Edgardo Arredondo Gómez (*)

“Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie”.— Concepción Arenal

Despuntaba el sol aquella mañana del 19 de noviembre de 1984, el reloj marcaba las 5:45 a.m. San Juan Ixhuatepec (San Juanico).

Algunas personas refirieron que minutos antes que se desatara el infierno, se pudo percibir un zumbido y un penetrante olor a gas cuando se suscitó la ruptura de una tubería de 20 cm de diámetro que transportaba gas LP, desde tres refinerías diferentes hasta la planta de almacenamiento, cerca de los parques de tanques, compuestos por seis esferas y 48 cilindros de diferentes capacidades.

Una gran nube de vapor de gas entró en ignición ocasionando una serie de explosiones. Las escenas dramáticas. Más de 500 fallecidos, más de dos mil heridos. Daños en un área de hasta un kilómetro del siniestro. Al final se dictaminó un error humano y se culpó a Pemex por una serie de irregularidades y una falta de planeación urbanística. Aun así, hoy en día, diversas gaseras continúan operando en el Valle de México con muchas irregularidades.

Jalisco

El 22 de abril de 1992, en un lapso de ocho horas, una serie de explosiones iniciadas alrededor de las 10 de la mañana en el sector Reforma de Guadalajara, provenientes del sistema de drenaje en una extensión de trece kilómetros de calles dejó un saldo de 230 muertos, casi mil 500 heridos, 6 mil 500 damnificados, así como mil 224 casas destruidas.

La alerta se dio un día antes cuando vecinos reportaron un fuerte olor a gas que salía de una coladera. Al final de nuevo se responsabilizó a Pemex por la fuga de hidrocarburos al sistema de alcantarillado.

En Tlahuelilpan, Hidalgo, en la tarde del 18 de enero de 2019, una muchedumbre se concentró alrededor de un oleoducto; el motivo: una impresionante fuga de gasolina, precedida de días de escasez de hidrocarburos y el anzuelo de combustible gratis, hizo que la gente se agolpara a fin de robarla. Decenas de personas con bidones, incluso mujeres y niños nadando literal en gasolina, tirándose baldes.

A pesar de una primera alerta emitida alrededor de las 17:04 horas, y el personal del Ejército enviado, no fue posible evitar la tragedia. Una gran explosión ocurrida a las 19:10 horas, con un saldo inicial de 137 muertos y más de 100 heridos de gravedad fue el resultado. Años de investigación, la culpa repartida entre Pemex, gobierno y los ciudadanos irresponsables.

Éstas son tres catástrofes en donde es evidente que el factor humano juega un papel relevante y que han dejado dolorosas lecciones.

Sismo

A partir de septiembre de 1985, después de los terremotos, el primero de 8.1 grados con el saldo nunca determinado con exactitud de pérdidas humanas y materiales, y que destrozó Ciudad de México, un año después se creó el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires), y tan solo en tres años el Sistema de Alerta Sísmica de la Ciudad de México (Sasmex), que empezó a operar con 12 estaciones en Acapulco, convirtiéndola en la primera alerta sísmica del mundo. El resultado es satisfactoriamente conocido. Al “wa, wa, wa y el ¡alerta sísmica!, ¡alerta sísmica! …” la población, sobre todo los capitalinos han desarrollado un reflejo condicionado que indudablemente funciona y funciona muy bien.

A la par el reglamento para las nuevas edificaciones se legisló y se reforzó para que no ocurran tragedias como la del Colegio Rébsamen. Una muestra que un desastre de tal magnitud puede aún con un margen estrecho ser predecible y dejar dolorosas lecciones.

Huracán

En mayo pasado tuve la oportunidad de asistir a las pláticas que organiza el Comité de Desastres del Colegio Mexicano de Ortopedia. El tema por tratar: la estrategia empleada después del embate del huracán “Otis” en Acapulco. Al final, las conclusiones en sentido unánime: reacción tardía a un aviso fuera de tiempo, la inoperancia de Protección Civil, pero además una falla en la cultura de la población acapulqueña.

Al momento de los comentarios no pude evitar el presumir la cultura que a este respecto tenemos los yucatecos que, al ser tan excesivamente precavidos nos provoca una serie de situaciones chuscas generadoras de memes, pero es evidente que al menos en Yucatán los tres sectores tocan al mismo ritmo.

Con los adelantos tecnológicos, el comportamiento del clima, incluyendo lluvias torrenciales y huracanes es por mucho predecible. Y así como los litorales son vulnerables a los últimos, zonas como la Huasteca lo son en lo particular a las lluvias intensas. Aun así, es lamentable que la tragedia reciente fuera ocasionada por un fenómeno detectado con antelación.

Las escenas dolorosas, el sentimiento de opresión, la rabia contenida, el encono…, todo es entendible. Es tal vez este uno de los ejemplos más claros que la tormenta perfecta y sus estragos incluyen también fallas en la cultura de prevención, regulación y mejoramiento de estrategias y organismos creados exprofeso.

El reclamo de la desaparición del Fonden, por supuestos actos de corrupción —por cierto, lo inaudito: uno de los responsables es parte ahora de la cúpula del poder— y la respuesta de que “no es tema de dinero, porque hay el recurso”, no es suficiente si recordamos que el dinero también se destinaba a reforzar a los organismos de Protección Civil.

No hay nada que agregar al hecho de lo que hubiera ocurrido con una alerta tomada en serio por las autoridades, puesto que está más que documentado que la misma Conagua avisó con tiempo, aun cuando es bien sabido que gran parte de la población es reacia a abandonar sus propiedades.

¿Qué es lo que queda? Aun saliendo todavía del embate de la tragedia, una vez más aprovechar lo duro de la lección. Esperemos también en esto un giro de 180 grados, que se recupere el Fonden, que le pongan el nombre que quieran, dejar de destinar recursos que se pierden y encaminarlos a mejorar el sistema de Protección Civil.

El gobierno tiene que ser estricto y prohibir asentamientos urbanos en zonas de riesgo. Cero impunidad y castigar a corruptos que desvíen fondos, recursos e incluso ayuda humanitaria.

Rescatable ha sido la muestra de franca empatía de la Presidenta acudiendo a la zona del desastre, muy distinta a su predecesor que tanto cuidaba que su plumaje no se enlodara.

Siempre en las catástrofes habrá culpables y responsables. Huérfana culpa vuela sin dueños, mientras los responsables se amparan de ella.— Mérida, Yucatán

Médico y escritor

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