“El presente no llega y tampoco el futuro si no eres capaz de nombrar al pasado como pasado”.— Jan Valtin
Las giras para informar sin rendición de cuentas más bien son proselitistas con las promesas de siempre. Por enésima ocasión se hace referencia al funcionamiento del Hospital de Ticul. Así entendimos la de nuestra presidenta por Yucatán. ¿Será que tiene poco o nada para informar de su primer año de gobierno compartido?
Domingo por la mañana, en la carretera que conduce a mi tierra, vimos por todo el trayecto un inusual movimiento de autobuses para el traslado de morenistas y colados. Antes les decían acarreados, pero como resulta peyorativo, mejor nos quedamos como trasladados. Los que dicen no ser iguales actúan igual que sus tan vilipendiados antecesores. Al menos ya no los trasladan en camiones de redilas, esa sería la única innovación. Pero ni eso, los del Prian, sobre todo los tricolores, dejaron de hacerlo desde que durante el cierre de campaña del tristemente célebre General Alpuche Pinzón se derrumbó parte de los muros de la Plaza de Toros Mérida dejando muerte y numerosos heridos en dantesco escenario.
Ya ven que hasta en eso se parecen los morenistas a sus antecesores, aunque digan no ser iguales. Ya ante un gentío que garantizaba el aplauso fácil, la presidenta se explayó con un discurso que no pasará a la historia por su mucho ruido y pocas nueces. La algarabía reinante era motivada por animadores profesionales y los jefes de manzana o de sector. El ambiente vocinglero se escuchaba a lo lejos, pero aquello no ha de quitar las tremendas máculas que lleva este año de gobierno en el rubro de corrupción asociada a grupos mafiosos; aunque quizá a la mayoría de los asistentes, aquello les importe un bledo, porque lo que quieren es su torta de cochinita, refresco y agradecimiento en especie. Mismas tácticas, diferentes protagonistas en nuestro México de hoy.
Cuando en 1928 se gestaba el actual PRI, entonces PNR, su fundador, Plutarco Elías Calles, dijo a la nación que había llegado el momento de que México dejara de ser el país de un solo hombre para dar paso a uno de instituciones y leyes. Poco, pero en muy poco tiempo se diluyó aquella propuesta, porque el mismo Calles se convirtió en el solo hombre: Jefe Máximo de la Revolución. El Gral. Cárdenas lo expulsó del país, tiempo después, y a partir de entonces existió una monarquía sexenal con poderes metaconstitucionales. En ese ambiente de cortesanos se formó López Obrador el fundador de Morena y ahora quieren devolvernos al pasado sin vida democrática y con la corrupción galopante.
Para el aprendizaje del novel partido en el poder se recurrió a los grandes maestros priistas que propiciarían la permanencia en el pasado. Buen aprendizaje, hasta excederse, porque aprenden rápido los alumnos. Entre los residuos que aún quedan del antiguo partido hegemónico, en sus últimos estertores, su actual presidente lanza graves acusaciones contra lo que él llama el Cártel de Macuspana que involucra al propio AMLO, su familia y cercanos colaboradores. Nada nuevo bajo el sol.
Una compañera en el magisterio dice que es cierto aquello que todos los políticos son igual de bandidos, pero nadie se había acordado de darnos apoyos para pasar nuestra vejez. O sea, que por ese motivo no se debe exigir y hacerse de la vista gorda ante las pillerías, porque así se compra el silencio del pueblo y les garantiza permanencia en el poder con un nuevo Maximato. Dice Agustín Basave: “A las protestas de la oposición se responde con la pregunta retórica: ¿cuántos votos sacaste. Menos que yo ¿verdad? Entonces cállate”.
El efecto búmeran que con dificultades sorteó AMLO durante sus primeros seis años de gobierno por el caso de Ayotzinapa reaparece en cada otoño porque las verdades históricas no han sido convincentes para los familiares, estudiantes y el pueblo, que se da cuenta de las mentiras proteccionistas al gobierno de Peña Nieto y el ejército. Cansado de que les den atole con el dedo los muchachos irreflexivos atacaron cuarteles federales con bombas molotov sin importar les ocurra una situación similar a la de hace 11 años.
La presidenta dice por enésima ocasión que volverán peritos internacionales, pero los chicos bien saben que de nada les servirá, porque no hace caso a los resultados de sus investigaciones. Los comentaristas de los grandes medios de comunicación aprovechan para denostar a los normalistas, como cada vez; quizá no sienten empatía con la impotencia ante un Estado protector de criminales.
En ocasiones, con el paso del tiempo, se deshumaniza el dolor ajeno y, como para lo que es este caso, ya no interesa que se queden sin aclarar los crímenes de Lesa Humanidad como Tlatelolco 68, el Jueves de Corpus, Ayotzinapa, los Lebaron, Aguas Blancas, los Jesuitas en Chihuahua y muchísimos etcéteras. Las conmemoraciones se vuelven pachangas, se apuesta al olvido. Sólo los afectados sufren el dolor perenne de las injusticias, han perdido la esperanza por la muerte de un hijo, familiar o compañero. El Estado apuesta al paso del tiempo, tal como ocurrió en la era de aquel PRI represor al que tanto cuestionó el César morenista, pero que en el fondo admiraba pues en sus entrañas rupestres aprendió el quehacer político.
A la gira presidencial puede manchar aún más, la relación “cuatroteista” con la Iglesia Luz del Mundo, ya que connotados ministros de aquella religión ocupan cargos en su gobierno. No tendría nada de malo si los seguidores del Apóstol Naasón Joaquín García, preso en los Estados Unidos, no tuviesen relación con el descubrimiento en Michoacán de un campamento de su iglesia con armas y equipo táctico, lo que según las autoridades sugieren que son para entrenamiento militar.
Existe una nueva serie disponible en plataformas de streming, por cierto muy buena investigación y bastante interesante para recordar lo que nos tocó vivir, se llama “PRI: Crónica del fin”, pero Diego Fernández de Cevallos, gran protagonista de la política mexicana desde el siglo anterior nos dijo que nunca estuvo más fuerte el PRI, que ahora, sólo cambió su camiseta tricolor por una guinda. Certero como siempre con dosis de ironía.— Espita, Yucatán
Escritor
