“¿Su viaje es de placer o de negocios?”. Eso le preguntó el recepcionista del hotel a don Algón, que llegó del bracete de una estupenda rubia. Respondió el salaz ejecutivo: “El mío es de placer. El de ella es de negocios”.
De vez en cuando la buena fortuna me lleva a Madrid. Siempre mi viaje es de placer, aunque vaya a perorar.
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