Alejandra Serna Sánchez (*)
Podemos definir al ciudadano como la persona que por nacimiento es acreedora a los derechos y deberes que se otorgan dentro de una comunidad organizada denominada ciudad. Entendemos a la ciudad como un derecho que nos permite el libre uso y acceso a los espacios públicos. Los espacios públicos son los escenarios indispensables en una comunidad, son los lugares que propician la interacción social y dotan un sentido de pertenencia a sus ciudadanos. Tienen la particular característica de transformar y crear parte de nuestra identidad colectiva e individual. Al ser actores de cambio, transformamos el entorno que nos rodea, el mismo que condiciona el espacio público.
Se podría decir que las ciudades contemporáneas son los espacios donde habitan personas diversas, de diferentes contextos, viviendo bajo un mismo “lugar” y condicionados por los fenómenos sociales que trajo la urbanización de la Revolución Industrial. Con este antecedente de los modelos de ciudad de ese periodo, como el propagado por la Escuela de Chicago, las ciudades contemporáneas reflejan el desarrollo de las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales a través de esta evolución urbanística. Como ciudadanos activos en la comunidad, debemos defender e incentivar el interés en el estado actual de los espacios públicos, pues estos lugares definen nuestro sentido de pertenencia, nuestras relaciones, y la percepción hacia el mundo que nos rodea, y la única manera de mejorar su situación es a través de conocer sus puntos débiles.
En primera instancia, la relación que existe entre ambos términos se remonta a los inicios del espacio público. Expertos opinan que nace a partir del avance de sociedades democráticas, como en Roma o Atenas. Sin embargo, otros comentan que su origen tiene aún más antigüedad; nace y se desarrolló en conjunto con el ser humano, desde el inicio de la era sedentaria. El primer filósofo que reconoció la importancia del espacio público fue Aristóteles, él dijo: “es ese espacio vital y humanizante donde la sociedad se reúne para compartir sus opiniones, evaluar propuestas y elegir la mejor decisión”, consideró entonces, al espacio público como un espacio esencial y humanizado.
La relación existente entre los conceptos de ciudadano-espacios públicos radica en un vínculo codependiente. La apropiación del espacio público es resultado del uso que le damos a este mismo, ya sea, recreativo, de convivencia, cívico, para actividad física, de la dimensionalidad humana (el cómo lo percibimos y lo comunicamos) y hasta de la integración contextual (responder al ambiente con respeto). Limitar el uso de estos espacios es negar nuestro derecho a la ciudad, el cual está legislado. El derecho al espacio público (ONU Hábitat, 2012) y propiamente indicado en nuestra Constitución Mexicana, radica en el uso, disfrute y aprovechamiento de estos espacios como bienes comunes.
Debemos comprender esta relación ciudadano-espacio público como un acuerdo social, ambas partes se benefician una a la otra. Por razones fuera de nuestro control, estos beneficios no están equilibrados, ya sea por la falta de interés en el mantenimiento, creación o priorización del ámbito comercial-económico de estos espacios. Sin importar la ciudad que habitamos, todos somos responsables de moldear nuestro entorno; ya sea directa o indirectamente. Nuestra percepción del espacio es suficiente para definir su significado y el impacto que tiene en nuestra vida cotidiana, ahí aprendemos a socializar cuando somos niños. Por ejemplo, si en cierta plaza donde se lleven al cabo actividades sociales, culturales y económicas constantes, la población inmediatamente percibirá esa dinámica y la hará suya, llegando a trascender en varias generaciones, tal como ocurrió en Mérida en domingo, o como lo fue los paseos en La Alameda en la CDMX, o como lo sigue siendo el gran pulmón del Parque Chapultepec.
Sin duda, cada ciudad tiene una percepción del espacio público y su conexión con la relación humana puede trascender, dar pertinencia, o en su caso, declinar, decaer, haciendo presente la debilidad de la relación social. ¿Cómo podemos fortalecer la relación entre el ciudadano-ciudad contemporánea? Debemos considerar la ciudad como un “todo para todos”, un conjunto de espacios que están orientados al servicio de toda su población. La participación activa de la comunidad es fundamental para definir los puntos a mejorar y así proponer lo que mejor conviene a todos. Y en el caso de la relación entre ciudadano-espacio público, debemos promover iniciativas para la apropiación de las calles (priorizar al peatón), las plazas (realizando eventos culturales), y los parques (creando huertos urbanos). Como arquitectos, debemos de incentivar la educación urbana al resto de la población, y darles alternativas viables a los problemas que presentan los espacios públicos en su colonia. Fortalecer esta relación implica reconocer la influencia que tiene en nuestra identidad colectiva, e implica cambiar el enfoque desinteresado a una perspectiva abierta al cambio. El progreso de las ciudades se logrará una vez que pueda proveer (lo necesario) de manera imparcial a todos sus habitantes.
Como arquitectos, debemos comprender a profundidad el impacto que el entorno tiene en la percepción y experiencia del usuario, para entender su comportamiento pasado, presente y futuro. Podemos apoyar a fortalecer esta relación a través de diseños que fomenten experiencias para reforzar el sentido de pertenencia y orgullo en la identidad ciudadana. Por ejemplo, un espacio que tenga el equipamiento y mobiliario urbano necesario que invite a los usuarios a usarlo, espacio que crea vínculos y nuevas memorias colectivas. La identidad ciudadana viene estrictamente ligada al estado, calidad, interés y percepción de nuestros espacios públicos. Sea desde las calles oscuras, desde las plazas, desde la de equipamiento urbano, y desde los parques, con su falta de multifuncionalidad, desde ahí, viene la percepción social del espacio y lo que podemos hacer por él.
La relación ciudadana con el espacio público debe ser entendida como objetivo único para defender la postura de esta relación que tenemos con nuestra ciudad, en particular los espacios públicos, va a afectar en la percepción que tenemos de nosotros mismos, de nuestra identidad y de nuestro sentido de pertenecer a un lugar que llamamos hogar. Puedo aplicar este conocimiento en mi vida profesional a partir del análisis de identidad existente de los ciudadanos. Sus percepciones dicen más que los datos cuantitativos del lugar, la experiencia de los usuarios puede ser tomada como objeto de estudio y aprendizaje para afrontar futuros desafíos.— Mérida, Yucatán
Estudiante del quinto semestre de Arquitectura. Universidad Anáhuac Mayab
