En estos tiempos en los que se habla del “relanzamiento” del PAN y de la urgencia de convertir a ese partido en una verdadera oposición, es recomendable revisar lo que en el pasado se hizo bien. En este caso, en la “revolución” que desencadenó el panismo en la década de los 90 en torno a la figura fresca y fuerte de una mujer. Su nombre es Ana Rosa Payán Cervera.
En noviembre de 1990 fue electa presidente municipal de Mérida en unas elecciones muy competidas, superó por más de 20 mil votos a Herbé Rodíguez Abraham del PRI. En consecuencia, en enero de 1991 tomó el cargo como la primera mujer alcaldesa de la capital del Estado. Con ella, el PAN recuperó la alcaldía después de 20 años. Recordemos que el primer alcalde emanado de Acción Nacional fue Víctor Correa Rachó (1968-1970).
En el año de 1993 Ana Rosa solicitó licencia para competir por la gubernatura de Yucatán, como candidata de Acción Nacional, contra Federico Granja Ricalde, quien resultó ganador en unos comicios marcados por el desaseo de los órganos electorales (prácticamente controlados por el PRI-gobierno) y un apagón que se registró en casi todo el territorio yucateco, justo cuando comenzaba el conteo de votos el 28 de noviembre de ese año.
Debo decir que, los jóvenes que participamos en aquella campaña del PAN, abrigamos muchas ilusiones de que obtendría la victoria la contadora Payán Cervera. Todo parecía indicar que, en esa ocasión, triunfaría por fin el pueblo y que esa victoria sería respetada por el gobierno. El Partido Acción Nacional alcanzó la capacidad de convocar de manera multitudinaria al pueblo del interior del Estado. En casi todos los lugares a donde llegó la “Caravana de la democracia”, con Ana Rosa al frente, hubo un despertar cívico. La gente sencilla de nuestros pueblos, los campesinos, las amas de casa e, incluso, los niños por primera vez tomaron el micrófono en los mítines para denunciar valientemente las arbitrariedades del sistema PRI-gobierno y expresaron su incondicional apoyo a los candidatos del PAN.
Payán Cervera, como en su momento don Víctor Manuel Correa Rachó, hizo una campaña fuerte en el interior del Estado, recorrió el campo, constató las condiciones paupérrimas en las que vivían los campesinos yucatecos y conoció sus esperanzas, visitó las escuelas de apartadas comisarías y comprobó el abandono de las instalaciones educativas, cuyos planteles se encontraban en deplorables condiciones. Escuchó el clamor de un pueblo deseoso de alcanzar niveles de vida más dignos.
Lo que ella hizo fue una verdadera siembra de la semilla del civismo en todo el territorio estatal, despertó conciencias y reclutó para la causa de Acción Nacional a muchos talentos jóvenes que, posteriormente, se convirtieron en líderes en sus municipios, donde antes no existía oposición. Los levantó, los animó y luego se volvieron la voz de quienes antes no tenían voz y desataron una verdadera guerra de guerrillas al encabezar en casi todos los pueblos las exigencias y causas ciudadanas.
Muchos jóvenes, por vez primera, nos integramos activamente en una campaña política. Y, ciertamente, encontramos en Acción Nacional los espacios y la libertad de expresión que tanto requeríamos para luchar por nuestros ideales. La campaña fue una gran experiencia, que nos hizo salir del conformismo y volver a creer en nosotros mismos. A mí, en lo personal, me atrajo la ideología del PAN porque encontré en ella muchos postulados de la Doctrina Social de la Iglesia.
En apariencia, Acción Nacional salió perdiendo en los comicios de 1993, pero no fue así, porque se pusieron los cimientos del cambio. El partido se enriqueció con miles de resueltos militantes, deseosos de ser protagonistas y no simples espectadores de la historia.
Esa fue la “revolución” del PAN de los 90’s, la que se realizó por medios pacíficos. Y no fue lucha de un día o de una contienda electoral, sino que se fundó en la tenacidad y se alimentó en el compromiso de miles de yucatecos.
Fue el primer paso de un movimiento cívico que se construyó con paciencia y decisión. La campaña de Acción Nacional tuvo también un carácter educativo para el pueblo y ese fue su más grande logro. En los diversos pueblos y comunidades surgieron espontáneamente líderes auténticos que, motivados por el ejemplo de Ana Rosa Payán Cervera, fueron la punta de lanza del cambio en los comicios siguientes, en los cuales, el PAN refrendó el triunfo en Mérida y, más adelante, convirtió a Patricio Patrón Laviada en el primer gobernador emanado del PAN en Yucatán.
Pero, si bien la contadora Payán Cervera era la líder visible, detrás de ella había un eficiente y mínimo equipo de campaña en el que recuerdo a Xavier Abreu Sierra y un Comité Estatal conducido con sagacidad por Benito Rosel Isaac, que gestionaba las adhesiones de priístas desencantados de su partido, con el apoyo de otros liderazgos que tejieron alianzas en el interior del Estado, como Víctor Cruz Pardío, Claudio Coello Herrera y Luis Felipe Mena Salas, entre otros, como también Roger Cicero MacKinney y su poderosa oratoria en los mítines.
En esos años, el blanquiazul no tenía burocracia, sus coordinadores eran todos voluntarios y poníamos nuestros vehículos, nuestro tiempo y hasta recursos al servicio del partido. Había mística y compromiso.
El resurgimiento del PAN en los 90’s, después de 20 años de duelo por el fraude que despojó del triunfo a Víctor Correa Rachó, no tuvo que ver con un cambio de lema o de escudo, sino con la cercanía con la gente (la “talacha”) y con el empoderamiento de liderazgos del interior del Estado y de colonias de Mérida, el PAN resurgió cuando salió a la calle nuevamente e hizo suyas las demandas ciudadanas y los sueños de la gente.
Se puede nuevamente. Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán
Profesor
