El operativo para sacar-extraer a Nicolás Maduro y a su esposa del poder ha sido la noticia desde la madrugada del sábado 3 de enero. Sin duda, estamos ante un acontecimiento complejo que no se puede entender desde una posición simplista o meramente ideológica. Se trata de una acción que ha tenido amplios antecedentes desde meses atrás: despliegue militar, destrucción de embarcaciones, amenazas múltiples y, seguramente, acuerdos, negociaciones e intereses, que permanecerán en la oscuridad. Quiero exponer al menos cuatro ángulos del conflicto que he retomado de análisis especializados y testimonios informados.
1.— Las reglas y los valores. Desde cualquier punto de vista democrático resulta inadmisible una acción militar como la de estados Unidos en Venezuela, no sólo porque fractura el derecho internacional, sino porque nos regresa a tiempos que se pensaba —ingenuamente—, que ya habían pasado. La última de esas acciones militares violentas nos remonta a 1989-90 con Noriega en Panamá. Aquí se pueden agregar todas las reglas del manual antiimperialista, agravadas por la brutalidad del trumpismo que pone por delante sus intereses (operación policial en cumplimiento de la ley) acorazados de la fuerza bruta.
2.— La dictadura venezolana. En la misma proporción resulta inadmisible el régimen dictatorial que encabezaba Maduro. La destrucción de un país del que se calcula que han salido más de siete millones de personas huyendo por la represión, el hambre y la corrupción. Quizás, salvo las élites que se beneficiaron de ese modelo extractivo, muy pocos extrañarán al dictador que se robó de forma cínica las últimas elecciones presidenciales de julio de 2024.
3.— El trumpismo y la doctrina Monroe. Cuando Trump actualizó esa doctrina, las especulaciones sobre sus consecuencias no se hicieron esperar. El caso de Venezuela apareció entre los primeros objetivos. Esta suerte de neoimperialismo en un mundo globalizado, que se divide por zonas de influencia entre potencias, se suma a un cúmulo de problemáticas que los líderes déspotas como Trump, Putin, Netanyahu y sus muchos acólitos destruyen un futuro más civilizado. Niegan el cambio climático, destruyen las democracias, usan la fuerza y la guerra como política cotidiana. Ya no se trata de las agresiones disfrazadas de ideología, ahora se trata de imponer por la fuerza para ganar sus intereses.
4.— La transición en Venezuela. De la misma forma que muchas veces se pone primero el antiimperialismo, luego la soberanía y, al final, la ciudadanía víctima de las dictaduras, como dijo Rafael Gumucio, aquí primero es el petróleo, luego los pactos con las élites, más delante cierta gobernabilidad y, al final, quedará la reconstrucción.
Como lo señaló Juan Gabriel Vázquez en “El País”, “Trump persigue sobre todo el rompimiento de un orden, el orden internacional. El caos es lo suyo”.
Lo lógico es que pueda regresar el candidato que ganó las elecciones del año, pero eso no le garantiza a Trump sus intereses.
Sacaron a Maduro del poder, pero toda la operación de la dictadura sigue enquistada en las estructuras de un estado represor.
¿Cayó la dictadura de Maduro? Siempre será mejor derrotarlas desde dentro y no mediante una intervención extranjera. De acuerdo. ¿Era posible tirar a la dictadura con empuje interno?
Investigador
