Existe una idea muy equivocada en las personas de que cuando se habla de movilidad solo se refiera a quienes andan en vehículos particulares. Como si los peatones, los ciclistas y los motociclistas no existieran o no tuvieran derecho a circular por ellas. A todo esto le agregamos los vehículos o camiones de transporte público que son parte también de la movilidad en las ciudades y municipios. De hecho, los peatones fueron los primeros en andar por los caminos y las calles antes de que existan las carreteras, calles y avenidas que hoy conocemos. Posteriormente se inventó la bicicleta, transporte que no tenía pedales y que se impulsaba con los pies, luego se incorporaron los pedales; seguidamente se inventó la primera máquina de dos ruedas sin pedales y posteriormente el primer automóvil de combustión en 1886.
Hoy día en la ciudad también están circulando y proliferando los scooters eléctricos, también conocidos como patinetas o monopatines eléctricos, es un vehículo autopropulsado por un motor eléctrico que se utiliza para desplazamientos urbanos. Se caracteriza por ser compacto, fácil de transportar y una alternativa de movilidad ecológica y eficiente.. Sin embargo, ante el aumento de estos vehículos de transporte se da la necesidad de regularlos para garantizar la seguridad de todos los usuarios del espacio público, incluyendo peatones, ciclistas y conductores, debido al rápido aumento de su uso. La falta de regulación clara ha provocado un incremento de accidentes y riesgos, por lo que la normativa debe buscar establecer un marco de convivencia armónica a través de requisitos como el uso de casco, chalecos, límites de velocidad y la circulación preferente por ciclovías. Efectivamente, al no haber regulación estos no solo andan en las vialidades, sino que también en las aceras públicas por lo que han ocasionado numerables accidentes en el que se ven involucrados peatones.
En ese sentido, todos tienen derecho para circular en las vialidades, pero también todos tienen obligaciones, desde los peatones hasta los camiones de gran tamaño. Entonces se deben realizar distintas acciones para lograr un uso más ordenado del espacio público, estableciendo pautas para que peatones, ciclistas y conductores puedan coexistir de forma pacífica y segura. Allí también es importante considerar la infraestructura vial, una infraestructura segregada como ciclovías y carriles protegidos, así como en la interconexión de redes viales y el uso de dispositivos de seguridad como bolardos y señalización. Todo ello se complementa con un diseño vial que incluye una jerarquía clara, intersecciones seguras, semáforos, y elementos que protegen a los usuarios más vulnerables como las islas de resguardo y reductores de velocidad, y no es que sean caprichos o inventos, es parte de las reglas que se están dando a nivel mundial. Esta infraestructura vial debe ser instalada en la medida de lo posible también en los ayuntamientos del Estado.
Hay dos leyes importantes que marcan la pauta para este tema, es la Ley de Tránsito y Vialidad y la Ley de Movilidad y Seguridad Vial ambas del Estado, las cuales deberían aplicarse a cabalidad.
Existen reglas elementales que deben seguir los peatones, pues resulta que son los más afectados, pero también son a los que les cuesta mucho obedecer y respetar las señales de vialidad; hay reglas también para los conductores de vehículos motorizados hacia los peatones y los ciclistas, como también existen reglas para estos últimos.
La convivencia segura es una responsabilidad compartida para hacer las calles de Yucatán más seguras. Por eso es importante la infraestructura pero también el conocimiento y esto solo se consigue con campañas educativas para fomentar el correcto uso responsable de las vialidades por parte de los peatones, así como de toda clase de vehículos que circulan diariamente en todas la calles y vialidades del Estado.— Mérida, Yucatán
mariomaldonadoes@gmail.com
@mariomaldonadoe
Especialista en Derecho Parlamentario y Técnica Legislativa
