Yameli Aguilar Duarte (*) y Rodrigo Llanes Salazar (*)

El agua de Yucatán proviene de acuíferos kársticos que, por su naturaleza, son muy vulnerables a la contaminación y a la sobreextracción. La palabra alemana “karst” se refiere originalmente a la región del Carso (en italiano) o Kras (en esloveno), en la frontera entre Italia y Eslovenia, pero desde finales del siglo XIX se utiliza para referirse a los territorios formados por rocas carbonatadas solubles, cuya disolución por el paso de la lluvia da lugar a diversos paisajes y relieves, como las cuevas, grutas y los famosos cenotes de Yucatán. En nuestro estado, el proceso de karstificación también ha formado sartenejas (o jaltunes), xuuch (o sumideros naturales), entre otras geoformas.

¿Por qué son vulnerables los acuíferos kársticos? Debido al carácter poroso de la roca, las sustancias contaminantes liberadas desde la superficie se filtran rápidamente al subsuelo llegando a las aguas subterráneas. Gracias a los conductos subterráneos —que a veces han sido llamados “ríos subterráneos”—, los contaminantes pueden viajar en el acuífero.

Otros factores pueden acentuar la vulnerabilidad de los acuíferos kársticos. Por ejemplo, la región del Anillo de Cenotes de Yucatán, la principal reserva de agua subterránea de todo el país, se caracteriza por los suelos Leptosoles, que son muy delgados y porosos, por lo que tienen poca capacidad de retención. Asimismo, las aguas subterráneas se encuentran a poca profundidad y existe una gran cantidad de cenotes entre otras oquedades que exponen directamente al acuífero.

Por otra parte, el agua dulce de Yucatán consiste en una especie de lente que flota por encima de agua salada y que se encuentra rodeada también de agua salada (recordemos que somos una Península). Por lo tanto, la extracción de grandes volúmenes de agua provoca la reducción del agua dulce y la intrusión del agua salada.

A pesar de la particularidad de los acuíferos kársticos, de sus diferencias con otros acuíferos, de su vulnerabilidad a la contaminación y a la sobreextracción, la Ley de Aguas Nacionales, promulgada en 1992 y aún vigente, no reconoce las particularidades de este tipo de acuíferos, ni mucho menos contiene disposiciones para su protección.

Así, bajo la idea de que en la península de Yucatán existe disponibilidad de agua y “facilidad hídrica”, en Yucatán, durante los últimos veinte años la disponibilidad de agua se ha reducido a la mitad. Tan solo en el Anillo de Cenotes —cuya zona de recarga es extremadamente vulnerable a la contaminación—, de 2013 a 2025 se ha duplicado el volumen de extracción de agua, de 495 a 980 hectómetros cúbicos. Diversos estudios han documentado la presencia de plaguicidas altamente peligrosos, metales pesados y sustancias contaminantes provenientes de la industria de carne porcícola y avícola en el Anillo de Cenotes. Claramente, no se está cuidando nuestra principal reserva de agua dulce ante estos y otros megaproyectos

En el contexto de la elaboración de la Iniciativa Ciudadana de la Ley General de Aguas, que el Congreso de la Unión debió de haber emitido en febrero de 2013, la principal demanda del Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán y la Contraloría Autónoma del Agua de Yucatán ha sido el reconocimiento de la vulnerabilidad de los acuíferos kársticos en la ley. Otros países, como Estonia, Lituania (comunicación personal del Dr. Óscar Frausto) y Estados Unidos cuentan con legislación para proteger los acuíferos kársticos.

Así, la Iniciativa Ciudadana de Ley General de Aguas, respaldada por alrededor de 200 mil ciudadanas y ciudadanos, incluye disposiciones sobre los acuíferos kársticos. Por ejemplo, en el Artículo 94, se propone la creación de Planes Rectores que defina áreas en las que “se aplicarán restricciones vinculantes a la autorización o realización de proyectos o actividades dañinos, además de apoyar la realización de proyectos de protección, restauración y preservación”. Entre estas áreas se encuentran “las zonas de cenotes y otras zonas vulnerables de las zonas cársticas de plataforma (como la de la península de Yucatán)”. Igualmente, se propone toda una sección dedicada a las zonas kársticas y cenotes, que propone regular las actividades que se pueden realizar en dichas zonas.

Una legislación que reconozca los acuíferos kársticos deberá, por ejemplo, exigir dictámenes o estudios que consideren la vulnerabilidad de dichos acuíferos antes de otorgar una concesión de agua.

Lamentablemente, el paquete de reformas a la Ley de Aguas Nacionales y de expedición de Ley General de Aguas presentado por el poder ejecutivo el mes pasado no incluye ninguna disposición ni mención a los acuíferos kársticos.

Sabemos que la legislación para la protección de los acuíferos kársticos se enfrentará a la reacción de las grandes industrias, tal como pasó con la actualización de la norma oficial mexicana NOM-001-Semarnat-2021, que establece los límites permisibles de contaminantes en las descargas de aguas residuales en cuerpos receptores propiedad de la nación. De manera inédita, esta norma oficial establece límites permisibles más estrictos para los suelos kársticos, disposición a la que se opuso la industria ganadera.

Pero, como han establecido las Naciones Unidas, para garantizar el derecho humano al agua y al saneamiento la prioridad debe ser el “agua para la vida”, esto es, los “usos y funciones que sustentan la vida, en particular la vida y la dignidad de las personas”. Para ello es urgente proteger los acuíferos kársticos. En segundo lugar, se debe priorizar el agua designada a funciones, usos y servicios de interés general y, en tercero, el agua “para el desarrollo económico en actividades productivas” (ONU, “El nexo entre el agua y la economía”, 2024).

También somos conscientes de lo difícil que es que el Congreso de la Unión, dominado por el mismo partido político que ocupa el poder ejecutivo, haga cambios sustanciales al proyecto presentado por el gobierno federal. Pero también reconocemos la disposición de la Presidenta de la república y de la Comisión de Recursos Hidráulicos, Agua Potable y Saneamiento del Congreso de detener la aprobación de ambas leyes y de someterlas a una mayor discusión. Así, se han realizado foros de parlamento abierto organizados por la ciudadanía y esta semana se llevarán al cabo audiencias públicas organizadas por la Comisión de Recursos Hidráulicos.

El pasado viernes 14 de noviembre, se realizó en Mérida el foro de parlamento abierto, en el que expusimos la necesidad de que la próxima ley de aguas de México reconozca los acuíferos kársticos. Al foro asistieron cinco diputados y diputadas federales (Óscar Brito, Jorge Luis Sánchez, Jazmín Villanueva, María Isabel Rodríguez, Juan Hugo de la Rosa, así como un representante de Venustiano Caamal) y dos diputadas locales (Sayda Rodríguez y Neyda Pat).

En el foro, los diputados federales Juan Hugo de la Rosa, Jorge Luis Sánchez y Óscar Brito firmaron el “Compromiso por el sistema kárstico y el derecho humano al agua y al saneamiento”, en el que se manifiesta que “los acuíferos kársticos son ecosistemas frágiles ante la sobreexplotación de rocas, suelos y los propios cuerpos de agua. Es urgente una atención prioritaria. Impulsar su implementación en la Ley de Agua a nivel federal y continuar impulsando a nivel regional y local para restablecer los equilibrios ecosistémicos, los derechos humanos al agua, a la salud, a la paz y a los derechos de los pueblos indígenas. Garantizar los derechos a la salud por arriba de otros intereses”. El compromiso también fue firmado por la diputada local Neyda Pat Dzul.

Hacemos un llamado a que las demás diputadas y diputados federales incorporen la protección de los frágiles y vulnerables acuíferos kársticos en la ley de aguas que México necesita.— Mérida, Yucatán

Investigadora del INIFAP Investigador del CEPHCIS(**) Integrantes de la Contraloría Autónoma del Agua de Yucatán

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