Fernando Ojeda Llanes (*)
En escritos anteriores he mencionado los documentos de información financiera que se requieren para conocer en las empresas, tanto su situación económica como su estructura financiera. Cuando se necesita conocer con más profundidad las cifras reportadas en estos instrumentos se procede a realizar un análisis financiero por cualquiera de los métodos de análisis, uno de éstos es el de razones financieras.
Cuando deseamos conocer su capacidad de pago a corto plazo dividimos el activo circulante entre el pasivo circulante; cuando el resultado es arriba de uno se dice que la empresa tiene liquidez a corto plazo y si es menor a la unidad es falta de liquidez, esto no significa tener el dinero disponible, porque este puede ser hasta de cero y lo que le daría posición son las demás cuentas como clientes por cobrar, inventarios, productos terminados y otras cuentas.
Para conocer la situación de su dinero disponible se formula el estado de flujo de efectivo; estos son números fríos, debemos conocer las teorías financieras para una mejor gestión empresarial, veamos qué es Solvencia y qué Liquidez.
He escuchado entre empresarios sobre la salud financiera de las empresas y se presenta el tema de Solvencia y Liquidez, estos son conceptos distintos, pero podemos mencionar que son inseparables.
El término solvencia garantiza el futuro, la liquidez sostiene el presente, sin embargo, muchas organizaciones siguen confundiendo la fortaleza de su negocio con la seguridad de tener dinero en caja o bancos.
La solvencia viene siendo, en esencia, una buena promesa. Es mantener la certeza de que la suma de los activos supera a los pasivos o deudas —alto capital contable— y que tarde o temprano se tendrá con que responder.
Es como una fotografía a largo plazo que permite proyectar crecimiento, negociar financiamientos, transmitir confianza a los inversionistas, pero esta situación puede ser engañosa si se ignora el tema de la liquidez.
La liquidez es la capacidad de hacer frente a lo inmediato: pagar la nómina de la quincena, el pago de proveedores el día de mañana, la urgencia de cumplir con un compromiso fiscal, el vencimiento de una deuda bancaria; observemos entonces que de poco nos sirve ser dueño de valiosos activos, si estos no pueden convertirse en dinero en el preciso momento en que la empresa lo requiere.
Entonces tenemos un dilema y surge cuando la gestión empresarial se centra en mostrar solvencia y descuida la liquidez o viceversa. Una compañía puede demostrar que es sólida en sus estados financieros, sin embargo, la operación diaria tiene momentos de cambios y de toma de decisiones y puede tropezar con la falta de recursos líquidos —dinero—. También ocurre lo contrario: tener gran abundancia en la caja y bancos que rebase las necesidades requeridas, dando la ilusión de estabilidad, mientras se acumula un endeudamiento que erosiona la solvencia a mediano plazo.
Por lo anterior, la administración financiera tendrá que tomar decisiones críticas: invertir en activos de largo plazo —mercado de capitales, inversiones de activo fijo—; apostarle a crecer con financiamiento o mantener una estructura financiera conservadora. Las respuestas pueden ser complicadas, cambian según el momento económico, coloquialmente hablando: en épocas de vacas gordas la tentación de privilegiar la solvencia suele imponerse, pero cuando hay vacas flacas o incertidumbre, la falta de liquidez se convierte en una fuerte amenaza para las operaciones continuas.
Comentado lo anterior es importante mencionar que la gestión financiera responsable, no debe inclinarse únicamente hacia uno de los extremos, si prioriza exclusivamente la solvencia corre el riesgo de quedarse sin dinero en el corto plazo debido quizás a crédito a clientes incobrables, exceso de inventarios, adquisición de activo fijo no productivo; vivir con la tranquilidad de la liquidez lleva a una etapa de confort, sin darse cuenta que se va perdiendo solvencia –endeudamientos, bajos márgenes, menores ventas—.
El reto en la realidad es buscar el equilibrio con una visión estratégica, trabajar con eficiencia el presente y vislumbrar con claridad el futuro, ajustado a la visión empresarial y una planeación estratégica. Todo esto significa planear las inversiones a largo plazo sin comprometer la capacidad de pago diario, al mismo tiempo administrar el flujo de efectivo con políticas firmes y disciplina, evitar que la urgencia de un presente comprometa las posibilidades del futuro. Este terreno cae en una administración financiera eficiente.
En los actuales tiempos de incertidumbre económica, legal, política y fiscal, este doble examen se vuelve importante, no basta con tener patrimonio, ni basta con tener dinero en caja y bancos, toda permanencia empresarial o sostenibilidad, exige un equilibrio, que es planear con solvencia, operar con liquidez, quien no logre obtener este balance, tarde o temprano se dará cuenta que la confianza del mercado, de los trabajadores y de los accionistas no se negocia, sino que se respalda con eficacia. Las finanzas modernas cuentan con los modelos financieros adecuados para lograr este objetivo, pero este es otro boleto para comentar posteriormente.—Mérida, Yucatán
Doctor en investigación científica. Consultor de empresas.
