“La vacunación funciona al enlistar a una mayoría en la protección de una minoría.— Eula Biss
Tanto en mi formación como en mis primeros años de ejercicio profesional fui testigo de varios casos de sarampión; enfermedad revisada y estudiada, tanto cuando llevé Microbiología, en específico Virología, o en Pediatría cuando se estudiaban las llamadas enfermedades exantemáticas de la niñez. Al menos recuerdo tres casos en los que pude identificar las famosas manchas de Koplik, unos puntitos blancos sobre una zona roja, localizados en la cara interna de la mejilla, como la piel de la fresas, y como una especie de brujo o adivino, informarle a la madre del pequeño que en tan solo dos días le aparecería una especie de salpullido en todo el cuerpo. Pero hay otros aspectos que recuerdo mucho: la presencia antes de fiebre elevada y persistente, ojos rojos con lagrimeo, una tos seca tremenda, de esas que a duras penas se controlaban con benzonatato. Al término de la enfermedad era común ver a un niño o adolescente delgado, ¡vaya que si bajaban de peso!; la razón: el sarampión es considerada una enfermedad catabólica aguda. Esto significa que durante la infección, el cuerpo consume proteínas y grasas a un ritmo mayor del que puede reponerlos para combatir el virus. Pero hay más, es una de las enfermedades más contagiosas. Se dice que en menos de seis horas de haber estado en contacto con un enfermo ya se tiene la infección; pero aun hay más, cada enfermo puede contagiar hasta 20 personas, así que saquemos pluma de lo que puede ocurrir en caso de una epidemia.
Dejamos prácticamente de ver la enfermad cuando se implantó la cartilla nacional de vacunación, un gran logro institucional; los niños se vacunaban: ¡porque se vacunaban!, tan fue así que en México la última gran epidemia ocurrió entre 1989 y 1990, con un saldo de aproximadamente 89,163 casos y cerca de 6,000 muertes, y tras la intensificación de las campañas de vacunación en 1990, la incidencia disminuyó drásticamente: de 846 casos en 1992 a solo 12 casos confirmados en 1995. De hecho, el último caso autóctono (originado dentro del territorio nacional) durante la década de los noventa fue precisamente en 1995. Los casos posteriores fueron catalogados principalmente como importados. A partir de 1996, México logró interrumpir la circulación del virus endémico, y los brotes detectados en años posteriores como los del 2019 o 2024 han sido resultado de casos introducidos de otros países.
Vino la pandemia y una abrupta caída de las inmunizaciones; el gobierno la justificó por la contingencia, pero en realidad se debió a un negligente desabasto. No me lo contaron, personas que iban por la cartilla de vacunación para sus hijos, eran recibidos con un “aquí está, pero para lo que sirve…, no hay vacunas”. Pero fue generalizado, no solo el sarampión, mejor era ni cortarse: no había antitetánica. También se ha comentado que, por otras razones, el problema no es exclusivo de México. Es difícil asegurarlo, pero por ejemplo, la reaparición de casos de sarampión en países desarrollados como los Estados Unidos, Italia, Reino Unido e Irlanda en los años 2000, fue favorecido por la negación a aplicárselas, promovido por estos llamados grupos antivacunas. Incluso la argumentación de la relación de la vacuna con el autismo carece de sustento científico. Así, el sarampión volvió a aparecer en el 2019 en Estados Unidos.
Actualmente en México el brote de sarampión ya rebasó en números redondos los 7 mil casos confirmados; el registro también ha contabilizado 24 defunciones, 21 de éstas en Chihuahua y una en Jalisco. El gobierno actual hasta ahora ha aplicado más de 11.8 millones de vacunas en 2025 y lo que se lleva en 2026, lo cual en palabras del secretario de salud, David Kershenobich es “un número importante dentro de los tres períodos recientes de vacunación para alcanzar a la población que no había recibido la vacuna”. En los “Martes de la Salud” en la más reciente mañanera, enfatizó que la vacuna está disponible para la población en general, y esto es porque existe un considerable grupo vulnerable que incluye a personas hasta de 30 años; sin embargo, se le está dando prioridad a niñas y niños de entre 12 meses y 18 meses; población rezagada que no haya recibido la vacuna con anterioridad, desde los dos hasta los nueve años. Se aplicará a todo el personal de salud y educativo. También a los jornaleros agrícolas, sector de la población que está relacionado de forma significativa al brote, debido a que viajan constantemente por el país, tal como el funcionario recalcó: “Muy importante que ha tenido que ver con el brote: los jornaleros agrícolas que se mueven en distintas partes del país”. Pero hay algo para mi muy relevante, se tomó la decisión de aplicar una dosis cero a bebés de entre seis y once meses de edad, debido al brote a nivel nacional. ¿A qué se refiere esto?: Es muy simple, la vacuna se administra al año, considerando que a través del calostro, los bebés recibían inmunidad; pero, es evidente que las madres jóvenes no vacunadas están en este grupo de riesgo.
Pero las buenas noticias no se quedaron ahí. El secretario destacó que las vacunas están disponibles en todas las clínicas del IMSS, IMSS-Bienestar e Issste, y en las unidades de salud pública. Además puso a disposición el número 079, donde puede averiguarse cuál es la unidad médica más cercana para vacunarse, y además no es necesario ser derechohabiente para recibir la dosis.
Como vemos, un informe completo con el suficiente sustento científico, pero sobre todo y hay que decirlo, en voz de un secretario de salud con una actitud y un discurso lleno de empatía, nada que ver con la postura sumisa y carente tan siquiera de personalidad, como fue la de su antecesor el Dr. Jorge Alcocer Varela, y ni que decir del nefasto Hugo López Gatel que se da la buena vida en Suiza.
Ahora solo falta el complemento: que la población entienda el riesgo real, que el sarampión es tal vez la enfermedad viral más contagiosa, que no es exclusiva en niños, que es más grave en adultos y con complicaciones que van de la neumonía a la meningitis y es potencialmente mortal. Hace apenas unas semanas, el mismo secretario promovió la intensa campaña contra la Influenza, el Covid y la neumonía por neumococo; lo mejor sin aspavientos, sin presunciones, con los pies firmes, sin andar con mentiras y utopías sanitarias, de ya saben quién. Ojalá en el tema del abasto de medicamentos cese el fuego amigo, puesto que ha sido evidente que gente afín al partido en el poder está poniendo traspiés a la presidenta en este tema. Palomita para el gobierno actual: un afortunado golpe de timón, un acertado giro de 180 grados.— Mérida, Yucatán
Médico y escritor
