Estamos ya en el mes de septiembre, mes identificado por todos los que habitamos en estas tierras nacionales como festivo, por el gran acontecimiento de la independencia del dominio español, lograda por el cura Miguel Hidalgo y Costilla, junto con otros héroes amantes de la libertad.
Es un tiempo en donde los adornos multicolores y las canciones populares que resaltan nuestra conciencia de mexicanos y costumbres originarias se escuchan por toda nuestra patria.
En donde el orgullo de ser y vivir en este territorio florece en todos los que nos identificamos como hijos nacidos del símbolo del águila y la serpiente, firmemente anclados en el nopal.
Sin embargo, la identidad de un pueblo es algo que va más allá de la algarabía que sus ciudadanos puedan experimentar, porque el Ser conlleva anhelos de crecimiento, de libertad y vivir lo más dignamente posible, para así experimentar la felicidad con aquellos que son los nuestros.
Es por esto por lo que muchos nos preguntamos si hay motivos reales para sentirnos orgullosos de festejar y gritar a todo pulmón: ¡Viva México! Cuando contemplamos que nuestros representantes políticos dan la impresión de no haber comprendido que el cargo que ostentan es de servicio y no de conflicto agresivo o lucha física para imponer su ideología, eliminando así el diálogo como instrumento de acuerdo.
Cuando es indiscutible el enriquecimiento de una gran mayoría de servidores públicos que, haciendo caso omiso de la extrema necesidad de nuestro pueblo, adquieren bienes, propiedades y accesorios lujosos que oscilan en cantidades imposibles de tener por quienes vivimos en el mundo real.
Cómo gritar ¡Viva la soberanía mexicana! si el poder de elegir y tomar decisiones de orden político y económico nos ha sido quitado al eliminar las instituciones que las custodiaban y procuraban el recto uso de las leyes y normas que de ellas emanaban para el bien común del pueblo.
Cómo vociferar ¡Viva México libre! si miramos cómo una ideología dictatorial ha ido eliminando la libertad de acceso a la información y con argumentos fincados siempre en “la seguridad nacional”, nos han arrebatado el conocer la forma como nuestros impuestos y recursos económicos son invertidos en megaproyectos como el Tren Maya, el aeropuerto Felipe Ángeles y la refinería de Dos Bocas.
Cómo experimentar el gozo que da vivir en un país libre si veladamente se van gestando leyes que pretenden censurar a quienes deseamos manifestar que la realidad no concuerda con los datos y estadísticas oficiales.
O cuando las voces libres van desapareciendo o sufriendo exposiciones vergonzosas al ser exhibidos a castigos que violan sus derechos humanos fundamentales.
Cómo pregonar ¡Viva México y los héroes que nos dieron paz! si nuestros gobiernos han desterrado de sus políticas la búsqueda de este deseo al permitir que los cárteles del narcotráfico se hayan apoderado de una gran mayoría del territorio nacional; cuando la violencia ha llegado a un récord histórico y nuestro amado México encabeza los rankings mundiales de las ciudades con mayores tasas de homicidios y desaparecidos.
En el epílogo de su libro: “El regreso a la jaula”, el antropólogo y sociólogo Roger Bartra nos deja un análisis de la vida política y el deterioro democrático de nuestra nación, el cual considera como seriamente dañando; pero también nos anima a no olvidar que el futuro del país dependerá de nosotros y que corremos el riesgo de que: “si una gran parte de la ciudadanía abandona el afecto por la democracia y se deja deslumbrar por las fanfarronadas populistas, el país entrará en una fase oscura de la historia”.
Por eso, nos corresponde urgentemente no dejarnos deslumbrar por lo festivo, por el espectáculo que representa un aniversario más de nuestra independencia, sino ser conscientes de que gritar: ¡Viva México! implica ser los primeros generadores de un cambio profundo, de un nuevo estilo del Ser nacional.— Mérida, Yucatán
Sacerdote católico
