En su discurso con motivo de los “siete años de transformación” de México, después de saludar a la multitud reunida en el Zócalo y antes de enumerar los logros de la Cuarta Transformación (4T), Claudia Sheinbaum desgranó los agravios que se lanzan contra el gobierno y contra ella, AMLO y algunos otros cuatroteístas.
Afirmó enfática la mandataria que quienes pagan campañas sucias en redes sociales, buscan alianzas con grupos de interés en México y en el extranjero, contratan consultores para inventar calumnias y mentiras, así como “los comentócratas o supuestos expertos que inventan historias de ficción”… “no vencerán al pueblo de México ni a su Presidenta”.
La catilinaria presidencial se explica por la continua propaganda negra que se difunde en redes sociales, junto a burdas noticias falsas y adjetivaciones tan soeces que no se recuerdan antes de la llegada de la 4T.
Seguramente un psicólogo hallará un fenómeno de proyección (criticar o percibir en otros lo que, en realidad, es un reflejo de sí mismo) en las manifestaciones en redes, consignas y declaraciones de voceros —oficiales o no— de la oposición. Otro psicólogo hallará en la narrativa de la oposición el “síndrome de Pinocchio” o la compulsión por mentir.
Así, se habla de narcoestado cuando lo más cercano a éste ocurrió en el sexenio de Felipe Calderón y Genaro García Luna. Se habla de gobierno represivo cuando hace no mucho fue derribada con una camioneta una puerta de Palacio Nacional y nadie fue reprimido o perseguido por ello. Se habla de falta de inversión cuando la extranjera directa de este año no tiene precedente en montos (ojo, empresarios mexicanos) y se critica la baja generación de empleos, mientras este 2025 el índice de desempleo es de 2.6%, de los más bajos del mundo. Y así…
Los insultos de la oposición y de los malquerientes de la 4T sustituyen a un deseable debate sobre actos y políticas de gobierno, y algunos sectores del cuatroteísmo responden también con insultos y desmesuras.
Antaño solía compararse a la política con estiércol. Hogaño, con la explosión de insultos y descalificaciones, la coprolalia y la mentira se han hecho presentes y Pinocchio se impone al debate serio.
Se añora, en contraste, a voceros de la oposición y del oficialismo de otros tiempos, cuando Gómez Morín, González Torres, Adolfo Christlieb y Heberto Castillo de un lado y Silva Herzog, Narciso Bassols, Lombardo Toledano y Reyes Heroles, en el otro extremo, por ejemplo, podían sostener debates con pasión y vehemencia, pero sin insultos ni consignas grotescas.
Por supuesto, el gobierno y sus políticas son debatibles y criticable la conducta de un sector de funcionarios bajo sospecha de corrupción. Pero ¿cuándo seremos capaces de criticarlos y defenderlos, sin necesidad de pensar que los adversarios son narcos y corruptos y los de la acera de enfrente son traidores a la patria?
AGRAVIO A LA AUTONOMÍA DEL INE
A propósito de actos criticables del gobierno, recientemente ocurrió uno, inaceptable, que mínimamente debería merecer las disculpas de la Secretaría de Hacienda, a cargo de Édgar Amador Zamora, y la reprobación de Palacio Nacional.
De acuerdo con la ley, el INE —órgano autónomo del Estado mexicano— prepara su anteproyecto de presupuesto y lo envía a Hacienda para que ésta lo integre al proyecto del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) y lo remita a la Cámara de Diputados, único ente que puede revisarlo y modificarlo. Es decir, la Secretaría de Hacienda carece de facultades para alterar el monto o la estructura del anteproyecto presupuestal aprobado por el órgano electoral.
Pese a la falta de atribuciones, Hacienda cercenó el proyecto presupuestal del INE, suprimiendo más de 3 mil millones de pesos previstos para una eventual consulta popular. Es cierto que el recorte resultó adecuado porque en 2026 no habrá consulta popular (lo cual no se sabía al momento de elaborar el INE su anteproyecto), pero lo relevante es que Hacienda mutiló, sin facultades para ello, el proyecto de presupuesto original del órgano comicial y, al hacerlo, violó la autonomía del INE. Adicionalmente, los diputados recortaron otros mil millones de pesos al proyecto del órgano electoral.
Muchas veces he hablado de la necesidad de racionalizar el presupuesto de los órganos electorales federales y locales, de manera destacada el del INE y el del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Sigo pensando que es posible reducir el descomunal costo de nuestras elecciones, pero la vía para hacerlo no es la arbitrariedad como la que cometió Hacienda.
Son pertinentes, por ello, los señalamientos y protestas externados por varios consejeros electorales, entre ellos Dania Ravel y Martín Faz, en la sesión del INE, el pasado 3 de diciembre.
Periodista
