Edgardo Arredondo Gómez (*)
En el reino de la confusión sufre la verdad, Fernando de la Rúa
Don Germán abandonó entre furioso y contrariado la fila de pacientes formados para surtir medicamentos en la Clínica del IMSS.
La empagliflozina, medicamento recién indicado, solo se le surtió por tres meses y regresó a la ingesta de metformina/glibenclamida; a pesar de la sugerencia de su médico familiar de iniciar manejo con insulina, no aceptó.
Fastidiado se detuvo y se sentó en una banquita, tenía hambre; de una bolsa sacó una Coca-Cola y unas galletas Oreo; al caer media galleta al suelo se quedó por un instante contemplando sus edematizados tobillos, la piel se había pigmentado y dejó de importarle desde hace dos años en que la neuropatía le dejó insensibles las plantas de los pies.
A pesar de las recomendaciones, jamás usó cremas humectantes y menos calcetines y zapatos cómodos. Gusta andar con sayonaras y constantemente se lastima los dedos. Terminando su bebida y sus viandas, levantó su pesado cuerpo, reconoció a una paciente que también había consultado con el mismo médico, apuntó con flamígero dedo hacia la ventanilla: “Ni se acerque, señora, pinche Seguro Social, nunca tienen nada, aquí te puedes morir esperando a que haya medicinas”.
Accidentado
Salvador llevaba un mes ingresado. Por momentos mantenía su mirada en la férula colocada en su pierna derecha; los apósitos manchados. Tres días con fiebre, el mismo número de entradas al quirófano. Una fractura expuesta de la tibia resultado de un accidente vial; el daño y el tiempo de exposición fueron decisivos. Por si faltara poco le dieron la noticia que su esposa falleció esa mañana después de semanas en la terapia intensiva.
No pudo evitar de nuevo recordar los gritos de advertencia de su madre. Se retiró con copas de más, manejando una motocicleta teniendo a su esposa de acompañante. Nunca vio la camioneta que esa noche de pertinaz llovizna los embistió en carretera. Él tenía casco, su esposa no. Dos niños huérfanos de madre y un pronóstico desfavorable en el tema de la lesión de Salvador, con una segura discapacidad, la pérdida del empleo y sin duda un estado depresivo inminente.
Trombosis
“No es posible, tres sesiones de terapia y ya lo retacharon a la casa señorita, dos meses esperando que lo atiendan para esto”. Don Beto, un hombre de 62 años salía ayudado por su esposa y uno de sus hijos. Una hemiparesia derecha era el resultado de una trombosis cerebral. A pesar de que se le diagnosticó hipertensión arterial, diez años atrás, el hombre nunca llevó su tratamiento, jamás dejó de fumar.
Ahora dependía totalmente de los demás para desplazarse. Unos instantes después su otra hija los alcanzaba, mientras furiosa les decía: “Que no hay el rivaroxabán…, que otra vez le demos aspirina, de verdad aquí en el Seguro, te mueres”.
Carolina abrazaba a su pequeña hija, a pesar de tener dos años, aun no caminaba, al bajo peso al nacer se le agregó su prematurez. Recordaba todavía el regaño de su madre y de su médico familiar. Nunca acudió a su control prenatal. Frascos de hierro y ácido fólico se quedaron sin ser tan siquiera abiertos. Por más que le insistieron en que acudiera a su clínica por tremendos dolores de cabeza, nunca lo hizo y de ahí: el caos, ingresó convulsionando; un día en terapia intensiva, una cesárea de urgencia, la eclampsia con todo. A sus 18 años parecía una mujer de 40, sentada esperaba al fin para su cita a Oftalmología, un daño en la retina derecha, el recuerdo de sus cifras tensionales desbordadas.
Estrategias
Estas son cuatro historias que describen una verdad inobjetable. Hay enfermedades y situaciones que en medicina son totalmente previsibles. Y así de simple, está bien establecido que existen de antaño medidas y estrategias para evitar la aparición de enfermedades, detenerlas o ralentizar sus consecuencias con algo elemental como es reducir factores de riesgo mediante cambios en el estilo de vida, fomentar hábitos saludables, buena alimentación, ejercicio, evitar tabaco, drogas etc.
Acudir a chequeos de rutina y por supuesto vacunaciones, no solo curar los males cuando ya están establecidos.
Aunque las enfermedades se presenten, se puede detener el avance y reducir riesgos de discapacidades, aun cuando se hayan presentado. Algo fundamental: ¡Más vale prevenir!
Troleada
Pues bien, el licenciado Zoé Robledo fue víctima de una megatroleada al asegurar que “la solución es no enfermarnos”, cuando fue cuestionado sobre el persistente desabasto de medicamentos en unidades del instituto.
Afirmó que: “el IMSS mantiene un surtimiento del 97% y todas las claves están cubiertas, el mensaje con el que nos ayudan mucho los medios de comunicación es difundir que no hay que pensar que nos tenemos que medicalizar y pensar que la solución es que cuando nos enfermemos haya medicamentos, la solución es no enfermarnos”.
Es evidente que lo que el licenciado quiso decir es que es mejor prevenir. Esto no es obviamente idea de Zoé Robledo. Recuerdo a un maestro de la especialidad que tenía una frase simple: “El mejor tratamiento de una fractura de cadera es que no ocurra” y esto implica no solo el manejo preventivo de un factor clave que es la presencia de osteoporosis, sino algo elemental que es disminuir el riesgo a caídas, con medidas simples de asistencia al paciente senil.
La intención del director del IMSS es a todas luces clara y más que bien intencionada, pero simplemente este funcionario de la 4T, licenciado en Ciencias Políticas, por cierto, de los repetidores, y que en descargo se sacó la rifa del tigre y aun con tantos recortes y limitaciones se está fajando, es señalar que es mejor no enfermarse, sobre todo cuando el quebranto de salud es prevenible.
Polarización
Pero el licenciado ha sido víctima de la polarización, sello de la casa. Y ejemplos del tan bien intencionado mensaje, sobran, basta mencionar DiabetIMSS el programa integral del Instituto Mexicano del Seguro Social para el manejo de la diabetes mellitus tipo 2, lanzado en 2008, bajo el gobierno de Felipe Calderón, enfocado en el autocuidado y la prevención de complicaciones mediante un equipo multidisciplinario (médico, enfermera, nutricionista, etc.) que ofrece atención médica, educación sobre estilo de vida, nutrición, ejercicio y apoyo psicológico para lograr un buen control glucémico y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Lamentablemente el deterioro al sector salud también está mermando este tipo de programas, con eso y todo, es claro que la responsabilidad es compartida y que tenemos que reforzar la cultura de la prevención.
Así que, palomita para el licenciado y tache, con todo respeto, para los que gustan denostar por denostar.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
