La procuración de justicia en México ha sido, por lo general, ineficaz, corrupta y muchas veces también usada para desahogar venganzas y represalias políticas.
En ese marco, el otorgamiento de autonomía a las fiscalías fue bienvenido en México porque ésta propiciaba un profesionalismo ajeno a los vicios mencionados.
Aunque no desvaneció el escepticismo, la figura de la autonomía contribuyó a la calidad democrática del país y generó la esperanza en que, al fin, los delitos serían perseguidos profesionalmente, sin sesgos ni consignas.
Y las fiscalías autónomas se instalaron en México, pero los mexicanos parecemos expertos en tergiversar y pervertir lo que en esencia es sano y útil.
Así, estrenamos flamantes fiscalías autónomas, pero resultó que, contra la esperanza, la autonomía no garantizó eficacia ni calidad en la procuración de justicia porque los frutos fueron magros y escasos los éxitos.
Y últimamente, en el caso de la FGR, sus resultados no han estado en consonancia con los avances que otras instancias, como la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y las Fuerzas Armadas, han logrado en contra de la delincuencia.
No es extraño, pues, que el primer fiscal general de la República, Alejandro Gertz Manero, haya tenido que dejar el cargo, pues durante su gestión no logró encausamientos y condenas de grandes capos de la delincuencia organizada ni de políticos y funcionarios públicos señalados por corrupción.
En cambio, ha habido casos de mandos de la FGR acusados de diversos delitos y hay versiones de complicidades y negocios que han incidido, igual que cuando se llamaba PGR, en el desprestigio y la desconfianza en la institución.
Llega a la FGR, en sustitución de Gertz, Ernestina Godoy Ramos, senadora por Morena con licencia y quien trabajó como fiscal general de la Ciudad de México con Claudia Sheinbaum y, recientemente, fue consejera jurídica de la Presidencia.
La cercanía de Godoy con la mandataria y su militancia en Morena son indicativos de que la FGR verá disminuida su autonomía (si alguna vez la ejerció), pero aumenta la posibilidad de una gestión exitosa porque entrará en acción la dupla Godoy-García Harfuch (SSPC), que en la CDMX rindió muy buenos resultados.
Desde mi perspectiva, el principal problema de la nueva fiscal no será la autonomía, sino dirigir una institución donde la corrupción y los acuerdos extralegales no son extraños.
Sanear y eficientar a la FGR es tarea que recuerda a Hércules y el establo de Augías, pero la Fiscalía deberá emprenderla porque, de otra suerte, la institución continuará su ruta de ineficacia y descrédito.
La tarea no será de un día y debería incluir la capacitación de nuevos detectives y personal de apoyo que complemente a la plantilla actual que, quiérase o no, está bajo sospecha, si bien no en su totalidad. Sin esa sangre nueva, que deberá ser preparada a marchas forzadas, el éxito podría no llegar en la gestión de Godoy.
La operación del relevo. Es claro que la salida de Gertz de la FGR fue una decisión de Claudia Sheinbaum que quizá debió llegar hace meses y se realizó en una operación atribuida al senador Adán Augusto López Hernández, quien pese a su desprestigio realizó una serie de rápidas gestiones que llevaron a buen puerto la salida de Gertz y la llegada de Ernestina Godoy, ratificada por el Senado el 3 de diciembre de 2025.
Los críticos de la salida del fiscal han apuntado que ninguna causa grave se argumentó para explicarla y esto es cierto, pues si bien la Constitución establece la causa grave como requisito sólo para la remoción del titular de la FGR y en este caso no hubo formalmente una remoción, la Ley de la FGR amplía ese requisito para la renuncia.
El asunto cae en los terrenos del debate de si un ciudadano debe permanecer forzosamente en un cargo público y afectarse así su libertad de trabajo, o si debe condicionarse su remoción, pero no su renuncia.
Antes de irse, Gertz nombró a Godoy como titular de la Fiscalía Especializada en Control Competencial, en sustitución de Cristina Fernanda Reséndiz Durruty. Con este nombramiento, Gertz dejó encargada del despacho de la FGR a Godoy, pues, conforme a la ley, quien ocupe esa fiscalía suple las ausencias del fiscal general.
En los días en que se procesaba el relevo de titular en la FGR, el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, anunció la integración de un cuerpo de agentes de élite, encargado de investigar y perseguir delitos de alto impacto y ejecutar operaciones especiales.
Además de la necesaria coordinación de ese cuerpo de élite con la FGR para no atropellar la ley y las atribuciones, importa preguntarse si en la Fiscalía sería posible integrar una élite semejante, tanto para operaciones en terreno como para la correcta integración de investigaciones y expedientes, con el objeto de evitar que casos relevantes se pierdan en tribunales.
Periodista
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