sociales, el día de mañana, con el pasar de los años, se los recuerde. Otros, para “farolear”, como se dice popularmente, y para sacar “raja” política, como es el caso del ex atleta “chapulín” Rommel Pacheco.
Todo lo anterior, reviste ciertos riesgos, sobre todo, por los niveles de inseguridad crecientes en nuestro país y porque, toda esa información que voluntariamente se sube, puede ser usada por delincuentes para cometer secuestros o robos. Sin quererlo, podemos estar poniéndonos en riesgo y poniendo en riesgo a nuestros seres queridos.
Pero, ¿qué pasa cuando un funcionario público, electo o designado, usa las redes sociales para presumir su vida familiar, alardear de sus bienes, de sus viajes, aniversarios, bautizos, cumpleaños y, en general, de su vida privada?
Varios servidores públicos (de todos los partidos) actualmente lo hacen, quizá con la idea de querer parecer ciudadanos normales y “caer bien”, aunque, al exponerse excesivamente, ponen en riesgo la tranquilidad de su familia, a cuyos miembros someten al escrutinio (y a veces al escarnio) público.
Por otra parte, los ciudadanos, ya estamos saturados de tanta banalidad de nuestros gobernantes y legisladores, a quienes elegimos, no para que su vida sea exhibida en una vidriera o para verlos en una especie de reality show, sino para que den resultados, resuelvan problemas, fomenten el desarrollo y trabajen para procurar el bien común.
Los políticos deben dejar en la esfera personal y privada sus relaciones, creencias y actividades familiares, sobre todo, porque los cargos son pasajeros y porque a los ciudadanos no nos es relevante nada de eso. Es más, el ámbito de la vida privada de un servidor público debe ser respetada y protegida de cualquier intromisión indebida, a menos que tenga un impacto directo y relevante en su función pública (como un evidente y súbito enriquecimiento).
Ahora bien, todas las acciones y decisiones tomadas por un funcionario público en el ejercicio de su encargo, son de interés público y deben ser transparentes. Lo anterior sí es de interés nuestro. Esto, incluye acceso a la información sobre sus decisiones, contratos, gastos, acuerdos, acciones, etc. La transparencia es importante porque dificulta la comisión de actos de corrupción, ya que las acciones del funcionario son objeto de escrutinio.
Sin embargo, actualmente, varios gobernantes hacen las cosas al revés: ostentan su vida privada y lujos, mientras no transparentan su desempeño público. Y luego se quejan cuando los medios indagaban sobre el origen de su fortuna y del dinero que usan para sus lujosos viajes y fiestas, así como por la compra de millonarias casas.
En conclusión, en el ámbito de la política, la vida privada debe quedar en lo privado y la función pública en público y en transparencia. Los políticos, deben separar su vida personal del desempeño de su encargo y garantizar que sus acciones en la función pública sean transparentes y accesibles al público.
Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán.
Profesor
