La corrupción se desborda, supura, sale a flote y nuevamente salpica a funcionarios, autoridades y políticos de alto nivel. A pesar de la lucha contra la corrupción tan anunciada en el sexenio pasado, este mal todavía dejó ramas y raíces en los tres niveles de gobierno.

El huachicol fiscal explota y deja ver, entre las llamas de la corrupción, a oficiales de alto rango de la Marina que propiciaron y protegieron este contrabando de hidrocarburos en complicidad con autoridades estatales y empresarios.

En esta red de complicidades, en donde los buques transitaban ilegalmente diésel y otros productos, están los rostros visibles, hasta ahora, de los hermanos Fernando y Roberto Farías Laguna, sobrinos políticos del secretario de la Marina del sexenio pasado, Rafael Ojeda Durán.

Esto refleja el nepotismo y los privilegios que prevalecen pasa ascender en los puestos y luego utilizar ese poder para enriquecerse ilícitamente. Esto salpica a la Marina, a altos funcionarios y empresarios, que coludidos, hacían el negocio millonario con el tráfico ilegal de combustible. No es posible que un secretario de Marina, un gobernador o altos funcionarios aduanales no sepan de este tráfico en aguas mexicanas.

Otro escándalo que sacude a la política y golpea fuertemente al exgobernador de Tabasco y hoy senador por Morena Adán Augusto López es la detención del jefe de Seguridad durante su administración, Hernán Bermúdez Requena, acusado de diversas actividades ilícitas. Fue aprehendido en Paraguay, expulsado de este país y trasladado a México.

El senador rehúye hablar del caso y niega conocer los actos delictivos de su jefe policiaco. Pero es ingenuo pensar que ignorara los ilícitos del comandante, más cuando se hablaba y denunciaba por la prensa esas actividades delictivas en Tabasco y otras partes del país.

Algo similar sucedió con el expresidente Felipe Calderón cuando fue detenido el secretario de Seguridad del país, Genaro García Luna, acusado también de diversos delitos. Es imposible que un presidente o un gobernador ignoren las acciones que realizan sus subalternos de alto nivel, principalmente los jefes de Seguridad.

Los funcionarios, los gobernadores, los presidentes, los alcaldes, los legisladores y los políticos en general siempre niegan cuando son acusados de enriquecimiento ilícito, nepotismo, desvíos millonarios, compra de mansiones de lujo o cientos de hectáreas de tierra, derroche o por crear empresas fantasmas, aunque las pruebas estén a la vista.

Otro caso que impacta la política del país es el de la exalcaldesa de la delegación Cuauhtémoc de Ciudad de México, Sandra Cuevas, de Movimiento Ciudadano, quien está en el ojo del huracán por enriquecimiento ilícito y otros delitos.

Polémica por su autoritarismo, temperamento violento y lenguaje sin filtro, la exedil se vio envuelta en diversos escándalos durante su administración por abuso de autoridad, derroche del erario público y su cercanía con grupos delictivos.

Al ser detenido el “Choko”, líder de “La Choquiza”, quien fuera pareja sentimental de la exalcaldesa y acusado de diversos delitos, comenzó a desenredarse el hilo de la madeja y descubrirse, de acuerdo con las investigaciones del Gabinete de Seguridad, que era cómplice de esos grupos y se había enriquecido al amparo de su poder político y la delincuencia.

Es más, Sandra Cuevas es puesta en la lista negra del portal digital de “Narcopolíticos”. Y esto es un golpe a la clase política porque refleja la relación entre funcionarios, gobernadores, alcaldes y legisladores con este tipo de grupos.

Morena abrió las puertas para que ingresara todo tipo de personas, y muchos desertaron de sus partidos, principalmente priistas, llevando consigo sus turbios pasados, denuncias de corrupción y enriquecimiento, buscaban así nuevos puestos, protección y continuar en la nómina oficial.

Por eso muchos diputados federales y senadores plurinominales son “chapulines” o del propio partido que buscaban esa protección y mantenerse en el poder. Otros saltarines han buscado posiciones a nivel federal o estatal. Y ahora con sus acciones de lujos, derroches y enriquecimiento ilícito dejan mal al partido guinda y a las dependencias.

Ante tantos escándalos, nombres, rostros y pruebas los gritos de corrupción son ensordecedores y salpican a la Marina, a otras dependencias, a funcionarios y exfuncionarios. Los retos de la presidenta Claudia Sheinbaum son muchos, el más importante es luchar contra la corrupción. Pero es necesario confrontar el mal, investigar a fondo y sancionar sin miramientos. La credibilidad de las leyes y la justicia, la austeridad y la humildad están en juego. No a la impunidad, caiga quien caiga. — Mérida, Yucatán

Profesor

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