Pongamos que hoy es día de quincena; toca “hacer el súper”. Se comprarán los insumos para la casa en la que viven las mismas personas de siempre y no hay cambios en sus hábitos de consumo ni tiene usted que hacer un gasto adicional.

Compra lo mismo que cada quincena. Esto significa que cada vez que “hace el súper” gasta prácticamente lo mismo, una suma que tiene contabilizada entre los egresos de casa y que, tratándose del gasto corriente, es la mayor de sus erogaciones. A ello agregue luz, agua, cable, escuela… más eventuales reparaciones y compras no programadas.

El gasto que hace en el súper bien puede considerarse una inversión, por el simple hecho de que la alimentación es indispensable para funcionar y crecer.

Ahora imagine que cuando llega a la caja le dicen que lo que compró —ya dijimos que es exactamente lo mismo que las quincenas anteriores— le costará 25% más.

Es decir, si usted pagaba cien pesos, ahora pagará $125. No parece tan gravoso desembolsar $25 adicionales. Pero si ejercía mil pesos, ahora desembolsará $1,250. Ah, esos $250 ya suenan más pesados.

Y si, digamos, su gasto era de 10 mil pesos, ahora tendrá que pagar $2,500 más.

Este ejemplo simple sirve para ilustrar el impacto del incremento al Impuesto Sobre Nóminas que aprobó esta semana el Congreso, a iniciativa del Poder Ejecutivo, el gobierno del Estado.

En el ejemplo, quien paga el gasto total, incluyendo el 25% adicional, es usted. En la realidad pura y dura las que pagan el Impuesto Sobre Nóminas son las empresas, a las que se les endilgó el incremento. Un impacto a las empresas tarde o temprano repercute en todos.

No pocos corifeos del gobierno estatal han movido aceleradamente la pluma insistiendo que es exagerada la queja del empresariado local por un “simple aumento de menos del 1%”.

Esa aseveración es un sofisma, una mentira artera con apariencia de verdad.

Al decir “menos del 1%”, quieren dar a entender que el aumento fue de “0.75%”, dado que el impuesto en cuestión pasó del 3 al 3.75%. Visto como se empeñan en disfrazar los portavoces a sueldo del régimen, el incremento parece ridículo. Pero es una evidente mentira.

El incremento fue del 25%. Una operación simple nos dice que 0.75 es el 25% de 3, la base sobre la que se debe hacer el cálculo. No es un aumento magro, por lo tanto: es un incremento de la cuarta parte de lo que ya se pagaba.

Ahora imagine que el dinero adicional que usted pagará al “hacer el súper” se usará para regalarlo.

El 25% adicional al Impuesto Sobre Nóminas acabará, directa o indirectamente, en los programas sociales. No se destinará a incrementar la productividad del Estado, la generación de empleos, escuelas, universidades o centros de salud. No. Será para regalar al pueblo bueno y sabio con el fin de que la magnánima 4T se perpetúe en el poder, para que siga gobernando esa corriente que esquilma a los únicos generadores de riqueza en el Estado. Un círculo político-electoral perfecto.

Dicho en términos llanos, están matando a la gallina de los huevos de oro. ¿Para qué? Para perpetuarse en el poder, un poder que pretenden seguir ejerciendo hasta que gobiernen un país de mendigos, ninguno de los cuales pueda vivir sin la generosa mano proveedora del gobierno. ¿A costa de qué? De la economía, del futuro. Un futuro que no ven más que con ojos electorales en beneficio propio.

Para la 4T, todo tiene sentido electoral, todo viene de ahí y se mueve hacia allá. El que es martillo, reza el dicho popular, a todo le ve cabeza de clavo.

La acción se resume en un incremento en un impuesto clave para la economía de las empresas generadoras de riqueza, ejecutado sin activar el consejo consultivo para la elaboración del presupuesto, simulando un levantamiento de necesidades del empresariado, mayoriteando en el Congreso y patrocinando gritonas para acallar voces discordantes a su proyecto.

Y luego dicen que no son el PRI más rancio, simplemente con otro color.

Mientras eso ocurría en el patio, otra simulación tenía lugar en el centro del país. Un generoso grupo de incautos, ilusos y no pocos cómplices, se registraron para ocupar la Fiscalía General de la República, un organismo supuestamente autónomo, cuya nueva titular se esperaba fuera —era bola cantada— Ernestina Godoy, como lo fue después de fingir un riguroso proceso de selección.

Y luego dicen que no son el PRI más rancio, con otro color.

La puntilla para las empresas llegó el miércoles: el aumento al salario mínimo no será de 12 sino de 13%, anunció Claudia Sheinbaum. El impacto en las finanzas de las empresas no es del 1%: es del 8.3%.

Con este anuncio, a costa de usted, de su empresa y del futuro económico del país, la 4T se enfunda la casaca de defensora del pueblo para perpetuarse en el poder.

No hay mejor instrumento para conservar el poder y sus privilegios que argumentar que se hace en defensa del pueblo. Aunque sea un sofisma.— Mérida, Yucatán

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@olegariomoguel

Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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